Blogomaquia

Lynn Margulis o la evolución después de Darwin

Desde que el día 22 de noviembre de 2011 falleciera a la edad de 73 años, poco, apenas nada se ha dicho en este lado del Océano acerca de la genial y eminente científica norteamericana Lynn Margulis que con solo 14 años ingresaba en la Universidad de Chicago y que, con los años, se licenciaría en Zoología y Genética; se doctoraría en Genética, trabajaría como catedrática de Biología en la Universidad de Boston y llegaría a ser codirectora del Departamento de Biología Planetaria de la Nasa. Su pérdida es, a todas luces, enorme y por dos motivos. En primer lugar, Lynn fue siempre una rara avis, acostumbrada a “pensar fuera de la caja”, como dicen los ingleses. Su mente, imaginativa y libre, le permitió remover, por muy científicas que fuesen, las raíces de esas terminologías conceptuales que envuelven y, a veces, atenazan a las teorías biológicas. Y en segundo lugar, y esto no es menos importante, L. Margulis siempre tuvo la honradez intelectual de recordar (y no enterrar) el mérito de quienes investigaron, antes que ella, en los mismos campos. Así, el término “simbiogénesis” lo desempolva a partir de los trabajos del botánico ruso Konstantin Sergeevich Merezhkovsky.

Tenía buen conocimiento de Méjico, hablaba español –Lynn recordaba con gran cariño a su profesora de español del instituto: la Sra. Kniazza- e incluso trabajó en el estudio de los habitantes microbianos del Delta del Ebro. En España fue nombrada doctora Honoris Causa por las Universidades de Valencia y de Vigo. Y también por la Universidad Autónoma de Madrid y Barcelona. Su currículum, casi infinito, está relacionado con sus propios descubrimientos. Y es que Lynn ofreció una visión novedosa, amén de revolucionaria, de los mecanismos evolutivos y, como ella misma señaló: “los biólogos no dudan de que la evolución ocurre. [...] Pero los biólogos aún debaten acerca de los detalles de cómo sucede. La teoría de la evolución, al igual que cualquier otra teoría, está siendo continuamente revisada y afinada”.

El origen de la herencia genética

Margulis rechazó que los genes fuesen per se los causantes únicos de las variaciones biológicas. En lugar de hablar de “genes”, esta científica prefiere rescatar el papel cooperativo de los microorganismos que, incluso siendo de distintas especies, pueden relacionarse en un momento dado y de esa asociación beneficiosa o simbiótica llegar a fundirse genéticamente en un único organismo. De ahí procede, entonces, el término de “simbiogénesis”.

En contra de la idea nociva de las bacterias, extendida en el ámbito cotidiano, Margulis haría hincapié en el valor de seres microscópicos como agente y principio motor de la evolución y más cuando el mecanismo que causa las variaciones genéticas y da pie a otras especies depende, a su juicio, de la influencia activa, interactiva y, en suma, asociativa de los microorganismos. Así que, frente al concepto de Darwin de “lucha por la vida”, Margulis analiza el carácter cooperativo de formas diminutas de vida. De este modo, la simbiogénesis explicaría el proceso de complejificación de la vida o por qué se producen niveles orgánicos evolutivamente más complejos.

Pero además, y por adentrarse en los eslabones primeros de la vida, esta microbióloga dejó a un lado las clasificaciones de Haeckel y de Whittaker, proponiendo, junto a Marlene Schwartz, una taxonomía capaz de ordenar la vida en cinco reinos, taxonomía que es comúnmente aceptada en la actualidad, amén de estudiada en todos los centros de enseñanza.


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