Apaga y vámonos

21-O: tocado. 25-N: tocado y hundido

Las ideologías (tejido en red de las ideas humanas en torno a lo inmanente, lo trascendente y lo trascendental) existen. Pretender entenderlas, aplaudirlas o criticarlas ateniéndose a su praxis actual es cuanto menos un ejercicio de cinismo por parte de quienes con orgullo colocan sobre su pecho la correspondiente etiqueta. En lo que hace referencia a la política, algunos lugares comunes, que enseguida identificarán, podrían ser: “soy de izquierdas, y a mucha honra; mis padres eran obreros (aunque yo viva como un sultán y tenga a mis trabajadores en condiciones infrahumanas), esto de la izquierda se lleva en la sangre”, “esos progres se creen que todo el mundo es igual, pero lo único que quieren es que les caiga una subvención, yo soy de derechas de toda la vida, porque la gran fortuna que he heredado y las capacidades con las que he nacido no se las debo a nadie más que a mi familia”.

¿Quién no se ha visto inmiscuido alguna vez en una conversación de tan poco nivel estético y tan escaso fondo intelectual? Ya no digamos cuando apuntan maneras los agitadores de las causas con lindezas tales como “derechona”, “pijoprogre”, “facha”, “rojo”, etc. Al final, si se les preguntara por lo que entienden que se abriga tras cada etiqueta, las respuestas serían tan sorprendentemente banales como: "la izquierda se preocupa por los pobres, la derecha sólo piensa en los ricos"o "hay que nacionalizarlo todo, o la libertad consiste en dejar que cada cual se enriquezca de acuerdo con sus haberes y oportunidades personales".

Nada es nuevo en este debate, y a buen seguro ni siquiera lo es la decadencia y el emborronamiento en la aplicación práctica de las ideologías. El Presidente González ¿era de izquierdas cuando reconvirtió (léase privatizó) la mayor parte de la industria pública, cuando desmanteló los monopolios que habían sido aquilatados durante el franquismo? ¿Es derechas Rajoy cuando coloca la franja alta del IRPF español en el top ten del ranking mundial de esfuerzo fiscal? ¿O cuando nacionaliza de forma vergonzante y costosísima ese engendro llamado Bankia? ¿Es derecha o izquierda la nacionalización de servicios? O para que se entienda mejor, en el tema de nacionalizar ¿se distinguen Franco y Chávez? Por supuesto los partidarios de cada uno de esos dos me contestarán que no es lo mismo, que la finalidad es lo que cuenta… Y la misma tendenciosidad valorativa encontraremos a la hora de aceptar como liberalismo las aberraciones cometidas en el campo bursátil y financiero desde hace décadas. Llamar libertad a la desregulación es el patrimonio aportado a la praxis deforme de las ideologías por parte de dirigentes banales, sin escrúpulos, simplemente malos.

Izquierda y derecha son dos caballos

En el diálogo Fedro Platón describe el alma humana como un carro arrastrado por dos caballos, que el auriga debe ser capaz de gobernar con tino para que el conjunto, animal y transporte, no se salga de su camino. En terminología actual podríamos llamar razón y emoción a esos dos caballos, pues aunque me dirán los filósofos que las fuerzas que arrastran el carro son el Bien y el mal, advierto a mis colegas que ésa no es más que la banalización maniquea (el dualismo siempre lo es) de dos arcanos del comportamiento, y que, sustraído el juicio o la valoración, queda lo que les digo, emoción y razón.

Tantos siglos desde entonces son tantos otros clavos remachando la certeza de su tesis. Nada lo desdice, por más manuales de psicología que se hayan escrito, sesudos estudios científicos se hayan concluido, o propuestas desde ciencias alternativas se arroguen mejor intelección del asunto. Razón y emoción, o lo que es lo mismo, dicho en palabras de la ciencia política: el control y la libertad, la socialdemocracia y el liberalismo, el Estado y el individuo, Leviathan y persona. Eso son la izquierda y la derecha, y no cabe decantarse por una, pues ambas son necesarias para el buen gobierno, de hecho no son más que las dos caras mutuamente implicadas, de una misma realidad. Por ese mismo motivo, el centro no existe más que como actitud en la conducción del carro. No existen ideas de centro, sino templanza en su aplicación. Después las personas se decantan por una u otra mano, como si un Estado protector en extremo pudieran permitir el florecimiento de nuestras grandes potencialidades; o por la libertad para hacerlo todo, sin pensar que hay quien, lisiado desde el nacimiento o más tarde, no puede ni soñando colocarse a la altura del afortunada en la parrilla de salida de la carrera que es nuestra vida mortal, y que la ciega justicia mira por debajo de la venda colocada sobre sus ojos, la miserable condición del humano que ignora la brecha que le separa del prójimo.

Volver a las fuentes

Dicho esto y mirando la situación actual del PSOE a la baja, y del PP, que también baja, pero menos, y por eso en la Galicia ancestralmente conservadora y doliente sube escaños perdiendo votos; visto el discurso sovietizante y antieuropeísta que va “syrizando” la izquierda española con simpatía creciente de los desamparados; vista la decadencia intelectual de tantos nuevos ricos que cínicamente siguen alzando el puño (cerrado para retener la pasta) a ritmo de internacional de proletarios que ya no tienen nómina; visto el nulo castigo que un sistema electoral caduco puede infligir sobre políticos que rompen sus promesas al segundo de haberlas formulado; vista la nula entidad moral de quienes dicen defender la Constitución el mismo día que ponen a caer de un burro a su garante; vista la impudicia de ambos bandos (casi bandas) en aceptar el juego de una Europa de Estados que así nunca será unión; visto todo eso, no queda más que concluir que sí, que la socialdemocracia ha entrado en crisis con el agotamiento de la glándula estatal por abuso de lactantes que no deberían serlo; pero que del mismo modo quienes nos hemos calificado de liberales nos avergonzamos al ver en qué han convertido la libertad y de qué modo indigno la pasean por el balcón del poder para afrenta de los desesperados.

Entre el 21O y el 25N se materializará el necesario hundimiento de un sistema. Porque está todo por (re)hacer en el ámbito de las ideas. Creo que nos resultaría más que conveniente releer a los clásicos, esos que a golpe de expulsión de las lenguas llamadas “muertas” del currículo de la enseñanza básica, ya no pueden servir de referente a varias generaciones de estudiantes sin futuro. Quizás por eso, aunque no por su exclusiva responsabilidad. Así que no nos entretengamos más, volvamos a la fuente, porque en lo esencial todo está escrito.


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