Blogomaquia

Balas de cabezas huecas

Las ideologías del absoluto no benefician a nadie. Menos, a quienes son exterminados por ellas. Y, como en el fanatismo sólo hay abono para la radicalidad y el extremismo, a la población civil le toca sufrir la peor de las humillaciones por parte de unos verdugos erigidos en dueños de la existencia ajena, en propietarios de lo que nunca fue suyo. 

¿Qué propósito tiene “matar”? El hoy casi olvidado Friedrich Engels habría contestado diciendo que "todo acto de violencia es un acto político". Y tenía razón, pues hay élites que desde el populismo más rancio jalean dictaduras que tratan de exportar con sanguinario éxito no solo a Afganistán, a Pakistán, Siria, Irak, Yemen... También a otros territorios, como Indonesia, Filipinas, Etiopía, Mali, Nigeria, Libia, Túnez, Líbano, Turquía, Egipto... Por el uso de la violencia terrorista quieren impedir aquí y allá que arraigue la simiente de la tolerancia, patria, al fin y a la postre, de los derechos humanos.

Guerra que promueven dentro y fuera de Oriente unas élites tribales procedentes de Qatar, Dubai, Arabia Saudita, Emiratos árabes...

Antipolítica versus estado de derecho

Destruir los pilares de la convivencia social, tener sentido común para acabar perdiéndolo cegado por el delirio ideológico, emprender proyectos de pirómano,  poner en marcha la maquinaria del terror dando pábulo a todo tipo de barbaries son formas de luchar, de estar en guerra contrael estado de derecho. Guerra que promueven dentro y fuera de Oriente unas élites tribales procedentes de Qatar, Dubai, Arabia Saudita, Emiratos árabes...

En este escenario tan lóbrego se cobija la antipolítica. Y ésta, en la medida en que se opone a los avances de la civilización, da rienda suelta a los atropellos del gobernante. De este modo, la antipolítica es una herramienta, eficacísima, con la que los tiranos imponen a la ciudadanía la muerte civil y además, por la vía de la muerte física, logran silenciar a los que no actúan como ovejas de su rebaño.

Perola tolerancia no puede tolerarlo todo. No solo porque si lo hiciera, perdería automáticamente la grandeza de su significado, sino porque cedería su sitio al miedo, a la cobardía y..., peor, a la anomia, al "vale todo". Resulta, entonces, intolerable que sean  asesinados zoroastristas, coptos, judíos, cristianos… en nombre del milenarismo suní. Resulta intolerable igualmente que los déspotas de las arenas justifiquen por los principios apocalípticos de su religión el asesinato de bahaístas, de sufíes, chiíes, alauitas, ibadíes, ismaelitas, yazidíes...

"Amicus-enemicus"

Estamos ante una revolución profundamente antidemocrática llevada a cabo por los defensores de la bandera islamofascista. Estamos ante la planificación del cainitismo a escala mundial. Motivo por el cual, Nueva York, Bali, Beslán, Madrid, Londres, Ámsterdam, Volgogrado, Nueva Delhi, Bengasi, Boston, Tiananmen, Nairobi, Peshawar, Sidney, París, Copenhague, Maiduguri, Túnez, Jerusalén, Beirut, París de nuevo, Yola... son lugares sobre los cuales han arrojado los secuaces del fanatismo el vómito de su ira.

En esta guerra que no termina, cualquier persona acaba siendo, dentro y fuera de Occidente, víctima

Y, en esta guerra que no termina, cualquier persona acaba siendo, dentro y fuera de Occidente, víctima. No importa, por tanto, el escenario en el que nos encontremos, pues la parca llega de la mano terrorista. De la forma más inesperada. En el momento de tomar un avión rumbo a San Petersburgo. En el instante de escuchar  música en la sala Bataclan. En la circunstancia de comprar fruta en un mercado de Bagdad.

Por ser considerados hostiles y aplicársenos la máxima (que criticaba Voltaire) de “muere impío o piensa como yo”, somos potenciales objetivos bélicos, como los 200 niños sirios que han sido tiroteados por ISIS. Por otra parte, lo sucedido recientemente en Beirut y Yola no hace más que corroborar el carácter  criminal de los nuevos fascistas. Los 44 muertos del primer atentado se habrían multiplicado  en Beirut de manera exponencial, de no ser por Adel Termos al impedir que otro kamikaze detonara los explosivos ante cientos de personas que se encontraban en el interior de un templo chií. Por otra parte, los muertos contabilizados en la ciudad de Yola -al menos 32- deben sumarse a las más de 7.500 víctimas nigerianas asesinadas hasta el día de hoy por el grupo yihadista Boko Haram.

Todos somos adversarios

La mecha del radicalismo terrorista nos sataniza -"Satán" significa "adversario"-. Y se expande e internacionaliza por segundos, mientras en nosotros cala el sentimiento de desconfianza y temor a lo desconocido. ¿Quizá, por eso, 31 gobernadores de la federación de los Estados Unidos se han opuesto a dar refugio a asilados sirios?

No nos equivoquemos: en esta guerra contra la libertad cualquier persona, hombre o mujer, niño o anciano, es víctima potencial. Ahí está el salvaje atentado múltiple de París que nos conmocionaba a todos y arrancaba la vida de 132 personas.


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