Apaga y vámonos

El problema de decir "es falso"

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España, parapetado en una reunión de partido, lee un comunicado y se niega a dar una rueda de prensa, o cuanto menos a contestar las preguntas de los periodistas que se agolpan a las puertas de la sede central del Partido Popular. El contenido de su declaración se puede resumir en la frase que ha repetido hasta la saciedad: lo de los sobres de dinero negro y los apuntes contables atribuidos a Bárcenas “es falso”.

Al margen de la inconveniencia estética de que el presidente del Gobierno no hable del tema que le acucia desde una sede institucional, al margen de la afrenta continuada a la transparencia democrática que supone negarse a contestar preguntas, vayamos al grueso del asunto que a la sazón es el mensaje. Dice Rajoy que todo lo que se dice “es falso” y el conjunto de presuposiciones que se enlazan con tan escueta oración no parecen haber sido medidas por un emisor al que, por las oposiciones que esgrime como valor aportado a la política, le habríamos de atribuir mayor astucia argumentativa. Dice él que podría ganarse muy bien la vida fuera, y eso es verdad, aunque a algunos nos parezca injusto que por unos años (en su caso pocos) de esfuerzo, se pueda detentar una canonjía de por vida; pero dice también que pierde dinero en la política, y eso ya es harina de otro costal, porque los beneficios de la alta política (también tiene perjuicios, por supuesto) son en muchos casos intangibles que la economía tiene caros, aunque no salgan en las cuentas. Quizá por eso la tesorera del PP no ha encontrado nada irregular en la contabilidad del partido (¿imaginaban ustedes posible que lo hiciera?)

La financiación oficial de los partidos no da para cubrir sus fastos, campañas y compromisos. ¿Por qué no son sinceros y comienzan aceptando lo que no tiene vuelta de hoja?

“Es falso que yo haya cobrado en negro”. Como hizo en su día Cospedal, lo primero que dice es que él no ha sido. La lógica vulgar deriva de ello que los demás sí podrían haber cobrado en negro; mal asunto, pues, y ya se quejaron en su día los barones por ese quitarse las pulgas de encima la secretaria general, así que la sombra que podría quedar sobre los suyos le lleva a añadir que también es falso que algún otro dirigente del partido haya cobrado dinero al margen de las cuentas oficiales; que en su partido todo el mundo es honorable y que (dixit Floriano) no hay nada que barrer porque la casa está muy limpia. No sé si la casa está limpia, pero con los modos que gastó el partido en conminar a abandonar la política a Paco Camps, su principal valedor en el congreso de Valencia de 2008, la persona a la que, junto con Núñez Feijoo y Arenas, debe agradecer haber llegado a jugar la carrera por la presidencia del Gobierno de España, algo de autocrítica debería haber hecho Rajoy en su declaración, más allá de la negación de la mayor y el silencio sobre la menor.

Porque a nadie escapa que, de esta situación que tanto se asemeja al Tangentópoli que estalló en Italia en los años ochenta, si algo está claro es que la financiación oficial de los partidos políticos no da para cubrir sus fastos, campañas y compromisos. ¿Por qué no son sinceros y comienzan aceptando lo que no tiene vuelta de hoja o posibilidad alternativa? Cuando los partidos se hacen grandes, tocan poder, se cuelan en las instituciones más allá de la parlamentaria y comienzan a manejar recursos públicos y a tomar decisiones con trascendencia económica, sus necesidades estructurales aumentan y el sistema de financiación aceptado y legal no puede darles cobertura. En esa hipócrita normativa que limita lo que se puede donar y el perfil del donatario mientras mantiene una financiación pública que en muchos casos es una burla al contribuyente y al principio de igualdad de oportunidades de los partidos pequeños, se van enquistando unas malas prácticas que, por ser negadas, hacen menos ético a quien las practica. Y cuando alguien, con ese gesto solemne, con ese aviso de estar enfadado, es el máximo dirigente de un partido que afecta a tantas empresas (constructoras, químicas, farmacéuticas, armamentísticas, de telecomunicaciones…) donde se mueven ingentes cantidades de millones de euros, y nos dice que todo es perfecto, sólo podemos pensar que… miente.

Cuando el máximo dirigente de un partido donde se mueven tantos millones dice que todo es perfecto, sólo podemos pensar que... miente

Porque nadie es perfecto, porque cualquiera puede haber cometido un desliz, connivido con alguien que no era ejemplar, callado ante un abuso, participado de un defecto. Porque estamos esperando de nuestros dirigentes que nos digan que son humanos, como todos, que tienen ojos, pero pueden no haber visto, que tienen ganas de hacerlo bien, pero que son falibles, y que por el mandato recibido tienen mayor propósito de enmienda y la magnanimidad que da con el adversario el saberse en todo tan limitado como cualquier otro. Porque ser registrador no es una patente de corso de humanidad, como ser pobre no es en sí un atributo de nobleza aunque una cierta izquierda esté empeñada en hacérnoslo creer.

Que no, que no me gusta el ademán contraído por el jefe de un partido que tiene tantos agujeros abiertos en su credibilidad que el día de la frase “es falso”, tenía que haber dicho “perdonen, les doy mi palabra de que estoy dispuesto desde hoy a intentar hacerlo un poco mejor”. Cuanto menos, por la culpa in eligendo, por la culpa in vigilando, por la culpa “in sostenendo”…Y dicho todo esto, la duda que me queda es, en el seno del PP, “qui prodest?”. Habrá que buscarlo.


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