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Educación, la nueva bomba de relojería

El hijo de un obrero, habrase visto semejante majadería, “pa qué” quiere realizar una integral o entender qué son falacias. “¡Usted no se entera de nada, las cosas no van por ahí!”, me decía grito en ristre un profesor de Lengua, avezadísimo en la dogmática de los padres fundadores, Javier Solana & compañía, del Mayflower logsiano. A estos y otros apasionados de la represión cultural me gusta plantarles en su cara, ya lo he hecho en más de una ocasión, esa advertencia que Herbert Marcuse supoplasmaren El fin de la utopía (1967), al señalar que existe en la vanguardia de izquierdas la tendencia a redescubrir las tesis míticas de Fourier sobre la identidad entre trabajo y juego, fiesta y diversión.

Con la filosofía del recreo, desde 1990 a esta parte los gobiernos nacionales y regionales de todo el espectro político español han procedido a vaciar las aulas de contenidos

Con esta filosofía del recreo, desde 1990 a esta parte los gobiernos nacionales y regionales de todo el espectro político español han procedido a vaciar las aulas de contenidos hasta impedir que los alumnos de Secundaria tengan una cultura de calidad. Y es que entre las izquierdas, y su adorada estética del rebaño, y las derechas, y su miedo cerval a la muchedumbre, la (sub) enseñanza sigue en España amordazada lujosamente bajo vistosos lemas propagandísticos “educActivos” de aprender a aprender, aprender a ser, etc., eso sí, siempre en las antípodas del esfuerzo intelectual.  

El timo de la estampita

¿Se es libre cuando las autoridades políticas niegan e impiden el desarrollo de las capacidades intelectuales de los adolescentes o quizá estamos ante la infantilización planificada de la ciudadanía futura a través de un Estado con clara vocación paternalista? ¿Cabe incluso la posibilidad de que estemos asistiendo y desde hace años a un caso de corrupción relacionado, vía decreto, con la (in) cultura? Yo diría que sí. Recordemos que a raíz del estallido, en suelo continental europeo, de la Revolución francesa, ya en las primeras décadas del s. XIX se pasó de homenajear a los miembros de sangre azul a reivindicar la llegada de una nueva nobleza, o sea, de aquellos que poseían ilustración y ciencia. Sin embargo, con la manipulación de los movimientos de masas la educación fue objeto de una politización a niveles verdaderamente inauditos, de los que no hemos salido aún.

En estas guerras ideológicas es fácil comprobar cómo gran parte de los líderes y de los intelectuales del siglo XX se empeñó en utilizar el paradigma, absolutamente erróneo por otra parte, de la emancipación como forma de emanciparse hasta del mismo conocimiento y ello con el fin de conseguir, por una puerta ilusoria, la ansiada igualación social. Recuérdense los postulados vanguardistas del Documento Universitario de 20 de mayo,de aquel Mayo francés de 1968, en el que se recogía -leo el punto ce-que “los exámenes y concursos deben desaparecer bajo su forma actual”.

Que dentro de las sociedades del conocimiento haya personas que apoyen todavía la utopía del reparto distributivo de la ignorancia resulta muy desalentador

Que dentro de las sociedades del conocimiento haya personas que apoyen todavía la utopía del reparto distributivo de la ignorancia resulta muy desalentador porque, a efectos prácticos, supone admitir ni más ni menos que el discente debe saber poco. Y no solo eso. Encerrado el suspenso en el libro de las herejías políticas, el derecho del alumno a promocionar lleva lustros constituyendo la norma legal de la que, por imperativo, no escapan ni siquiera las familias, sobre todo aquéllas que no se implican en el proceso de aprendizaje de sus hijos y asumen, con  el timo de la democratización del conocimiento, el principio mágico de la promoción automática.

Que los estudiantes con buen rendimiento intelectual suelen ser hijos de padres y madres con ambiciones intelectuales con independencia de la clase social, no importa, como tampoco parece sociológicamente relevante el dato deque el alumnado español sobresale en alcanzar peores puntuaciones que la media de los países de la OCDE estando, menudo honor, a la cabeza de la Unión Europea en número de repetidores y tasas de abandono escolar, ¡y eso que nuestros alumnos de E.S.O. superan a Finlandia en casi 200 horas lectivas más!

¿Qué debemos hacer?

Mientras la brecha de las desigualdades sociales se hace más patente en España y los privilegios de nuestra clase dirigente se agrandan, ésta por testamento gubernativo necesita conservar a una mayoría de la población dócil y manejable, con apenas instrucción y escasos niveles de rendimiento intelectual. Por tanto, pese a que ni la LOGSE, ni la LOE ni la LOMCE venidera son el “OJO” de la formación perfecta, y sí certidumbre de un derecho secuestrado, el de la enseñanza, nadie en absoluto va a remediar el desastre de este trágico experimento antipedagógico que, con fuertes vientos populistas en popa, va camino de cumplir 30 años. Digo esto habida cuenta de que seguimos lanzados a lo desconocido y no se vislumbran indicios de que la nueva LOGSE, disfrazada o no de Ley Wert, deje cual superstición de existir a manos de esos nostálgicos neomarxistas, “radical chic”, los llamó Tom Wolf, que engloban el grupo de los Colau, Iglesias o Manuela Carmena.

Sin la transmisión lingüística del saber no existe medio de superar, mejorar y crear pensamientos 

“¿Qué debemos hacer?”, lo digo porque me acuerdo de la famosa pregunta de Tolstoi. Ante todo, denunciar el carácter no democrático de esas leyes tan infraeducativas como igualmente corruptas que nunca son pilares básicos del conocimiento. Loexpresaba el comunista revolucionario Gracchus Babeuf en su Manifiesto de los plebeyos (1795), la no educación es un engaño. Y si la mente humana solo se amplía, solo se enriquece por la vía sintáctica del lenguaje -las frases que construimos son el escaparate de nuestros pensamientos-, resulta irrebatible que sin la transmisión lingüística del saber no existe medio de superar, mejorar y crear pensamientos. En definitiva, no consta forma alguna de hacer ciencia o poesía, matemáticas o filosofía si no respetamos la validez del conocimiento objetivo que nos ha sido legado gracias a la voluntad y al enorme trabajo de un sinfín de seres humanos a lo largo de los años.

Así que poner aduanas, fronteras al conocimiento supone encerrarse en los peligros de la ideología, implica acabar abrazados a esa bomba de relojería que son la parcialidad, el engaño… y esas estafas cometidas en nombre de una falsa democracia.


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