Blogomaquia

Barato barato, trabajos baratos

Jamás he sentido atracción por Karl Marx, filósofo apocalíptico que buscó la destrucción de todo el sistema civilizatorio con tal de defender la profecía de una Era nueva. Igualmente nunca me han seducido las astucias de dirigentes y ciertos economistas cuando se valen de la lógica “inversa” para argumentar que con la destrucción de empleo se logrará la recuperación económica, que gracias a la pérdida de millones de puestos de trabajo brotarán el bienestar y la fortuna, que a partir de hiperrestricciones salariales surgirá el bien absoluto, en suma, la armonía pitagórica de los mercados. Ahora bien, no es de recibo, este es mi argumento, intentar salir de la crisis provocando mayores situaciones de crisis. Y precarizando los derechos laborales.

“Barato barato”

He dicho en otras ocasiones que nos encaminamos, pasito a pasito, al desfiladero de una enorme brecha social. Decidida a crear ciudadanos de tercera, Christine Lagarde, política francesa encargada de la dirección del F.M.I., aconsejó que se bajasen los salarios en España. Bien, pensemos porun momento en su propuesta: si el salario mínimo interprofesional por Real Decreto del 17/17/2012, quedó limitado a los 645,30 euros, por sus palabras se desprende que hay que disminuir tal capitalazo mensual.

Curiosamente, la Sra.Lagarde (que no se aplica el cuento) se subió el sueldo hasta un 11% tras hacerse cargo de las riendas del Fondo Monetario. Y no es la única directiva que eleva sus estipendios. Lo que implica que estamos antela disparidad de ingresos, esto es, ante la esquizofrénica barra de medir que justifica, desde criterios insolidarios, jornales de anorexia paralos trabajadores frente a los honorarios estratosféricos que se asigna la élite.

A la vista de estos y otros acontecimientos, Christopher Lascheprevió, en su famoso libro La Rebelión de las Élites y la Traición de la Democracia (1994), que“el curso general de la Historia reciente ya no favorece la nivelación de las distinciones sociales, sino que marcha cada vez más en dirección a una sociedad de dos clases, en la que los pocos favorecidos monopolizan las ventajas del dinero, de la educación y del poder”.

Un ejercicio doméstico de matemáticas

Dejaré para otro día los 1.832.300 hogares con todos los miembros en paro, el triste récord de España, situada en el octava posición de la Unión Europea, con un 33,8% de la población infantil que vive en los límites de la pobreza. Únicamente quiero que por un instante imagine a Lagarde, a Rajoy, a Rodríguez Zapatero, a Obama, Hollande, Maduro, Fidel Castro, Xi Jinping, incluso a cualquiera de los 17 presidentes autonómicos de este país viviendo, en pos de la competitividad y flexibilidad laboral, con 645,30 euros al mes.

Los aludidos no podrán entonces más que sobrevivir. Es decir, tendrán que compartir piso y pagar unos 150 € para acceder a una habitación con derecho a cama; y sufragar los 40 € que derivan de los gastos comunes de luz, agua, basura y comunidad; 60 € por usar transporte público para dirigirse al trabajo; destinar 240 € a alimentación; dedicar 30 € a imprevistos mensuales (farmacia, ropa, etc.). Sumadas todas las cantidades, quedaría en el mejor de los casos un saldo de 125,30 €. La cosa se complica si hay bocas que alimentar. Con lo cual, ¿125,30 euros “libres de polvo y paja” para mantener, digamos, a una familia de 2 ó 3 miembros? No salen las cuentas y, menos todavía, si aceptamos las tijeras de “Madame Lagarde”.

Dentro del guarismo del 26,03% se mueven 5.896.300 personas sin trabajo y sin esperanzas de encontrarlo a medio y a largo plazo. En el otro lado de la balanza, se registra un total de 402.000 millonarios en España, de los cuales 47.000 han sido recién censados este año pasado, a tenor de los datos que se desglosan de El informe sobre la riqueza en el mundo (2013) de Credit Suisse (pp. 23-24). Y no solo eso. Si España es una de las naciones que encabeza el ranking internacional de desempleo,  también España, notifica Henry Kamen, “ocupa la duodécima posición en la lista mundial de países con mayor número de patrimonios”. Lo que, desde otra perspectiva, viene a indicar  que algo no se está haciendo bien al hundirnos en la brecha social de ciudadanos de 1ª y 3ª categoría.

El Barón de Münchhausen

Políticos y gestores tanto de izquierdas como derechas siempre piden peras al olmo y exigen a los demás lo que ellos repudian para sí. Y de la misma manera que les fascina los derroteros hegelianos de la lógica, resulta que por los principios de la susodicha lógica conciben que los trabajadores son capaces de imitar a aquel Karl Friedrich Hieronymus “Barón de Münchhausen”. Para quien no conoce al hombre, este fantasioso militar solía referir cómo estuvo atrapado con su caballo en el interior de una ciénaga, cómo en contra de todo pronóstico, y dado que se hundía de forma irremisible en un lodazal, decidió tirar con las manos de la coleta de su cabeza y agarrar fuertemente al equino por las rodillas hasta alcanzar, et voilà, sano y salvo, terreno firme.

Pues bien, aceptar que quienes se asfixian en la pobreza podrán “motu proprio” emular al Barón de Münchhausen y saltar de una situación profesionalmente cenagosa a otra feliz implica desconocerel deterioro de las condiciones actuales de trabajo con la generalización de los trabajos a tiempo parcial hasta un 92%, el paso de éstos a contratos peor pagados y con horas de trabajo no remuneradas, cuando no, directamente el despido, pues, según expone de modo certeroJuan Laborda, por el último dato de Contabilidad Nacional del Instituto Nacional de Estadística sabemos que“la economía española está destruyendo empleo a un ritmo de reducción neta de 522 mil puestos de trabajo a tiempo completo en un año”.

De otra parte, la mala calidad de las condiciones laborales (que guillotina de raíz el derecho a una vida digna, y anula cualquier signo de independencia, cultura y creatividad), además de ser una estafa de tamaño memorable, no crea riqueza en los marginados sociales ni entre quienes viven apaleados bajo economías de guerra, perdón, de crisis  y les toca sufrir en carnes propias el fuego amigo de la deflación.

Por tanto, lo ha señalado con aciertoAlejandro Inurrieta, “cuidado con la complacencia de los economistas […]. Lo malo es que son los que salen por la tele y ocupan el Ministerio de Economía y Hacienda y los lobbies que apoyan al ejecutivo”


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