Blogomaquia

Nociva, nociva corrupción

“¡Séneca, oh, Séneca!, tú fuiste el gran mentor de Nerón y víctima, mal pagada, de su opresión. Pese a tus virtudes, incontables, acabaste mártir y, maldito hado, cayendo en brazos de un tirano caprichoso”. Bla, bla, bla, baja el telón, y… estruendo de aplausos. La verdad, dejando a un lado las ñoñerías que predica la mayoría de mis colegas filósofos, Séneca estuvo implicado en el robo de 80 millones de sestercios. Además, este cordobés se valió del oficio innoble de la usura hasta atesorar 350 millones de sestercios en su patrimonio personal, todo un fortunón para alguien que insistía en el sin valor de las riquezas. Y era uno de los hombres más ricos e influyentes de todo el Imperio Romano. 

Este estoico, desde luego, no es el único intelectual corrompido por el poder. Hay muchos otros, p. e., Francis Bacon. A este pensador inglés se le acusó de obtener ganancias ilícitas a partir del tráfico de sentencias. Bacon admitiría sin rechistar el pliego de cargos escrito en su contra. Y él, que era Juez y Canciller, afirmaría: “confieso con total claridad que soy culpable de corrupción y renuncio a defenderme”. Encarcelado por unos días en la Torre de Londres, se le obligó a sufragar 40.000 libras de multa que, ojo, nunca pagó o… nunca se exigió que pagara. En cualquier caso, a diferencia del “moralista” Séneca, viviría hasta su muerte, acaecida en 1626, con las espaldas bien cubiertas por el capital, enorme, que había acumulado gracias a las maniobras urdidas desde su puesto público. 

La llegada, en el XVIII, de los movimientos revolucionarios no disminuiría el número de delitos, dado que la corrupción prosiguió, feliz, su marcha triunfal, tanto o más cuanto que “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Recordemos al revolucionario Collot d’Herbois, autor del robo de la caja de su compañía, y al propioDanton que no pudo, qué cosas, dar a los girondinos cuenta de la gestión de 200.000 libras

Los sindicatos

Los sindicatos son organizaciones, en su origen proletarias, que surgieron para proteger a las capas de la población socialmente más desfavorecidas. Y asimismo con el cometido de contrarrestar la fuerza monopolista de todopoderosos grupos empresariales. Sin embargo, y rozando casi el siglo XX, W. Liebknechtadvertía desviaciones peligrosas en los sindicatos. Este político y socialistaalemánobservaba el modo en que núcleos pequeños de obreros, tras abandonar su trabajo para intervenir en labores de gestión, habían cambiado de status y mejorado de manera ostensible, frente al resto de sus camaradas, su nivel de vida, razón por la que hablaba Wilhelm Liebknecht de “aristócratas entre los obreros”.

Yendo más allá de estas críticas incipientes,el sociólogo Robert Michels prestaría atención a cómo “cuanto más se esfuerza el sindicalismo por desplazar el eje de la política de la clase trabajadora hacia la acción sindical, tanto mayor es el peligro de degenerar en una oligarquía”. Y añadía este antiguo simpatizante del socialismo y amigo de Max Weber: “aun en los grupos sindicalistas revolucionarios, los líderes tienen oportunidades frecuentes de engañar a la masa. […Ergo,] el líder normal de la clase trabajadora no tiene una calidad moral en general más alta que los líderes comunes de los otros partidos”.1

Y no iba descaminado Michels. Stefano Caporusso, el único delegado italiano presente en el famoso Congreso de Basilea (1869), sastre de profesión, autodefinido “obrero modélico”, Stefano Caporusso, repito, organizador del movimiento operario napolitano, cayó en la tentación dedesfalcar a la coalición obrera que él presidía. Y no sería el único. Solo unos días después de iniciarse la Primera Guerra Mundial, el 3 de agosto de 1914 Ebert, junto al tesorero Braun, se llevaba a Suiza los fondos del partido socialista alemán.

La corrupción siempre es perniciosa

Jamás suelo arrinconar la sentencia de Maquiavelo sobre la “insaciabilidad” de los deseos humanos, y más cuando el florentino supo retratarlos en sus Discursos (1631) desde la humana debilidad. Tampoco olvido, por supuesto, el hecho de que la corrupción “como problema” no estuvo presente, desde Rousseau, Saint-Simon, Fourier, Comte o  Karl Marx, en ninguna de las teorías utópicas contemporáneas, asunto que llama la atención incluso a día de hoy. Sin embargo, nadie puede negar que la corrupción constituye un asunto muy grave, pues allí donde aparecen arbitrariedades surgen abusos y malas prácticas, como ya expuse en Los sindicatos, esos rebeldes postmodernos

No voy a incidir, a partir de la malhadada decisión del otrora Presidente del Gobierno Felipe González, en el enriquecimiento súbito de CC.OO. y U.G.T. tras apropiarse indebidamente del patrimonio histórico de la antigua C.N.T. Tampoco subrayaré cómo las telas de araña de las burocracias sindicales tienden a proteger a sus élites que se alzan sobre sus electores como si fuesen éstos subordinados. Pero sí hablaré del sindicato de la U.G.T. cuya honda podredumbre en tierras andaluzas, creando incluso facturas falsas con las “chuches” de la cabalgata de Reyes, vuelve a trasladarnos sin quererlo a la puerta de las corruptelas de la cooperativa PSV (Promoción Social de Viviendas) con, todo un récord, 20.000 familias afectadas.

Que los sindicatos gocen de la misma impunidad que los partidos políticos; que su gestión económica sea tan opaca como la del resto de las organizaciones relacionadas con el poder público; que los sindicatos se coloquen allende la legalidad sin sufrir consecuencia alguna; todo ello da cuenta en este país, de la falta generalizada de cultura democrática o, lo que es igual, de la ausencia peligrosísima de legalidad en que se mueven esos “intocables” que integran los cuadros de mando.

Y esto nos conduce a una evidencia: a la percepción de que la corrupción no solo debilita la confianza de los ciudadanos, sino que pervierte la razón de ser, comunitaria, de las instituciones. Tanto es así que del informe de la UE, dirigido por Cecilia Malmstrom, se desprende que tres de cada cuatro europeos estiman que viven dentro de un entorno de corrupción. Y en esta atmósfera de desencanto y realismo, de crisis moral,España ocupa el cuarto país de la UE con casi un 100%, 95% para ser exactos, que opina que la corrupción está presente en todas las áreas políticas, incluida la sindical. 

¡Justicia, solo Justicia!

Reinhardt Zintllleva tiempo insistiendo en que hay individuos que, desde la complicidad –¡¡¡complicidad es la cualidad penal de cómplice!!!-, trabajan en grupos reducidos o “camarillas” que crean redes de corrupción que les beneficia, les otorga más poder y protege.Lo cual en una democracia, concluyo, es algo a todas luces inaceptable, porque si en un sistema democrático resulta primordial el funcionamiento autónomo e independiente de los órganos de la Justicia, sin Justicia la democracia siempre degenera en un régimen despótico en el que acampan esas oligarquías que se alimentan del sistema, a costa de una cada vez más castigada y empobrecida ciudadanía.

1 Robert Michels (1911), Los partidos políticos, Amorrortu Editores, Buenos Aires-Madrid, 2008, vol. II, p. 140 (Vª parte, cap. III), p. 11 (IIIª parte, cap. I).


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