Blogomaquia

Independence Day (I)

La crítica con que se adorna la mayoría de los políticos catalanes lleva tiempo adoptando caracteres grotescos. Y es que los razonamientos en que se escudan no son ni “críticos” ni “radicales”, además de que, y no es rechifla, dicha élite –integrada por conservadores “aprendices de izquierda” y rojos “inmoderados de derechas”- no hace más que teñir su discurso de gimoteos y lágrimas sin querer, por eso del seny será, levantar alfombras y senyeras, y hacer limpieza en el portal de casa.  Debe ser, imagino, que la moda “contemporánea” de perseguir al que en política delinque les resulta una barbaridad a estos aguerridos del destino que, sin dudarlo, prefieren dar alas a la impunidad antes que defender los principios democráticos que establecen la independencia de la justicia frente a desmanes y abusos de los poderosos.

Sus críticas, lo repito, no van a la raíz de los males, que eso es lo que significa “radical”. Muy al contrario, dolida de ideología, esa mayoría de políticos crispa y lo confunde todo para beneficio propio. Y si los nacionalistas, por mediación de la retaguardia del PSC y Esquerra Republicana, engañan con palabras, sucede que gracias a la prosa inagotable del odio logran crispar y confundir aun más, pues las pasiones del resentimiento dan mucho juego y, lo mejor de todo, con los extravagancias pirómanas del victimismo consiguen rebajar la inteligencia hasta niveles bovinos de intransigencia y rencor. 

No elegimos el lugar donde nacemos. Por tanto, convertir un estúpido capricho geográfico en motivo de orgullo y superioridad supone retornar a los principios de linaje y nobleza de siglos poco amables; implica restaurar la tristeza de no reconocer en los demás la humanidad que compartimos. Sin embargo, no son pocos los políticos catalanes (y no catalanes) que, divorciados de la realidad concreta, se afanan por encontrar las leyes eternas de la sociedad; no son pocos los que se aferran a querencias que, ya había explicado Marx, hacen que toda nueva clase que toma el lugar de otra dominante esté “obligada, simplemente por cumplir sus objetivos, a presentar su interés como el interés común de todos los miembros de la sociedad, esto es, […] a presentarlos como los únicos racionales, válidos universalmente”.1

Pero, claro, ¿entoncestodo cambia sin que cambie nada porque "cuanto más cambie, es más de lo mismo”?2Eso es posible según el parecer del periodista parisino Karr, ya que en Cataluña, de la mano de una escenografía wagneriana, los Mas-ías se sienten mesías de una verdad inmutable. Y, amarrados a un luteranismo moral, andan convencidos de que ellos no pueden hacer nada malo, mientras los demás, los no nacionalistas, sí acometen nada bueno. No importa que caigan en la inmodestia, en los errores del zafio maniqueísmo, en la arrogancia de la prepotencia. La petulancia, la vanidad les exime de reconocerse en el espejo ante sus defectos. 

¿Que quienes se querellan contra los vientos de la modernidad no se perciben pieza estructural de los problemas que asfixian a las autonomías?, ¿qué no se ven causa directa de los problemas de España? Por supuesto, dado que hoy marchamos, diría Cervantes, bajo la brújula hampesca de los Roque Guinard que fiscalizan las vías de acceso de Barcelona, y de los Monipodio que controlan los hilos de la justicia de Sevilla o allí donde sea menester. 

Novatos “revolucionarios”

No le dé más vueltas,estos principiantes “revolucionarios” no predican acabar con las costumbres palaciegas que parasitan los recursos de la ciudadanía. No crea en absoluto que buscan democratizar la democracia, impulsar el desarrollo de la libertad y de los derechos individuales. Estos novatos “revolucionarios” nodesean INDEPENDIZARSE de la comodidad de paladear prerrogativas ventajosas ni separarse de la prosperidad de disfrutar de chóferes y dietas, viajes y cargos ad hoc, salarios astronómicos y negocios al 3%, patrimonios inexplicables, etc. Deshonestos con la Historia, esta clase de políticos es muy realista con su bolsillo. Y, tras el sedal de ese progresismo tan progresista suyo, loha destacado Juan Marsé, en Cataluña hay una “horrible confusión de sexos y banderas, de barretinas y talonarios, de Morenetas y pesetas, de sentiments i cèntimes”.

Vivimos tiempos revueltos amarrados a una espiral reaccionaria. E igual que en las grandes empresas las cúpulas directivas han optado antidemocráticamente por aplastar a los accionistas con el fin de dejar despejado el camino a sus desmedidos privilegios dinerarios, de la misma forma y en paralelo una clase política, de derechas e izquierdas, está escondiendo tras el ideal de “Pueblo” una cultura endogámica “corporativa”. Es más, para continuar bajo el machito del “Poder”, dicha clase política está manejando la ubre del Estado a su antojo, sin límites ni frenos a sus abusos. 

Así que, por muchas historias quevedescas que nos cuenten, la rebelión de Barcelona no es por el fuero, es por el güevo. Y, ante tantos estómagos que buscan nidos de los que alimentarse, no puedo remediarlo pero me viene a las mentes unas palabras de RamónPérez de Ayala: “cuando la estafa es enorme toma un nombre decente". Y esa estafa en España se llama “nacionalismo”. Y a pesar de que se empeñen en cubrirla con palabras-bandera, con acontecimientos-fetiche o con cultos paganos a las piedras de Montserrat, el invento nacionalista de las autonomías (que detiene la vida de millones de ciudadanos) es el arma que invisibiliza la ineficiencia de esa clase política que, para más inri, lejos de solucionar problemas, los crea a toneladas, de modo que de los alzamientos militares gestados en los cuarteles durante el siglo XX hemos pasado a los levantamientos civiles guisados en las fortalezas autonómicas.

1 Marx-Engels, Werke, Dietz Verlag, Berlin, 1961, vol. III, p. 47.

2Jean-Baptiste Alphonse Karr, Les Guêpes, Paris, Juillet 1848, p. 278.


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