Blogomaquia

Movimientos extremistas en Europa

No hay posibilidad de conversar. Un par de amigos emiten sonidos superponiendo sus voces. Hablan al mismo tiempo, sin escucharse. Y todo por el ascenso, en Grecia, de un grupo extremista de filiación neonazi denominado Aurora Dorada. Pero, digo yo, ¿cómo se nos puede caer ahora, y no ayer, los palos del sombrajo? ¿No existe infinidad de movimientos radicales tanto de izquierdas como de derechas a lo ancho y largo de Europa? ¿No vivimos acaso y desde hace bastantes años, por cierto, bajo las leyes de un romanticismo reaccionario que, como apunta en Hombres solos (2004) el escritor Horacio Vázquez-Rial, "es el constructo ideológico de la irrealizable venganza de los que se consideran oprimidos y tratan el pasado como si fuese presente"? Y no solo eso. ¿Cómo es posible que en este segundo milenio prosperen aún organizaciones antidemocráticas en el seno de regímenes democráticos? El politólogo Giovanni Sartori explica en su libro Aspectos de la democracia (1965) que en las sociedades abiertas hay "grandes grietas a través de las cuales el poder despótico y desenfrenado puede volver a infiltrarse".

El tamtan de la tribu

La crisis económica no constituye el factor que monocausalmente da sentido a los excesos que derivan del hambre nacionalista. También está ahí la crisis existencial, el cambio de valores, el relativismo, la desconfianza sin precedentes que provoca la clase política…, variables estas que, sumadas al ahogo  y a la pobreza actuales, polarizan la vida política y llaman a la puerta de esas religiones laicas llamadas nacionalismos, puertas que deberían estar selladas o, por lo menos, ya superadas, pues, como  sabemos, electrizan a sus adeptos con (re) sentimientos al tiempo que estimulan el entreguismo e incitan a abandonar la tarea de pensar para abrazar eso que George Orwell denominó "el tamtan de la tribu".

Dicho esto, echando un vistazo a algunos países del continente europeo, en los últimos 30 años se observan grupos que no solo procuran la disolución de la “Nación”, tal y como la conocemos desde el estallido de la Revolución francesa (1789). Sino que animan a  instaurar  microsociedades, cerradas por exclusivistas, en las que el poder gira en torno a unas filarquías o selectos clanes tribales que aspiran a alumbrar un nuevo firmamento, basado jurídica y políticamente en la antropología de la desigualdad, en la cosmología de relatar lo que nunca es y, claro está,  en los preceptos de la demo-geografía por mor de levantar fronteras y líneas divisorias.

¿Y España?

De la levadura nacionalista siempre se alimentan partidos sectarios de naturaleza extremista. De hecho, en Rusia prospera, aunque sea en la ilegalidad, el Partido Nacional Bolchevique, en Holanda lo hace el Partido de la Libertad o PVV, en Bélgica el partido flamenco Vlaams Belang, así como el partido valón del Frente Nacional. En Francia  cada día gana  seguidores la coalición del Frente Nacional, en Austria el Partido de la Libertad o FPÖ, mientras que en Italia está La Liga Norte, etc.  Nosotros también estamos aquejados de fuertes derivas nacionalistas y resulta incontestable que en todas las fuerzas políticas  aquí citadas subsiste una misma obsesión por la búsqueda de la identidad colectiva, búsqueda que xenófobamente conduce al victimismo y a la enemistad, cuando no, a la secesión

Y es que los movimientos extremistas  aquende o  allende, además de ser un signo muy peligroso de  narcisismo,  generan antidemocracias a la vez que nos conducen a una  fabulación de la realidad, de forma y manera que -lo subrayaba el escritor romántico Friedrich Hölderlin en su conocida novela Hyperion (c. 1794-1799)-  “siempre que el ser humano ha pretendido hacerse un paraíso en el Estado, lo ha convertido en un infierno”.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba