Blog de Blas Calzada

El momento de la verdad

El Gobierno del Partido Popular ha puesto en funcionamiento de manera aceptable aquellas medidas de política económica que estaban en el ánimo de todos y por las que clamaban tanto organismos internacionales como economistas solventes, y que demandaban insistentemente a las autoridades españolas. La política de equilibrio presupuestario, (la que se ha llamado exageradamente reforma financiera) y la reforma laboral, están descritas y en camino de ejecución.

El equilibrio presupuestario es fundamental, sobre todo como meta para un futuro no lejano. La reforma financiera en cambio puede fallar en alguno de sus objetivos. El ministro de Economía ha declarado que la mayor solvencia de los bancos, que propugna la reforma, les permitirá obtener fácilmente pasivo en el interior y en el exterior, y por tanto darán más crédito a familias y empresas.

De esto último no estoy tan seguro como el ministro. Los responsables bancarios ya han dicho que la liquidez de su entidad no es el problema de la falta de crédito, que el problema está en que los demandantes de crédito no tienen la solvencia suficiente. El suficiente en este caso significa que tengan el futuro claro, y en estos momentos las familias no pueden esperar muchos mayores ingresos en el futuro, ni las empresas tampoco. Hay que concluir que la banca dará el crédito necesario si se prevé un crecimiento en el futuro cercano, y con la reforma prevista, mucho más fácilmente. Si la coyuntura sigue plana será raro que el crédito privado aumente.

Algo parecido se puede decir de la reforma laboral. Las disposiciones de la nueva legislación favorecerán el crecimiento del empleo, en mi opinión bastante, tan pronto como crezcan las inversiones y el emprendimiento. Antes lo único que cabe esperar es que reduzca el crecimiento del paro.

La política económica es en estos momentos, como lo ha sido desde el comienzo de la crisis, difícil. La tardanza en la toma de decisiones y las tomadas equivocadamente la han hecho más difícil todavía. Por eso es tan urgente como inevitable una política de fomento del crecimiento. Para ello es necesario concentrar todos los recursos en la inversión y las exportaciones, cuyo aumento es la garantía sólida del aumento del consumo público, el célebre Estado de Bienestar, y del privado que dará más impulso al crecimiento, acelerándolo.

Unos de los defectos de estructura de la economía española es la carencia de un tejido suficiente de medianas empresas con una tecnología media-alta en la industria. Entendemos por industria no solo la que contempla la Contabilidad Nacional sino también las comunicaciones, los transportes y la agricultura y ganadería industrializadas. Ese tipo de empresas son el soporte de economías de primera fila mundial como Alemania u Holanda, y permiten una diversificación de la producción y las exportaciones, que dan una gran fortaleza a los países desarrollados europeos.

Para que nuestras pequeñas empresas puedan alcanzar ese nivel necesitan inversiones en tecnología, además de mejorar su capacidad de venta tanto en España como en el exterior . Necesitarán capital acudiendo a los mercados, y además, autofinanciándose. Naturalmente, que este proceso comience depende sobre todo de la iniciativa empresarial, pero puede ayudarse con políticas no demasiado costosas.

En España existe desde hace algunos años un mercado de capitales que responde a esas necesidades y su promoción sí que es posible desde el Gobierno. Por una parte, los fondos de inversión públicos que se han creado, con mayor o menor fortuna, deberían suscribir parte de las emisiones a la salida a cotizar de las empresas en el MAB con el fin de vender esas participaciones en su momento. Seguramente sería aún más importante que estas empresas mientras coticen en ese mercado no paguen impuestos de beneficios por los ahorrados por la empresa. Es decir, que sólo paguen impuestos los beneficios repartidos.

No es la única política económica posible, pero es fácil de implantar, poco costosa fiscalmente y una de las que pueden dinamizar la economía a corto plazo. Y desde luego, es preciso que se inicien políticas similares que ayuden a salir del actual “impasse” en que nos hallamos.


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