Blogomaquia

Heidegger, ¿de apellido Heil-degger?

En un día como hoy, un 15 del mes de abril, el ejército británico liberaba hace 70 años “Bergen-Belsen”, el campo de concentración más grande de Alemania adonde fueron deportadas, encontrando la muerte, Ana Frank y su hermana. “1945” es la fecha, pues, que marca la caída del socialismo nazi en el ecuador del genocidio armenio a manos de los turcos (1915) y del genocidio camboyano causado por los jemeres rojos (1975). Y puesto que la inteligencia a veces no es sinónimo de civilización y respeto, el apoyo harto significativo de los intelectuales alemanes (filósofos, escritores, abogados, matemáticos, físicos, médicos…) al experimento político “hitleriano” demuestra cómo el culto a la estirpe estaba presente en la mente de personas cultas, ¿ilustres racistas o racistas ilustrados?, que poseían una excelente formación académica.

Heidegger se acercó al nazismo por el hecho de que este movimiento animaba no solo a alumbrar un nuevo mundo, sino a romper con la tradición occidental

El ascenso de la posmodernidad

Martin Heidegger (1889-1976) es considerado cima y cumbre de la reflexión occidental. Y reverenciado como el filósofo de los filósofos. Sin embargo, dado que la mente humana es capaz de anhelar a veces lo más antiintelectual, Heidegger en su posmodernidad se opuso a los valores de la modernidad (ecuanimidad, individualidad, parlamentarismo, derechos humanos…).Y en contra de la huella judeo-cristiana y liberal de la civilización occidental, Heidegger reivindicó los valores griegos con el fin de escapar a la mercantilización del arte, de la literatura y de las ideas…, y regresar a la aristocracia del pensamiento. A sus ojos, los cimientos de Grecia estaban marchitándose. Y él que llegó a viajar hasta en tres ocasiones a su amada Grecia, se acercó al nazismo por el hecho de que este movimiento animaba no solo a alumbrar un nuevo mundo, sino a romper con la tradición occidental para retornar a los valores arcaicos “dórico-espartanos”, o sea, antidemocráticos, de Occidente. Su miedo cerval al liberalismo le acercaría, sin duda, a una de las ideologías totalitarias del siglo XX.

Martin Heidegger, ese casi sacerdote que rompió con el catolicismo, admiraba la filosofía no democrática de la antigua Grecia. Lo cual conllevaba aceptar la existencia de un orden ontológico de la Naturaleza “inmutable” que, opuesto a la idea moderna de igualdad, en esto Heidegger seguía los pasos de Nietzsche, legitimara los fueros clasistas y aristocráticos del derecho, fueros fascistas que por supuesto ya palpitaban en cada una de las aristas de la ideología del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (N.S.D.A.P.). Quizá por el neoaristocratismo nazi, en la Introducción a la metafísica (1935) Heidegger, que se creía heredero de la filosofía griega, elogia la verdad y grandeza del espíritu nazi. Y no digamos nada de sus discursos patrióticos cuando a partir del 27 de abril de 1933 aceptael cargo de rector de Friburgo a propuesta de las autoridades nazis y días después se afilia días al N.S.D.A.P.

“El filósofo más grande del siglo XX”, en palabras de Alain Badiou, no ocultó sus simpatías con el régimen nacionalsocialista. Es más,tras suicidarse Hitler el 30 de abril de 1945, el “rey secreto del pensamiento“, como así llamó Hannah Arendt a Heidegger, seguía pagando sus cuotas al Partido Nazi, del que fue miembro con carnet nº 312589 hasta mayo de 1945, como ha desvelado Víctor Farías tras adentrarse en los archivos berlineses.

Ficha de Martin Heidegger como miembro del N.S.D.A.P.

¿Un simple error?

Cuando Heidegger publicó por primera vez su obra Ser y Tiempo (1927) incluye a Husserl en su dedicatoria, como no podía ser de otro modo. Pero en el momento en que el texto vuelve a ser publicado en pleno nazismo, Heidegger hace desaparecer cualquier rastro de recuerdo y gratitud hacia su maestro, de origen judío, Edmund Husserl. Y si no acudió al funeral del viejo profesor, tampoco debemos desconocer que Heidegger, el aspirante a “Filósofo de Estado”, envía un telegrama a Hitler en el que solicita acabar con la estructura (parlamentaria) de organización de las Universidades, a las que veía demasiado “revolucionadas”.  

La proximidad de Heidegger con los postulados antidemocráticos nazis no fue fruto de un simple error de cálculo político, como se ha querido sugerir

La proximidad de Heidegger con los postulados antidemocráticos nazis no fue fruto de un simple error de cálculo político, como se ha querido sugerir. Y pese a que Sartre, también discípulo de Heidegger, defienda a éste en 1944 de las críticas comunistas que caían sobre su mentor e intente separar la filosofía heideggeriana de cualquier parentesco nazi -otros apologistas de Heidegger, Derrida y Lacoue-Labarth, volverán a hacerlo más tarde-, lo cierto es que el silencio de Heidegger sobre el genocidio fue atronador. Y tan audible que en una de las cartas de Herbert Marcuse a Heidegger, la que data de 28 de agosto de 1947, el ex alumno le acusaría al filósofo alemán:

Usted me decía que desde 1934 se había distanciado completamente del régimen nazi; que usted en sus clases y conferencias realizaba contra él especiales observaciones críticas e, incluso, usted se lamentaba de ser “vigilado” por la Gestapo. No quiero dudar de sus palabras, pero los hechos están ahí: usted se identificó tanto con el régimen nazi que todavía hoy es considerado a los ojos de muchos como uno de los más firmes apoyos espirituales que tuvo el nazismo. Algunas de sus manifestaciones, escritos y acciones en ese tiempo son la prueba de Io que digo. Usted nunca se ha retractado de ello abiertamente, tampoco después de 1945. Usted nunca ha explicado abiertamente que ha llegado a otro pensamiento diferente de aquel que en 1933-34 ha declarado y realizado en sus acciones. […] Usted no ha denunciado públicamente jamás los hechos ni la ideología del régimen.

Otro ex alumno famoso de Heidegger, Karl Löwith, además de censurar todas esas maniobras santurronas que separan la obra respecto del individuo, señalaría que "no es Heidegger quien, al preferir a Hitler, se “comprenda mal” a sí mismo; más bien, son los que no pueden entender por qué actuó de esta manera quienes no le han comprendido". El propio Löwith que dejó escritas sus memorias en Mi vida en Alemania antes y después de 1933 (c. 1939) comenta que, al día siguiente de impartir Heidegger una conferencia sobre Hölderlin en el Instituto Ítalo-Alemán de Cultura en Roma, Heidegger no se quitó en ningún momento la insignia del N.S.D.A.P. “El símbolo lo lució durante toda su estancia en Roma y, por lo visto, no se le ocurría ni siquiera pensar que la "Esvástica" estaba fuera de lugar mientras pasaba el día a mi lado”, comenta Löwith, que había nacido en el seno de una familia alemana judía.

Heidegger equipara los campos de exterminio y la bomba de hidrógeno con la agricultura intensiva industrial

Palabras para no olvidar

En una de sus conferencias pronunciadas en el selecto club de Bremen (1949), Heidegger equipara los campos de exterminio y la bomba de hidrógeno con la agricultura intensiva industrial, comparación que fue duramente criticada por los filósofos Georg Steiner y Emmanuel Faye, aunque otros rebajarían a la categoría de mero desliz el símil heideggeriano. Walter Biemel, p. e., equipara el desacierto de Heidegger con el, a su juicio, traspié de Platón apoyando al tirano de Siracusa. Desde mi punto de vista, la explicación minimalista de Biemel no resulta sino venenosa ya que, al escoger a un defensor de la dictadura espartana como Platón, Biemel no ayuda a desnazificar a Heidegger, al contrario, toda vez que Platón acudió por tres veces a dar consejos al tirano de turno de Siracusa.

Así que explicar sin nombrar el fenómeno genocida nazi a partir del desarrollo de la tecnología es faltar a la Verdad con mayúsculas, amén de que dejamos en el camino algo muy obvio: que Heidegger pensó que Hitler lo iba a consultar”, tal fue el juicio de Ernst Jünger, otro intelectual, encandilado por el nazismo hasta que abandonó el sueño del III Reich, decepcionado.

En cualquier caso, y al margen de los necios y papanatas que, por desgracia, suelen abundar en los campos de batalla ideológicos, Günter Grass explica en Escribir después de Auschwitz (1990) que Auschwitzha hecho posible un entendimiento que podría expresarse así: por fin nos conocemos”. Lo cual incluye conocer a los Heil-degger filósofos, escritores, abogados, matemáticos, físicos, médicos… que apoyaron al régimen de Hitler.


Fotografía: Martin Heidegger, de Willy Pragher.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba