Blog de Blas Calzada

200 años de la Constitución de 1812

Dentro de un par de semanas se festeja a bombo y platillo el segundo centenario de la Constitución de 1812 que dio, o intento dar, la soberanía al pueblo español para pasar de “por la gracia de Dios” a “por la voluntad popular” en la legitimidad del poder. No fue la mejor constitución, ni la mas adelantada, era mejor la otorgada en Bayona en 1809, pero fue la primera presentada y votada por los representantes del pueblo español, o mejor dicho, por la más esclarecida parte del pueblo español.

Nada que objetar a esta celebración. Pero, además de este, hay otro centenario que también merece un recuerdo. En Junio se cumplirán 800 años de la batalla de las Navas de Tolosa, en la que casi todos los reinos cristianos de la península, mas refuerzos de caballeros europeos, acabaron con el poder musulmán en España en una decidida apuesta por la cultura europea que en el siglo XIII estaba ya mostrando su grandeza de manera evidente. Solo el reino de León no acudió a la cita por razones de pequeña política de familias desunidas, y lo pagó con su desaparición, de hecho, del panorama político español. Sin la batalla y, sobre todo, sin la intención de inclinarse por Europa de los reinos ibéricos, podríamos ser ahora la “Joya del Magreb” ya que la influencia turca hubiera sucedido a los imperios, más o menos efímeros, de Almohades y Benimerines.

Cultura y modo de vida europeos

Ya desde el siglo XI, pero mucho mas claramente desde el siglo XIII, la historia del mundo se puede seguir por el hilo del triunfo de la cultura y el modo de vida europeos. La asimilación social de los avances tecnológicos, la libertad de empresa y de mercado; la libertad individual, la separación de la Iglesia del Estado y la democracia, configuran un modo de vida que ha hecho fortuna en todo el mundo y es garantía de desarrollo y bienestar.

No todas estas características se adquirieron al mismo tiempo, sino tras un largo proceso de siglos en los que se fueron añadiendo las señas de identidad descritas. Pero la más antigua, y la que dio lugar a la supremacía de la civilización europea, fue la incorporación al modo de vida y a la ordenación social del progreso tecnológico. A veces a través de los mecanismos del mercado y otras de iniciativas del poder. Con mayor o menor resistencia de la sociedad, los inventos se asimilaron y saltaron todas las barreras sociales e incluso religiosas, en algunos casos.

El sistema europeo saltó fuera de Europa y llegó a las demás culturas destruyéndolas o transformándolas a caballo del colonialismo, primero en las colonias de población en las que el núcleo más importante, y decisivo, de los habitantes eran europeos emigrantes y después en el resto de los países colonizados o no. En estos momentos casi todo el mundo disfruta de una organización social que tiene en cuenta rasgos de la civilización europea, aunque en muchos de ellos faltan elementos sustanciales como la libertad individual o la separación de la Religión y el Estado.En España elegimos el modo de vida europeo hace ya, al menos, ochocientos años y elegimos la libertad hace doscientos; aunque en ambos casos la elección significó esfuerzos importantes de adaptación en las estructuras sociales.

Adaptación al progreso tecnológico

También hemos elegido el adaptar nuestras estructuras al progreso tecnológico, pero también en este caso nos esta costando tiempo y esfuerzo esta elección. En unos momentos, como los actuales, la tecnología avanza rápidamente y nuestra respuesta empresarial y estructural es demasiado lenta. Las reformas estructurales, de las que tanto se habla, deben ser las necesarias para alinearse a este proceso mundial. La reforma del mercado de trabajo va en esa dirección, pero no es la única necesaria. Hace falta una formación y una mentalidad de las personas que deben creer en la formación permanente, y en sus propias capacidades para adaptarse a las novedades organizativas y tecnológicas. Además las empresas y los emprendedores deben estar dispuestos al cambio, y no pensar que su supervivencia esta asegurada en ningún momento. Tanto los Estados Unidos como las últimas naciones que han llegado al modo de vida europeo nos están mostrando el camino. De hecho estas son las muestras del último desarrollo del sistema europeo, aunque no pertenezcan al continente.

Habría que aprovechar los centenarios de este año para pensar que sin estas condiciones corre peligro nuestra permanencia entre las naciones desarrolladas en todos los sentidos y, como otras veces, las hemos admitido, pero no estamos aceptando las consecuencias de ello.


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