Apaga y vámonos

Una semana histórica

Ha sido ésta, por más que se niegue, una semana histórica; y no, que también, por la firma de un decreto-filigrana de convocatoria de la consulta que esconde un referéndum sobre materia que no es competencia autonómica, sino sobre todo porque el grado de sutileza de la propuesta y los efectos que puede llevar aparejados en los próximos días en orden a su aplicación han puesto en marcha el aparato institucional del Estado estos días como como nunca había pasado. Como recordaba el propio Herrero de Miñón, nunca antes el Consejo de Estado se había reunido un domingo. Y habría que añadir que nunca antes ese primer verso suelto que el PP tuvo había hecho tan disciplinado seguidismo del parecer de sus colegas en ese cementerio de elefantes que es en general el Consejo.

Bien es cierto que resulta tan difícil discrepar en Madrid sobre la inconstitucionalidad de la consulta como en Cataluña encontrar a quien sea capaz de decir que aunque lo quiera mucha gente la población no puede ser preguntada sobre el asunto. Es, en última instancia un problema de reconocimiento de sujetos políticos; como dijo la Carme Chacón que apoyaba al Rubianes de “la puta España”, “Cataluña se siente nación”, lo que a la postre acaba significando que su mentor Zapatero tampoco andaba tan errado (siquiera sólo en eso) cuando afirmaba que “la nación es un concepto discutido y discutible”… No sé si discutible, pero la realidad está demostrando que sí discutido.

Porque en fin, no nos engañemos, el centro de la polémica, aquello sobre lo que ambas partes (léase Rajoy y Mas) se empeñan en reiterar su posición es la entidad que España y Cataluña puedan tener: Rajoy dice que el sujeto soberano es España, y le ampara la Constitución, el argumento jurídico es impecable, y por ello repite a diestro y siniestro que no puede hacer otra cosa que lo que está haciendo (hace un tiempo también decía que además no quería, pero el voluntarismo ya lleva un tiempo aparcado por lo que respecta a ese tema).

Por su parte Mas dice, sin negar lo soberano que pueda ser el sujeto España, que Cataluña es una nación (con su historia, su lengua, sus instituciones seculares..), que aunque la Constitución no lo diga (sólo de forma timorata en las “nacionalidades” del art. 2), el movimiento se demuestra andando (“Cataluña se siente nación”, Chacón dixit…), y que si bien es cierto que en Cataluña se votó la Constitución, su implementación política ha ido generandodesapego más que adhesión y así estamos donde estamos. Y ahórrenme sus comentarios sobre conocimientos varios de lo que la historia dice, o ha dicho, o sabe. Eso, ya se ve, no va a cambiar nada, al contrario, cada cual tiene un quintal de documentos que avalan su posición.

El debate de base vicia cualquier posibilidad de encuentro argumentativo posterior: lo que ha sucedido es, por tanto, lo que tenía que suceder: con una Constitución escrita y expresada en ese modo, con dos soberanías enfrentadas (una en papel, otra en la calle), con la dejación absoluta que durante tantos años se hizo en el cultivo de lo que une a los pueblos de España, ahora empeñarse en probar lo bien que nos llevamos a golpe de recurso y sentencia va a ser complicado; porque basta a un catalán llegar a Andalucía para escuchar toda suerte de improperios y tampoco están libres de culpa los que desde aquí hacen discursos delirantes sobre la superioridad de todo tipo de Cataluña sobre el resto de España. Es justamente ese dantesco panorama el que nos hace decir a algunos, hastiados del mal rollo, que así no se puede continuar, digan lo que digan unas leyes hechas cuando el mal rollo era sinónimo de Franco.

La voluntad de conseguir llevar hasta el último momento la consulta ha generado entre otras cosas una actividad jurídica extremadamente sutil en los asesores de la Generalitat: la ley de consultas no refrendarias que fue aprobada el pasado mes de septiembre es un calco de lo que el Estatuto de Autonomía permite: recabar la opinión de los ciudadanos sobre temas que sean competencia de la Generalitat. Es por tanto una ley constitucional y estatutaria y no puedo imaginar cuáles puedan ser las razones del Tribunal Constitucional para considerarla nula, ya que, de hecho, en la sentencia sobre el Estatuto en el año 2010 ya dijo que sí cabía que Cataluña llevara a cabo tal tipo de consultas, contra el criterio de los recurrentes, entre otros, el PP.

Impugnar, pues, la ley de consultas no refrendarias, con un recurso del que se aprecia que en su mayor parte ya había sido redactado mucho antes de conocerse su contenido concreto (se prueba en el hecho de que hace un relato pormenorizado de actuaciones anteriores que nada tienen que ver con la propia ley y que de la ley apunta a datos que ésta no contempla en modo alguno, como por ejemplo, el uso del censo electoral), demuestra bien a las claras que es la intención política basada en la cuestión nacional antes dicha, y no la persecución de infracciones normativas, lo que está animando al Gobierno de España a actuar con una celeridad que para sí quisiera la ciudadanía desesperada con la morosidad de las instancias burocráticas incluso en momentos dramáticos. Lo que, por otra parte, demuestra bien a las claras la importancia de lo que se dilucida, por más que el Gobierno se parapete tras el mohín despreciativo de la tecno-vicepresidenta.

Lo determinante, pues, se encuentra en otro lugar. Y en ese otro lugar sí cabrían mayores dudas, pero no tanto por el hecho de que el Decreto de la Generalitat ampare un referéndum, que técnicamente no lo es, como por el hecho de que la pregunta se refiere a cuestiones que no son competencia de la Generalitat. Porque, no nos engañemos a ese respecto, si preguntar, siquiera sea la opinión, sobre el futuro político de Cataluña, es competencia catalana, ¿qué no lo es? Así pues la expresión estatutaria y legislativa referida al hecho de que la consulta lo sea en materias competencia de la Generalitat se vaciaría de contenido y, de ser algo inconstitucional, lo sería sólo el Decreto de convocatoria y sólo en el concreto formato de la pregunta. El propio recurso del Gobierno lo dice: el objeto del decreto de convocatoria no es recabar la opinión sobre un tema, sino el tema sobre el que la opinión se recaba.

Llegados a este punto sólo dos cuestiones se me quedan en el aire: ¿qué pretenden los actores de la escena? Creo que construir un escenario de negociación para el día 10 de noviembre. Pero, y ésta es la segunda: ¿qué puede desencadenar el juego orquestado hasta la fecha? Ése es el dato imprevisible en todo el argumento. Nada ni nadie puede prever qué relevo pueda tomar la calle, entendiendo por calle también aquellos partidos que ya han expresado su voluntad de ejercer la desobediencia civil, si las cosas no salen como se esperaba, es decir, si finalmente las urnas de la consulta no son operativas en el sentido pleno del término.

Por todo ello, por las normas, los recursos, las formalidades, las declaraciones, la excepcionalidad de algunos gestos, y la premiosidad de algunos otros, sin duda ha sido ésta una semana histórica.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba