Blog de Blas Calzada

Prudentes pero decididos: tenemos mucha prisa

El dato del paro registrado del mes de octubre estaba pronosticado por muchos analistas y, por supuesto, a ellos no les ha sorprendido. Pero para el ciudadano de a pie ha sido un dato más que nos lleva al abismo. Las reacciones a esta constatación serán variadas, pero ninguna positiva desde el punto de vista de la reacción necesaria. Algunos pensarán que el cambio de Gobierno es la solución; otros, que Europa nos salvará; y, otros muchos, que somos un país que no tiene arreglo y que cualquier pensamiento más optimista es una quimera.

Si desde el punto de vista sicológico el deterioro es evidente y acelerado, desde el punto de vista económico es tambien extraordinario, como todo el mundo conoce ya. Fundamentalmente, todos los sectores económicos están endeudados con el exterior. No somos suficientemente competitivos para desarrollar fácilmente un superávit exterior y, por tanto, no generamos el ahorro necesario para pagar nuestras deudas a buen ritmo y, a la vez, hacer las inversiones necesarias para la mejora de nuestra competitividad. Por si fuera poco, desde el exterior nos llegan situaciones muy desfavorables: la coyuntura económica de los países a los cuales exportamos presentan malas perspectivas. Hay un exceso de emisiones de deuda pública en el mundo, y en Europa especialmente, que ponen presión indeseada sobre la española.

El manejo de nuestro ahorro es, pues, crucial y corre prisa para evitar nuevos deterioros morales y materiales. Por supuesto, hacerle crecer es uno de los objetivos, y para ello probablemente hay que dar prelación a la inversión sobre el consumo. Como, además, tenemos problemas de equilibrio presupuestario, el consumo que más tiene que reducirse es el público, procurando tocar lo menos posible el Estado del Bienestar y, en todo caso, reducirlo. El consumo privado debería crecer sólo en la medida que crezca la producción; pero nada de incentivos artificiales a su creciminento. La idea de que si sube el consumo mejora la producción sin más no es cierta y lo que pueden crecer son las importaciones o disminuir el ahorro global.

El incremento de las exportaciones y el deseable superávit de la balanza por cuenta corriente debe ser un objetivo prioritario ya que supone, al mismo tiempo, una mejora de actividad y un descenso de la deuda con el exterior que es nuestro “desideratum”. Seguramente, para que ese objetivo se alcance harán falta inversiones cuantiosas en muchos sectores que no se pueden determinar “a priori” y que las empresas privadas son las que tienen que decidirlas.

Por tanto, no hay que aumentar la inversion publica, no estamos mal de infraestructuras, y además tenemos que mejorar el déficit del sector público. Si todavia el crédito no podrá fluir con la facilidad que sería deseable hay que propiciar el ahorro del sector empresarial como fuente a corto plazo de inversiones productivas.

Por tanto, no sólo hay que promover el ahorro, sino que debemos centrarlo en aquellos agentes que estan mas cerca de la inversion que, a su vez, son los que crean empleo.

Como dice el título, estas acciones tienen que ser rápidas y prudentes, quizá con algunas notas de osadía. El deterioro material y sicologico de España debe frenarse con rapidez antes de que adquiera caracteristicas de vorágine. En días sucesivos insistiremos en las medidas necesarias para que este plan pueda ponerse en práctica, que ni son fáciles de acometer ni sencillas de explicar para un publico normal.


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