Apaga y vámonos

Esta semana lo sabremos

Esta semana sabremos el desenlace del culebrón sobre la consulta. Antes de que acabe el mes de septiembre sabemos qué se convoca, qué se suspende y qué reacciones provoca en gobernantes de todo nivel y gente de todo pelaje. Y ello se producirá cuando ya con harta claridad percibimos que lo que sucede en Cataluña con el independentismo y lo que sucede en toda España con la filiación vertiginosa a Podemos beben de la misma fuente, son efecto de la misma causa, nada más y nada menos que el hartazgo hasta el vómito de la gente corriente respecto de un sistema que, sin embargo, se le asemeja de forma extraordinaria, a unos por su vocación corrupta, siquiera sea a pequeña escala, a otros por su omisión culpable de toda crítica o control mientras las cosas les fueron bien.

Sí, ya sabemos o deberíamos saber que lo que nos pasa, todo lo que acontece en política no es más que el reflejo externo de nuestras almas… lo van a comprobar en la bilis que destilan quienes con más contundencia lo niegan. Pero por algún sitio tiene que escapar el gas comprimido en el balón cuando se expande fruto de su calentamiento. En algún recoveco de las ideas estamos obligados, por mera supervivencia, a depositar nuestra esperanza, máxime ahora, cuando Draghi nos recuerda que la Eurozona se vuelve a estancar (que significa que camina hacia una nueva recesión), y cuando los economistas vuelven su vista alarmada a una reserva de las pensiones que aseguran quedará vacía en tres o cuatro años, si seguimos al paso actual.

El gas escapa por las costuras, pero  Mariano Rajoy cree que el sistema de siempre también funcionará esta vez: hace caso omiso de adhesiones institucionales, manifestaciones ciudadanas, encuestas técnicas, previsiones realizadas por expertos, y sigue creyendo que la cuestión no es más que la obra de un loco empecinado en llevar a la población catalana al abismo. Él lo sabe todo, y, si no, lo sabe la vicepresidenta. Entre código y código, parapetados tras la letra de la ley olvidan los consejos de la historia constitucional sobre la necesidad de observar atentamente y siempre si tras la letra de la ley sigue respirando el espíritu, si los legisladores de entonces pudieron prever realidades que, aunque en el  fondo eran iguales, se disfrazan de formas nuevas.

Y yo, sin embargo, quiero creer que, como en todo gobernante, en la actitud del presidente del Gobierno hay una parte de representación para los fieles, que no tiene más remedio que seguir diciendo a los suyos que no cederá un ápice en las reivindicaciones catalanas, pero que en el fondo ya ha visto, y por tanto pactado con Artur Mas, una salida medio buena para tanto dislate. Pero, si fuera así, que cada vez tengo más dudas, ¿era necesario llegar hasta aquí? Porque, si nada lo remedia, en un par de días, y junto a una suspendida convocatoria de consulta, podría ocurrir que tuviésemos una insuspendible convocatoria de elecciones catalanas, porque para quien cumplir el programa electoral es una responsabilidad ineludible deviene objetivo insobornable cumplir con lo que prometió: prometió que votaríamos y algo votaremos.

Quienes hemos creído desde el principio que la consulta no se podría celebrar, celebraremos, valga el juego de palabras, que algo se nos pueda consultar, porque a estas alturas de la representación es tan trascendental para Cataluña como para España y para toda la Unión Europea saber qué tipo de Europa tendremos, si esa que apuntaba hace unos días Barroso, con Estados fuertes, y por tanto, añado yo, con una Unión de cartón piedra, o una verdadera estructura federal en la que la soberanía originaria de cada Estado acabe diluida en un todo común.

Habrá que saber de una vez si Europa será y, de llegar a ser, si será como Alemania, o como España. Porque federar Estados y hacerlo de forma eficiente y solidaria, con límites y con responsabilidad para todos, es la historia del país que hoy lidera la Unión Europea; en cambio,  eso que conocemos como el Estado de las autonomías ha resultado ser un parche para la compleja realidad hispana, ha significado al final en nuestro país esta pugna donde parece que todos vayan a perder cuando lo óptimo sería que todos ganaran.

Todas estas cosas, importantes, las sabremos esta semana. Una semana que no es cualquiera. Quizás incluso, cuando ustedes lean este post, que yo escribo el día anterior, se hayan producido ya hechos relevantes… sirvan estas reflexiones para ayudar a analizar las claves de cada paso que a partir de ahora sea dado por sus protagonistas... incluidos los del expresidente Pujol el próximo viernes en el Parlament de Catalunya. Todo va cumpliendo fielmente el guion de un declive multinivel


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