Blogomaquia

La caída al vacío del Partido Socialista

El batacazo enorme que sufrió el PSOE tras celebrarse a finales de 2011  las elecciones generales no obedeció tan solo al ascenso imparable de las derechas constitucionalistas y anticonstitucionalistas, igual que la falta de empuje de las izquierdas constitucionalistas y anticonstitucionalistas no explica en todo su espectro la razón de los malos resultados electorales alcanzados por el PSOE en los recientes comicios autonómicos de Galicia y País Vasco.

La situación posee mayor enjundia de lo que en principio parece. Y es que, más allá de cualquier esfuerzo por aminorar el peso de la catástrofe, es un dato incontrovertible que el PSOE está hecho trizas por dentro, sobre todo a partir de la pésima gestión de la crisis económica llevada a cabo por Rodríguez Zapatero, figura causante, además, del tsunami pro nacionalista que ha conducido a día de hoy al PSOE a los extrarradios testimoniales de la política.

El ocaso del socialismo en España

En un momento dado, Jean-François Lyotard manifestó su desencanto personal ante la deriva de las ideologías contemporáneas. La experiencia de crisis le hizo concebir a este filósofo francés la idea de que estábamos ante la caída de los grandes relatos que, como el marxismo, habían servido de faro a decenas de generaciones humanas. De ahí nació La condición posmoderna (1979), libro en donde Lyotard registraba la pérdida de validez del pensamiento intelectual y defendía que  la postmodernidad, ese estado en que se encuentra el saber en las sociedades desarrolladas, debe desentenderse de la verdad y de su aspiración a la verdad. La respuesta de este viejo marxista resulta, incluso hoy, tan paradójica como desvergonzada ya que Lyotard aprobó de forma oscura la estrategia del “sálvese quien pueda” y del “todo vale ideológicamente”.

¿Pero en política todo vale? La organización del PSOE, y ya desde tiempos de Felipe González, se caracterizó por apoyar en las cámaras del Congreso y del Senado muchas de las peticiones de los nacionalistas. El objetivo no era otro que neutralizar y arrinconar al CDS, a AP, al PP… y de paso,  a través de pactos con coaliciones nacionalistas, lograr cómodos réditos políticos. Directa e indirectamente entonces, y con la ayuda de los gobiernos socialistas –también con los del PP-, los micronacionalismos han logrado en las últimas décadas mayor y mayor visibilidad hasta convertirse de manera exponencial en principio rector de ese gigantesco y complejo poliedro administrativo que son las Autonomías en España.

Ni qué decir tiene que la táctica extremista de gestionar los destinos de lo público gracias a la llamada e intermediación de grupos “anti” (antiEstado, antiNación…) le ha pasado, sin ninguna duda, factura al PSOE. Ahora bien, ¿cómo explicar que esta formación política se haya dejado fragmentar, descomponer, desintegrar… por la geometría excéntrica de los nacionalismos? De nuevo hay que retrotraerse al año 1979. De hecho, fue en el XXVIII Congreso del PSOE donde se dejó implícitamente abierta la puerta al nacionalismo, y al aldeanismo rampante también, después de ser desechada la doctrina “internacionalista” marxista.

¿Qué supuso esto? Favoreció la cohabitación del puño, la rosa y la vuelta nostálgica al nacionalismo. Y al prohibirse a sí mismos la posibilidad de intervenir en proyectos nacionales o transautonómicos, los líderes socialistas  se fueron acostumbrando a trabajar en programas “miopes” y “cortoplacistas”, perdiendo sin remisión sus señas de identidad hasta caérsele, cual palos del sombrajo, cada una de las letras de sus siglas.

A esto se añade lo que apunta una antigua integrante del PSOE. En su artículo La Tercera España Rosa Díez  describió cómo “el Partido Socialista renunció a ser un partido que vertebrara España, a defender un mismo proyecto para todo el país. Y,  […] perdida su condición de partido de Estado, puso en marcha una serie de alianzas con los nacionalistas para garantizarse sus apoyos tanto en el Gobierno de España como en todos los ayuntamientos y/o comunidades autónomas; el espíritu del Pacto del Tinell se extendió a toda España y a todas sus instituciones”.

El futuro del PSOE

La situación es harto difícil y muy complicada para el Sr. Pérez Rubalcaba, quien, por cierto, va camino de asistir a muchas mayorías absolutas en España y en las autonomías, con un PSOE en declive y sin apenas representación política, caso de no remediarlo, porque ¿para qué votar a un grupo político que ha ido aligerando su equipaje de solidaridad y justicia e invalidando, a su vez, los rasgos de su propia idiosincrasia para convertirse en un sosias, en un clon, en una mala imitación de las coaliciones nacionalistas?

En este divorcio o, quizá, en esta traición de los cabecillas del PSOE hacia sus votantes y ex votantes, el  alejamiento de la ideología igualitaria que, en teoría, movía y definía al Partido Socialista Obrero Español ha metamorfoseado a sus dirigentes nacionales y regionales que, sin crítica ni autocrítica, han aceptado la entropía, la dispersión y abandono de sus ideales originarios hasta dejar en la cuneta la idea de Bien General y, por mantenerse en el poder, olvidar el carácter universal de la ley.

El futuro del PSOE radica entre otras cosas, pues, en mantener o rechazar esa concepción “asimétrica” de un movimiento socialista que, con aspiraciones muy diferentes, nacía en 1879.


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