Blogomaquia

Sindicatos, esos rebeldes postmodernos

Justo unas semanas antes de la huelga general prevista para el 29 de septiembre de 2010, la prensa aireaba las  vacaciones del secretario general de CCOO, Ignacio Fernández Toxo, por el mar Báltico a bordo de un crucero de lujo. Meses después, se destapaba,  casi en la misma línea, que el secretario general de UGT-Madrid, José Ricardo de Martínez, estaba percibiendo un sueldo de 180.000 euros en calidad de asesor de Bankia, noticia que volvió a sorprender a propios y ajenos aunque, en honor a la verdad, este gusto por lo caro que exhiben nuestros prebostes sindicalistas desciende ni más menos que de los padres de la lucha social. En concreto, de Marx y Engels, los cuales habían detallado el sinnúmero de placeres que causa llevar una vida regalada tras revelar en La Ideología alemana (1845-1846) que en la sociedad ideal es “cabalmente posible que yo pueda dedicarme hoy a esto, mañana a aquello, que pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar el ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin necesidad de ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crítico según los casos”.

Sindicalistas “postmodernos”

Por desconocer el nivel de sindicalismo de los gestores de algunas asociaciones laborales, no nos queda más remedio que indagar en lo que a sus cabecillas les deleita. En el caso del secretario general de UGT, Cándido Méndez, sabemos que sobresale en el trabajo de saborear, como si fuese la reencarnación misma de Friedrich Engels, los platos de la buena cocina de restaurantes de postín y muchos tenedores, comportamiento que levanta polvaredas pero, digo yo, no es para tanto, pues por el año 1880 ya Paul Lafargue, a la sazón cuñado de Karl Marx, elaboraba El Derecho a la pereza, un catálogo de propuestas donde el autor destaca la necesidad de que el proletariado “retorne a sus instintos naturales, proclame los Derechos de la Pereza, mil veces más nobles y más sagrados que los tísicos Derechos del Hombre [... y] se limite a trabajar tres horas al día, a holgazanear y estar de francachela el resto de la jornada y de la noche”.

Y ya que estamos hablando de comer y beber, hay que decirlo. En el tramo final de la manifestación del 19 de febrero de 2012, ¡cuánta épica sindicalista, cuánto glamour!, el líder de Comisiones Obreras de Madrid lanzaba la siguiente consigna homérica: Y ahora a tomar cervezas, a vivir y a prepararnos para las movilizaciones del día 29”.

Esta y otra clase de conductas que enoja de manera considerable a los verdaderos sindicalistas no debe hacernos olvidar que la búsqueda de la justicia nunca es una banalidad en la vida de los trabajadores. El problema, entonces, gira en torno a los dirigentes actuales del sindicalismo que por sus comportamientos “chic” y “postmodernos” parecen ser miembros de ese grupo musical neoyorkino llamado Beastie Boys  que se hizo rebeldemente famoso con su “lucha por tu derecho a la juerga” (Fight for your right to party). Idea esta que no es un contradiós, habida cuenta de que la voz “juerga” procede de la palabra “huelga” que a su vez deriva del término “holgar”, que significa estar ocioso, no trabajar, divertirse.

Entretanto, los antagonismos entre miseria y riqueza se disparan

Durante más de 150 años, en Occidente se han ido reduciendo poco a poco las diferencias sociales. Lo que no impide constatar que la pésima gestión de esta durísima crisis económica esté auspiciando nuevas y atroces formas de exclusión. La prueba de lo que decimos radica en una evidencia: durante más de un lustro el derecho al trabajo lleva siendo frontalmente carcomido por los umbrales de penuria e indigencia que padecen los millones de parados de un país, España, en el que hay casas sin familias, familias sin casa y... un sinfín de ex trabajadores que deambulan en el espacio asfixiante de la miseria, cuando no, dentro de la canallesca que generan unas pésimas condiciones laborales.

Así las cosas y con una afiliación apenas superior al 5% de la población activa, ¿podrán los sindicatos CCOO y UGT despertarse de esa paz de Cupido en la que han estado dormitando con la andorga llena de dinero y a la sombra ininterrumpida de los últimos casi ocho años? ¿Serán en la próxima convocaría de huelga general el muro de la razón ante las injusticias, el grito que reclame sueldos justos con jornadas laborales justas? Y, por soñar, ¿es posible que los sindicatos abandonen su status de privilegio y se conviertan por fin en organizaciones civiles al servicio de las mujeres y hombres más vulnerables y débiles de nuestra sociedad?


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