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Libros para el verano, claro que sí

Hay gente que juzga que el ocio es eso, ocio, y que en horas de descanso no ha lugar para (re) posar los ojos sobre la superficie rectilínea de un papel o de una pantalla. Yo, sin embargo, defiendo el placer de leer durante el período estival cuando la siesta y, peor, los muchos calores no desaniman al que está arrebujado con una buena sombra. Y es que en los meses de canícula y estío hay tiempo todavía para degustar obras aplazadas. Incluso para saborear aquellos libros recién descubiertos que despiertan el gusanillo de la aventura.

Librerías de segunda mano

Tras renunciar a que la rutina controle el azar podemos dejarnos llevar. Y, sin importar adónde se encaminen nuestros pies, descubrir librerías de segunda mano en donde el menú suele ser variopinto y, en ocasiones, digno del mejor de los festines. Recientemente, y al buen tuntún,  alcancé a ver textos que relataban historias medievales, pertenecientes a la exquisita editorial Siruela. También descubrí libros de cuentos de minorías étnicas, publicados por la imaginativa Miraguano. Y hasta tuve delante de mí la colección Narrativas de la primorosa editorial El olivo azul… y libros de bolsillo de la no menos seductora editorial Clásicas.

Aparte de polvo y a veces mucho desorden, en estas librerías te topas con escritos magníficos esperando a que alguien los abra, es decir, con ejemplares de la fastuosa, por infinita, editorial Austral, con libros bellísimos, ya descatalogados, de la extinta Editora Nacional, con ensayos de altura y vértigo de cuando era independiente Espasa-Calpe, con libros “inútiles” de la editorial La Uña Rota, textos de política de la editorial El buey mudo, cuando no,  títulos de literatura de la siempre interesante Editorial de la Torre, novelas atrevidas, por rompedoras, de la Biblioteca Breve de la casa Seix Barral, y textos de divulgación de aquellas fascinantes “Bibliotecas Científicas” tanto de Salvat como del sello editorial Muy Interesante, entre otras.

A priori es imposible saber con qué nos vamos a tropezar y más cuando, hasta hace muy poquito tiempo, España ocupaba el quinto puesto en la escala mundial como país productor de libros. En cualquier caso, y sin desperdiciar el momento, cada vez que me topo con una de esas librerías, siempre hallo verdaderas joyas bibliográficas.

Libros para el verano, claro que sí

Para adultos recomiendo El juicio de Sócrates (ed. Mondadori) y En casa (ed. RBA). Para no adultos aconsejo el libro titulado Francisco Villaespesa para niños y jóvenes (ed. De la Torre).

El juicio de Sócrates fue el borado por Isidor Feinstein Stone, después de sufrir una angina de pecho. Por cuestiones de salud se vio obligado a abandonar el oficio de periodismo. Y fue entonces cuando Stone, inactivo y convaleciente, aprendió griego antiguo y, de resultas, se puso a investigar el proceso judicial incoado al filósofo Sócrates (470-399 a. C.). Con mucho oficio, honradez intelectual y elegancia en la escritura, el viejo periodista desgrana los flecos ocultos del porqué de la pena capital dictada contra Sócrates y, en el ínterin, descubre que éste simpatizaba con amigos y aristócratas que sobresalían por su animadversión a las instituciones de la democracia ateniense.

En casaes una incursión por el mundo de lo cotidiano. A Bill Bryson la curiosidad le movió a realizar un viaje por su propio domicilio, una vieja rectoría de Nordfolk. Y al ir de habitación en habitación fue observando todo tipo de objetos que, por frecuentes, familiares y muy habituales, poseían no obstante un largo recorrido científico y tecnológico a sus espaldas. Así que, haciendo arqueología de lo concreto, Bryson demostró que la mayor parte de las cosas presentes en nuestros domicilios se alimentaban y alimentan de una historia, de la Historia de la Civilización, que es al fin y a la postre la que ha permitido que vivamos como lo hacemos.

Y finalmente Francisco Villaespesa para niños y jóvenes es un texto destinado a los más pequeños cuya edición corre a cargo de Antonio A. Gómez, mientras que las ilustraciones vienen de la mano de Raquel Tejero. Solo una cosa más: Francisco Villaespesa Martín (1978-1936) nació en Almería. Siguió la estética del Modernismo y fue un excelente escritor, poeta y dramaturgo. Y su escritura, no lo olvidemos, es contemporánea de la de Juan Ramón Jiménez, con quien coincidió en galanura, versatilidad… y ríos de imaginación.


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