Blogomaquia

Ciudadanía, galleta y euroescepticismo

“Mi sol tiene su sol y alrededor de él gira sin descanso”. Estas palabras del Canto a mí mismo, de Walt Whitman, son útiles en la medida en que sirven para entender la psicología humana y para, llevadas al terreno de la querencia política, comprender por qué la ideología emite un resplandor que condiciona, incluso ciega, el ánimo del votante.

Saco esto a colación porque en mayo próximo serán convocadas las séptimas elecciones al Parlamento Europeo, y los partidos de los 28 estados-nación que concurren a los 766 escaños han puesto ya en funcionamiento su maquinaria electoral haciendo, de nuevo, del discurso político un espacio “teatral” propicio para el lucimiento de sus actores: los futuros señores y señoras “eurodiputados”. Y escribo “teatral” porque éstos saben manejar las leyes del marketing publicitario y tratarán de promocionar la belleza de su ideología por la vía de identificarse, aunque por unos días, con las expectativas de los electores.

La nobleza del siglo XXI

Tenga, lea usted mismo el estatuto de los eurodiputados. Le adelanto que nunca aparecen artículos relacionados con el deber o deberes de los europarlamentarios. Miento: en dos momentos se cita la palabra “obligación”. Por el contrario, en 68 ocasiones se exponen los derechos de estos nobles y altruistas currantes del siglo XXI. Y mientras jamás es mencionado, ni siquiera para mantener las formas, el compromiso de las euroseñorías a trabajar, en 80 frases se explica cuál va a ser el status de estos funcionArios: su pensión (37 veces), indemnización (13), jubilación (10), asignación (20), gastos (11), aparte de las prebendas a recibir por matrimonio e hijos.

¡Ah!, y si el estatuto nobiliario de los eurodiputados alude una sola vez al “trabajo” y “desempeño eficaz” del eurodiputado –lo cual es lógico porque su jornada laboral acaba el jueves, disponiendo de 20 días mensuales de asueto- en absoluto recoge el citado estatuto la prohibición y persecución de la corrupción, la cárcel e inhabilitación del eurodiputado. Y, para no fatigarle, le recomiendo que lea los artículos 11, 17 (preámbulo) y 20 a 23 (Título II). Y observe la vida palaciega I y II que disfrutan los miembros de la eurocámara.

BellissimaEuropa

Es verdad que la constitución europea es un ideal elevado, hermoso y de grandes miras. Asimismo es cierto, al menos en teoría, el modo en que los eurodiputados se integran en grupos transnacionales que, por afinidades ideológicas, formarán delegaciones no nacionales. Sin embargo, al pan, pan, y al vino, vino, no son los votantes quienes señalan y nominan a sus diputados preferidos, sino que es el diputado, decía Gaetano Mosca, quien “se hace elegir por sus electores”. Y además, como el sufragio siempre es la antesala de los beneficios económicos, no pocos electos, una vez obtenida su representación en la derrochadora y bicéfala eurocámara “Bruselas-Estrasburgo”, pasarán de ser servidores públicos del “votante” a servidores del “partido”, cuando no, a servidores de sí mismos. Al fin y al cabo, los intereses de la élite,los interesesdel grupo “se disimulan en los ropajes de la sublimidad del Estado”, lo señalabaMarc Fumarolli en El Estado cultural (1991).

¿Por qué muchos políticos tienden a borrar de su memoria los problemas que aquejan a los europeos, problemas para cuya solución fueron elegidos? La sociedad de clases, sea de corte liberal o de inspiración socialdemócrata, comunista o no, se basa en la eterna y piramidal distinción “gobernantes-gobernados”. Y a pesar de ese “tuteo” entre el electorado y los candidatos, cortejo que alcanza su cénit en el período de campaña electoral, la mayoría de los políticos votados pronto arrinconará a sus votantes y se adaptará a las prácticas político-administrativas dominantes, porque, dígame usted, ¿cuántos eurodiputados del tipo Nikki Sinclaire y Daniël van der Stoepexisten en la eurocámara oponiéndose a las prácticas vergonzantes de sus colegas?

Pero, lo peor no son las ilegalidades habituales en que incurren, por fraude laboral, nuestras señorías, ¡pillos los hay en todos los sitios! Lo peor es la nocturnización de la vida política que encaja a las mil maravillas con la organización hermética de laUnión Europea al forjar ésta un entramado de legislaciones casi a medida de los grandes lobbies empresariales. Y al tiempo que levanta superestructuras aptas para mantener en la sombra a poderosas redes clientelares, esta nación de naciones cae, gracias a la planificación de una intencionada complejidad institucional, en la confusión de intereses privados y públicos. Y si en el camino las mujeres y hombres de Europa han sido convertidos en ciudadanía “galleta”, la endogamia política que mueve a este organismo metanacional sabe alimentar el dominio exclusivo de una clase dirigente que impide no la renovación de las élites, “circulación” hubiese dicho Vilfredo Pareto, sino toda posibilidad deque la comunicación y la transparencia sean coordenadas cartesianas de la políticaeuropea presente y del mañana. 

Por tanto,la causalidad, que no la casualidad, fomenta la opacidad burocrática que, a su vez, redunda de forma negativa en la escasa democracia interna de los foros europeos que, por otro lado, no castigan ni persiguen los abusos, las inmoralidades, los cohechos, las corruptelas… en que caen o puedan caer los eurodiputados. Tiene entonces razón Luis Núñez Ladevéze al afirmar, en La ficción del pacto social (2000), que “es un insulto a la inteligencia insinuar siquiera que los centros de decisión política lo son de debate, de dialéctica o de argumentación”. El juego de intereses alcanza tal nivel que rara vez la preocupación por el ciudadano está presente en los debates y leyes de la UE.

Euroescepticismo

A los políticos nacionales y, por supuesto, a los europolíticos les suele encantar el lujo pagado por los contribuyentes. ¿O es que acaso se nos ha olvidado cómo las euroseñorías votaron hace dos años, en plena crisis económica, en contra del recorte de sus emolumentos y a favor de mantener los viajes en primera clase? Johan Huizinga en Homo Ludens (1938) llegó a defender que el juego verdadero empieza en el momento en que acaba. Por lo que, finalizados los comicios, esa luz solar que creíamos era la política termina siendo fuente de decepción y… origen de sinfín de tinieblas, más desde el momento en que las debilidades y licencias que suelen acompañar a los sistemas democráticos consiguen perpetuarse saludablemente trasplantadas al ámbito transnacional de la Unión Europea.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba