Blogomaquia

Fumarse la vida

Durante siglos, y desde su descubrimiento, el tabaco ha seducido al ser humano. El chasquido del mechero que anuncia la presencia de la llama. El semblante levemente enfadado de los labios disipando murmullos y bocanadas. El gesto estudiado, a veces coqueto, de esos dedos anillados a la silueta del humo. El culto al fuego. Todo ello, en fin, parecía dar esplendor a quienes buscaban, entre el aire y la magia de la luz, otros colores a la vida. Sin embargo, se equivocaron.

Así, en los últimos 12 años y por el veneno del tabaco han fallecido un tío mío, mi padre, un excuñado, un amigo, mi hermana…, mientras que dos tías, una con enfisema; otra, con operación de corazón, casi perecen arrolladas por ese fortísimo psico-adictivo que es la nicotina. Y ahora, debido a malos hábitos, apenas son algo más que sombras.

Consecuencias sanitarias devastadoras

El tabaquismo, o sea, la intoxicación producida por la aspiración del tabaco, no solo favorece un sinfín de enfermedades, también constituye un atentado de primerísimo orden contra la salud y el bienestar de las personas. Por eso, el Convenio Marco de la OrganizaciónMundial de la Salud para el Control del Tabaco o Convenio Marco para la Lucha Antitabaco (2003) ya reconocía, en su artículo tercero, la necesidad de “proteger a las generaciones presentes y futuras contra las devastadoras consecuencias sanitarias, sociales, ambientales y económicas del consumo de tabaco”.

¿Hablamos de “devastadoras” consecuencias? No lo dude ni por un momento. La cotinina y la hidroquinona aparecen en los cigarrillos. Estas sustancias son cancerígenas, junto a otras 400, igualmente cancerígenas, que están presentes en las cajetillas de tabaco. Y es que quienes fuman incorporan a su organismo conservantes (formaldehido),raticidas (arsénico), carburantes (butano y metano), minerales de toxicidad semejante al mercurio (cadmio), gases incoloros altamente venenosos (amoníaco y cianuro; este último se empleaba en las cámaras de gas nazis), sales o acetatos que enmascaran el olor y la tonalidad del humo, líquidos incoloros volátiles (isopreno, benceno), gases de escape de los motores de coche (crotonaldehído, monóxido de carbono, tolueno), etc., etc., etc. Y, cómo no, elementos radiactivos como el radón o, incluso, como el polonio 210 que, acumulado en la hoja del tabaco por efecto de los fertilizantes, se deposita en el cuerpo humano a través de la inhalación del tabaco, de forma que “un fumador de paquete y medio diario inhala cada año polonio equivalente a la radiación producida por 360 radiografías de tórax", asegura el gerente de la Iniciativa Libre de Tabaco de la Organización Mundial de la Salud Armando Peruga.

A pesar de la altísima peligrosidad de esta mercancía universal, rara vez se divulga la totalidad de los ingredientes del tabaco y, menos aún, se hace hincapié en que los ingredientes del tabaco no son los mismos que los componentes del papel, del filtro o del humo, motivo por el cual, nos advierte de nuevo Armando Peruga, entre aditivos y demás componentes “el fumador se expone por el humo que inhala a unas 4.700 sustancias distintas”.

Estamos hablando, por tanto, de casi 5.000 ingredientes dentro de cada pitillo. No obstante, bajo la idea de salvaguardar los derechos de propiedad intelectual, la industria tabacalera continúa luchando por ocultar los agregados y saborizantes que emplea. Es más, frente a la industria alimenticia, farmacológica o textil, a las que se obliga a dar la composición de sus mercancías, las compañías del tabaco nunca, jamás, muestran la totalidad de sus componentes. Y de los miles de compuestos inhalados en cada cigarro sólo la nicotina, el alquitrán y el monóxido de carbono quedan limitados por ley. ¡¡¡Menos mal que “la salud y la seguridad de los ciudadanos es una de las grandes prioridades de la Unión Europea”, según reza el portal de la UE!!!, porque si no, habría que pensar que la clase política respalda los intereses de las tabacaleras mientras maltrata derechos y libertades de los individuos. 

Atentado de primerísimo orden

El portavoz del Comité de Prevención del Tabaquismo, Rodrigo Córdoba, denuncia que el tabaco es el único producto no sujeto a la Directiva sobre Etiquetado y que "la inclusión de ciertos aditivos atenta contra la libertad de dejar de fumar, porque lo hace más difícil". No sorprende entonces queel tabaco sea una droga tan o más adictiva que la heroína y la cocaína, concluye el experto en tabaquismo Miguel Asqueta.

Ahora bien, si nuestros gobernantes no presionan lo suficiente a las tabacaleras para que fabriquen productos que no generen adicción, que no envenenen la sangre ni sean letales a la vida, bajo la hipocresía de un falso puritanismo dicen, eso sí, velar por el bien de la ciudadanía prohibiendo los malos humos en espacios públicos. Con esta doble vara de medir, cada año sólo en la Unión Europea mueren unas 700.000 personas a consecuencia del tabaco, el equivalente, por tanto, a la población de ciudades del tamaño de Zaragoza o de Riga.

¿Se imaginan comprar coches con frenos en mal estado, freír pescado en aceite de colza, construir casas a partir de materiales radiactivos? Todo esto resulta inconcebible, mas cuando hablamos de las tabacaleras no lo es tanto, ya que los criterios de defensa de la salud quedan relajados, dañados. Y si para la British American Tobacco “no hay evidencia de que fumar cigarrillos sin ingredientes reduzca los riesgos para la salud”, ¿cómo es posible que la UE permita entonces fumar con ingredientes mortíferos, es decir, cómo puede entenderse que la última reglamentación de la UE tienda a perseguir únicamente el uso de sustancias que, como los aromatizantes, enmascaran el gusto del tabaco con menta, vainilla u otros sabores? Quizá a nuestros representantes políticos haya que enseñarles los datos de la Agencia para Sustancias Tóxicas y el Registro de Enfermedades, ATSDR, y hacerles leer los correspondientes informes en bioquímica.

Sin visos de solución

Se ponen los pelos como escarpias cuando se oyede Carmen Amela, la directora general de Salud Pública en España, afirmar que "ahora mismo analizar los aditivos sistemáticamente sería demasiado caro", además de no existir "respaldo legal" (???). En esta guerra sucia contra las personas, el Estado ayuda a las multinacionales del tabaco. Y coopera por inacción, por omisión, por negligencia. De hecho, y con el fin de obtener capital contante y sonante, el Estado (nacional o transnacional) inventa juegos, quinielas y otros recreos azuzando la ludopatía. También alienta el negocio de la muerte vendiendo armas… y, claro está, no limita ni tiene en mente restringir las malas prácticas de las tabacaleras, porque controlar los ingredientes del tabaco sería caro, “demasiado caro”, y además, tal es la inmensidad de dinero que obtiene el Estado con la comercialización de cigarros, que España, por ejemplo, ha logrado por la venta de tabaco recaudar 9.400 millones,vía impuestos, en 2012 y en plena crisis económica.

Y así estamos. Y así se va esfumando la vida.


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