Blogomaquia

Un Guantánamo en su vida

A veces la Historia juega malas pasadas. Pocos recuerdan que la GITMO, o sea, que la “GuantánamoBayNavalBase” tuvo su punto de arranque en 1898 cuando, a raíz de la guerra hispano-norteamericana, el gobierno de España perdió para siempre el control caribeño de Cuba, suceso que permitió a los Estados Unidos obtener en arrendamiento perpetuo el control de las instalaciones militares de la bahía de Guantánamo. Y ello gracias a un tratado que data de 23 de febrero de 1903, firmado por Tomás Estrada Palma, político “títere” elegido por la administración estadounidense para ejercer en condiciones de sumisión el cargo de primer Presidente de la República de Cuba.

Obama no es Beccaria ni mucho menos

Tiene su ironía que tras 110 años en vigor del Tratado de Guantánamo debamos estos días recordar al filósofo y jurista Cesare Bonesana, Marqués de Beccaria, autor de la celebérrima obra titulada De los delitos y las penas(1764) . Este enciclopedista, firme defensor de los derechos humanos, criticaba los excesos que contra los penados se cometían en el interior de las cárceles, excesos que deshumanizaban a los encarcelados y provocaban suplicios añadidos. Desde luego, el italiano Beccaria puso el dedo en la llaga al señalar que la falta, en los presidios, de ciertos derechos civiles nunca debía conllevar, por parte de quienes tutelan los organismos penitenciarios, la práctica de malos tratos.

Sacamos esto a colación debido a los ataques al estado de derecho que se producen a diario en la cárcel de Guantánamo. Y para quien argumente que en la Gitmo las vulneraciones del habeas corpus están en sintonía con la falta de respeto del régimen cubano hacia los derechos humanos, eso no deja de ser, además de puro sofisma, un atentado en toda regla contra la dignidad de las personas. Lo cual es injustificable desde cualquier punto de vista. Tan injustificable que en Guantánamo, sin los taquígrafos de cualquier tribunal de justicia: civil o militar, impera la ley de la no ley y, al abrigo de la impunidad absoluta, allí se comete toda suerte de ultrajes y humillaciones, prácticas de aislamiento forzoso, alteración de los períodos de sueño, ingestión obligatoria de drogas, etc. Y no solo eso. John Kiriakou, siguiendo la estela de Beccaria, se atrevió a destapar las torturas en Guantánamo y a identificar a uno de los verdugos que participaba en los brutales interrogatorios, denuncia que le ha supuesto la posibilidad de padecer años de presidio por haber roto la ley del silencio que rodea a los expedientes secretos.

Por otro lado, y mucho antes de que Wikileaks aireara algunos de los archivos “escondidos” sobre prisioneros en Guantánamo, Edward M. Kennedy ya denunció que los procedimientos por asfixia en el agua o “waterboarding” eran “tortura”. Y, a consecuencia de esas malas praxis, concluía el viejo senador estadounidense que “los Estados Unidos han perdido su autoridad moral en el mundo”. Pero es que, meses después de ganar las elecciones, Barack Obama recibía inexplicablemente el 9 de octubre de 2009 la notificación del Premio Nobel de la Paz. Curioso porque en un cortísimo período de tiempo este excelente mago de la política triplicaba la venta de armas bajo su mandato. Y lejos de los mensajes que le condujeron a alcanzar la Presidencia de la Casa Blanca, Obama ni ha clausurado el uso ilegal de la penitenciaría de Guantánamo ni da muestra alguna de que quiera acabar con ese gulag nazi.

Sin sentencia y encerrados a perpetuidad

Quien entra a vivir en las cloacas malolientes del Imperio de ahí no sale indemne. No hay, pues, escapatoria, toda vez que de las 166 personas que se pudren en las entrañas de Guantánamo la mayoría, 157, carece de cargos criminales y, más aún, 86 hombres permanecen en prisión indefinida pese a que para ellos se recomienda su puesta en libertad, como le ocurrió a Adnan Farhan Abdul Latif que, al encontrarse un mal día con un Guantánamo en su vida, fue internado en él a la edad de 25  años,  muriendo once años más tarde en una celda de aislamiento, y eso que el propio Departamento de Defensa recomendó reiteradamente en 2006, 2008 y 2009 su liberación y, además, el juez Henry Kennedy ordenaba en 2010 su excarcelación por falta de evidencias.

Debido a la muerte extraña de Latif, otra más, los mandos militares aducen que murió de una sobredosis complicada con una neumonía aguda. Pero, pregunta en The New York TimesLaura Poitras, autora de un documental sobre Guantánamo titulado La muerte de un prisionero, “¿por qué fue colocado en una sala de aislamiento cuando padecía neumonía aguda? ¿Cómo podía [Latif] meterse una sobredosis de medicación, dados los estrictos protocolos de  Guantánamo? ¿Por qué tardaron tres meses en enviar a Yemen el cadáver? Y, en último lugar, ¿por qué los informes de su autopsia y toxicología están clasificados y se mantienen ocultos a su familia?”


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