Blog de Blas Calzada

Lo que nos dicen los mercados

En estos últimos días la reacción de los mercados a los acontecimientos provocados por la política de la Unión Europea y sus autoproclamados líderes, Francia y Alemania, nos han explicado con bastante claridad cuáles son las conclusiones sobre la situación de la crisis de la deuda pública europea por parte de los gestores de las inversiones financieras.

A raíz de la ultima reunión previa al G-20 y durante las sesiones de dicho organismo, se dijo de manera meridianamente esclarecedora que algunos países del euro pueden suspender pagos. Grecia, por supuesto, pero también España en cierta medida y algunos otros países con una probabilidad más o menos grande. Un primer mensaje que los inversores han retenido.

Los responsables de la Eurozona se apresuraron a destacar que esa probabilidad sería remota en el futuro ya que el Fondo Europeo de Rescate se iba a ampliar hasta un billón de euros para cubrir cualquier eventualidad futura, más allá de toda duda. El problema es que ese fondo no estaba cubierto por las emisiones necesarias, que los mercados europeos no podían satisfacer sus necesidades y que por tanto habría que recurrir a terceros países para cubrir las emisiones, no ya del billón, sino del dinero necesario para las promesas a Grecia. Nadie que conozca la lógica de los mercados se puede creer que China y países similares van a cubrir esas emisiones sólo por su rentabilidad sin contrapartidas de otro tipo.

Por último, se ha estado acariciando la idea de poner en práctica un euro de dos velocidades, un grupo de países del todo solventes y otro, más numeroso, con un euro devaluado con respecto al primero. Este es un sistema en el que es difícil adivinar cómo podría funcionar, pero los gestores de fondos parece que se lo han creído, o más probablemente, actúan como si se lo hubiesen creído.

La prueba está en la rentabilidad que ha alcanzado el bono a diez años alemán que sirve de base al cálculo de las primas de riesgo. Hace ya algunas semanas que su rentabilidad se ha situado en el 1,8 %. Cualquiera que conozca los riesgos de la renta fija sabe que esta remuneración tan baja aumenta el riesgo por modificación de tipos de interés de manera extraordinaria y que, por tanto si se cotiza a ese precio se debe a que los inversores piensan completar su rentabilidad con unaventaja de cotización de la moneda. Es decir, se creen que la deuda alemana se pagará en una moneda revaluada, o lo que es lo mismo, que habrá dos velocidades en el euro.

El hecho de que haya aumentado la prima de riesgo en bastantes países se debe, en primer lugar, al bajo tipo de rendimiento del bono alemán, a todas luces, demasiado bajo. Pero también, a que se haya abierto el melón de las posibilidades de impago alentadas por el hecho de que el fondo europeo de estabilización no este cubriendo sus emisiones. Ya advertimos que las quitas reales o las recomendaciones de provisión por parte de los bancos eran un error, pero el daño ya está hecho.

Por otra parte, el Banco Central Europeo (BCE) sigue comprando deuda de los países del euro de manera heterodoxa y sin plan determinado. Eso ni es correcto ni sirve para estabilizar los mercados. Ya que somos heterodoxos, que nos sirva para salir del atolladero. Sería recomendable en estas circunstancias que el BCE comprara las emisiones necesarias del Fondo Europeo de Rescate y que por tanto las intervenciones fueran posibles y la política de la UE creíble. No es ortodoxo, pero nos haría salir de esta situación. Y si a consecuencia de esa acción se devalúa el euro, tampoco eso nos vendría mal.


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