Blogomaquia

Cataluña S.L.

En lugar de buscar soluciones a los problemas que aquejan a la ciudadanía, muchos se empeñan en mantener la táctica de enfrentarse con enemigos imaginarios. Por esta razón y por más que se quiera cerrar los ojos al nacionalismo, es innegable que éste abona las espinas de la polarización social. Esto se vio en 1992 cuando la clase política de la antigua Checoslovaquia esparció mil odios y mil rencores entre los miembros de una misma población y, con estrategias milimétricamente calculadas, decidió un año después en el Parlamento y al margen de sus electores, repartirse el corralito de las instituciones del Estado por la vía de la escisión de Chequia y Eslovaquia, y con el santo y seña de “esto para mí”, “esto para ti”. 

Veinte años después, el ambiente enrarecido que los políticos supieron provocar (y rentabilizar a las cien maravillas para provecho propio) parece repetirse en estos territorios, pues a nuestra clase política le gusta enredarse en los arcanos de la identidad, también fantasear en genealogías predemocráticas. Y aplicar con exactitud matemática criterios de extranjería sobre vascos “no puros”, catalanes “no auténticos” y… españoles. 

Nostalgias involucionistas

Coincidiendo con el fuerte 'revival' del romanticismo dentro del solar europeo, se multiplican los políticos regionales que votan “patria”. Y al escorarse éstospor el nacionalismo, los partidos progresistas y ultraprogresistas se suben al carro del tradicionalismo cuyos adalides, los verdaderos conservadores, acaban radicalizando aún más la letra del programa electoral. El resultado de tales corrimientos ideológicos es, sin duda, patético: a la pobreza política se une homogeneidad y vuelta a las esencias del tribalismo, o sea, pérdida a manos llenas del pensamiento ilustrado. 

¿Y qué pasa con los ideales? Los ideales de esta clase política, disfrazados de ficciones, cuando no, de mentiras (Praga nos roba, Roma nos roba, Londres nos roba…), añoran horizontes de soberanismo absoluto que encubren, bajo mantras de oscuro entendimiento, una sociedad altamente clasista que funciona con el cuadrante de una burguesía jurásica que lucha por tomar los resortes del poder como si se tratase del patio de su casa. Y ello con el ánimo de imponer sus intereses de “clase”, vincularlos a los intereses minoritarios de grupos empresariales y de partido, y lograr que, en caso de que se contraigan deudas por corrupción o por mala gestión política, las deudas adquiridas no recaigan nunca sobre la responsabilidad ni sobre el patrimonio personal de los socios de “Cataluña S.L.”.

Por tanto, cuanto mayor es el riesgo de convertir una democracia en una plutocracia, mayor es el peligro de que no haya justicia social, más cerca estamos de que se entierre en el olvido la profundización de los mecanismos democráticos de poder. Y es que enla revolución conservadora que palpita en la autonomía catalana no se vislumbra un sentido abierto y noble de la libertad, sino normas de actuación destinadas a optimizar el “statu quo” de los pujolarcas de toda la vida, igual que en su momento lo intentaron los Ibarretxe de turno. 

“Barcelona, ¡bien me has jodido!”

Hace unos días el consejero de Economía de la Generalidad catalana, Andreu Mas-Colell, se atrevió a hablar sobre Chaves Nogales. Al contestar una interpelación del PSC acerca de este escritor y periodista, aquel soltó la siguiente perla: “No sé quién es el periodista ese, pero suena a derechas”. Oídas sus palabras en torno a una derech(on)a carente de respeto, cualquiera se pregunta: ¿y Vd., Sr. Mas-Colell, no es de derechas, de esa derecha rancia que instrumentaliza las instituciones del Estado que tanto repudia, con el fin de conquistar a través de cantos a la insubordinación espacios más privilegiados de poderque solo favorecen a un puñado de individuos?

La derecha que integra a Mas-Colell et alii no parece reconocerse derech(on)a. Lo cual es, para decirlo suavecito, muy “llamativo” ya que hasta el ínclito Joan Maragall se quejaba y mucho de ese grupo social que en su Barcelona natal únicamente buscaba la “pela” porque, y traduzco sus palabras, “¡Ah! Barcelona, Barcelona, ciudad burguesa, húmeda, aplanadora; ¡ah! burguesía, ¡ah! muretons i flassades, género tuyo de poca consistencia; ¡ah! medianía en riqueza, en posición, en todo!, ¡ah, símbolo de toda medianía, tú, Barcelona, bien me has jodido!” (Barcelona, m’has ben fotut!).1

Queda claro que, con alusiones textiles a muretons i flassades, Joan Maragall ataca a la pujante burguesía de provincias cuyos rasgos, en la creencia del poeta catalán, son mezquinos, pues de tanto menear el tintineo del bolsillo, carece de la esplendidez de las grandes miras. Y él, Maragall, que “se resigna” a ser barcelonés en tono de sobra pesimista, admite “que somos fenicios” (i em resigno a ser barceloní en tota la força i extensió de la paraula. Ja tenia raó en Peio, que en som de fenicis!). 

El asunto es grave. Grave, digo, porque la burguesía reaccionaria parece amar tanto la mediocridad como eludir el camino no elitista de las libertades políticas. Por supuesto, la crítica maragalliana no es aislada. Se repite y reproduce en todos los rincones de la geografía española. El mismo Pío Baroja retrataría aEspaña como un pueblo “dirigido por una burguesía imbécil y al mismo tiempo rapaz. ¡Qué país! ¡Qué subversión más completa de valores!”, subrayaba el novelista vasco.2

Chaves Nogales

En estas estamos. Y Manuel Chaves Nogales calificaría las llamadas al separatismo como “una rara substancia que se utiliza en los laboratorios políticos de Madrid como reactivo del patriotismo, y en los de Cataluña como aglutinante de las clases conservadoras”. Esto lo escribió en ¿Qué pasa en Cataluña?, libro redactado a principios de los años 30 del siglo pasado y en el que incluye su entrevista con Francesc Maciá, de diciembre de 1931. Por cierto, los argumentos de aquel “President” apenas semejan las tesis que los Mas-Colell & CIA esgrimen en nombre de la única y verdadera historia de Cataluña.  

Por otro lado, desconoce el citado Mas-Colell, por desconocerlo todo de Chaves Nogales, que este hombre constituye una rara avis en el panorama español. Odiado por la derecha y durísimamente criticado por la izquierda, este gran escritor y periodista no se ubicó en ninguna de las canteras ideológicas al uso. Y por ser un espíritu libre diseccionó a la perfección los males del enfrentamiento ideológico y supo mostrar los peligros de la polarización doctrinaria. Así lo puso de relieve en su libro de relatos A sangre y Fuego.Es más, este andaluz errante percibió en La agonía de Francia la debacle de este país cayendo a las simas del vacío por su relación entreguista con el nacionalismo. Una cosa más: Manuel Chaves Nogales tuvo que huir de España. Y de Francia. Perseguido por la Gestapo, emigró a Londres y llegó a colaborar con la BBC antes de morir en 1944 a los 47 años. No dudo de que, en caso de que viviera, él habría advertido cómo una región antaño próspera y riquísima camina, gracias al ascenso del nacionalismo, por los desfiladeros de la intolerancia política y de la quiebra económica.

1Joan Maragall (16-V-1890), Carta a Antoni Roura.

2 Pío Baroja (1909), La ciudad de la niebla.


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