Apaga y vámonos

Las (peligrosas) presuposiciones del verbo “españolizar”

Sea verdad o no que el Rey se enfadó por la ocurrencia, sea verdad o no que hay un Wert anterior (llámese liberal o frívolo) y otro posterior (intransigente o patriota español) a su pareja Edurne Uriarte, sea verdad o no que los contenidos de la enseñanza en Cataluña explican de forma suficiente y adecuada la historia de España, no me negarán que en las declaradas intenciones del actual ministro de educación el verbo “españolizar” se lanza desde una posición de base esencialmente combativa, no sé si próxima a la colonización o a la evangelización, pero en la que sin ambages se asume una idea letal para la unidad de España, la existencia de dos realidades divergentes, las ya nombradas y que yo una vez soñé concéntricas, Cataluña y España.

De verbos y conjunciones con intríngulis

“Españolizar”, aplicado a Cataluña o a sus tiernos infantes, es en verbo lo que esa conjunción copulativa a las dos realidades geográficas que comentamos. Ya nadie dice “Cataluña y el resto de España”, y si lo hace es sólo para afirmar con desprecio (peor cuando viene de un catalán, y no diré su nombre para no hacerle campaña) que “una región sólo puede discutir su independencia en el Congreso de los diputados, que es donde reside la soberanía popular”. Y en efecto, quede claro que la Constitución, fuera untada por los sables o sabiendo sus padres (no hubo madres, si no, otro gallo nos cantara) de la esencia fragmentaria de la piel de toro, dice claramente que la soberanía de la nación (única e indivisible) reside en el pueblo español. No hay duda ninguna sobre lo que dice el texto, y por mucho que se empeñe en armonizar espíritus Don Francisco Rubio Llorente, la letra es la letra, y ya se sabe, la letra con sangre entra. Pero del mismo modo en que el franquismo que se mamó en las escuelas no impidió a una generación arropar con sus manifestaciones el interés de la sociedad internacional por acabar con el régimen a finales de los setenta, ahora hay otra distinta a la que conviene que el proyecto que fue desaparezca. En todo ayuda la necesidad de ilusión que sempiternamente caracteriza al ser humano, una ilusión que el independentismo ha dado a Cataluña contra todo miedo y pronóstico. Así que vale la anécdota que explicaba Camilo José Cela respecto de lo que se puede hacer o no: “niño, ¡que no se puede hacer pipí en la calle!!!”… “¿Cómo que no? ¿No ve que estoy pudiendo?” Pues eso, que se está pudiendo, y que cuando Wert habla de españolizar los niños catalanes, ya ha perdido la batalla, justamente por negar la mayor: que la eventual “catalanidad” de la escuela en Cataluña podía ser otra forma de españolidad, tan legítima o más que la suya.

Wert dando alas a Mas

Wert es, pues, la forma más castiza de la constatación de que ya no hay nada que hacer, de que el proceso de secesión es irreversible. Máxime cuando lo que vemos día a día en el hacer de Artur Mas se perfila como la más que estudiada hoja de ruta que ha venido desarrollando CiU desde la victoria de noviembre de 2010. Estudios sobre la viabilidad de una Cataluña independiente han ido apareciendo sin prisa pero sin pausa desde un año después, pues fueron encargados a las semanas de llegar al Govern. También de forma casi milagrosa el President se ha hecho trilingüe y videos sobre el “cas català” se desgranan en inglés en las redes sociales para que se escuchen bien lejos las razones por las que Cataluña se siente injustamente tratada en el seno del Estado español. Por si fuera poco, esa hoja de ruta y la publicidad vía redes ha tenido su mejor colofón en el ministro de justicia, cuando, pensando que es este tiempo para zalamerías, dijo en Barcelona que España sin Cataluña se hundiría económicamente. ¡Vaya por Dios, cómo hemos ido a comprobar por qué era imposible una homologación fiscal de Cataluña al País Vasco o Navarra! Creo que el video sobre el “expolio fiscal” a partir de ahora debería incluir, subtitulado en inglés, al inefable Gallardón, el de las mil piruetas. Por supuesto le faltó tiempo a Xavier Sala i Martín para traducir al ministro a un lenguaje más popular: “O sea, que Cataluña es la teta de España”.

Guerra de banderas sin matiz posible

Los medios de comunicación (con subvención pequeña, mediana o grande) se ven abocados a posicionarse, sin saber exactamente cómo acaba el cuento; algunos intentan nadar en varias aguas, aunque al final o se decantan o les despeñan hacia un bando, no es este tiempo para los tonos grises, vamos, si hasta Duran i Lleida ha gritado en un mitin “Visca Catalunya lliure!”

Rajoy tendrá el triste honor de gobernar España el tiempo en que ésta dejará de serlo 

Y luego estamos unos cuantos que habríamos deseado que Mariano Rajoy se pareciera a David Cameron. Pero no. Dije en junio que este Presidente tendría el triste honor de gobernar España el tiempo en que ésta dejó de serlo, y a golpe de rescate y secesión, mi intuición ha ido tomando cuerpo. Ahora ya es tarde, y lo de las dos manifestaciones enfrentadas lo expresa a las claras. En la del 11 había mucha gente hablando en castellano, en la del 12 sólo las pancartas prefabricadas hablaban en catalán. Y las cifras son de espanto. Incluso aunque la delegación del gobierno no hubiera mentido en ninguna de las dos, los números están en proporción de uno a diez. Esa mayoría silenciosa catalana que, según los críticos con el nacionalismo catalán, estaba esperando el ariete y la ocasión para manifestarse, ni está ni se la espera. Porque, como acontece en otros lares, no cree en patrias más allá de la familia o de la propia infancia, en palabras del poeta. Porque sabe que, con un Estado o con otro, le tocará seguir pagando y ha decidido dar la espalda a cuantos monigotes le venden sueños de papel desde tribunas varias. Simple y tal vez tristemente “pasa”.

Así que la contienda se libra entre quienes creen en banderas, lleven tres o más franjas, se adornen o no con estrellas, y va ganando la que más se parece a la norteamericana. Recuerdo que en el primer (y penúltimo) encuentro al que fui invitada por FAES le dije al Presidente Aznar que había llegado tarde con la bandera que colocó en la Plaza de Colón. De hecho, llegaba décadas y maneras tarde. Como Wert y su declarada voluntad de “españolizar” lo que afirma (paradoja) que es una parte de España. Ergo no lo es. Ergo, lo dicho, apaga y vámonos.


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