Apaga y vámonos

Una oportunidad

Al parecer lo hicieron todo lo mal que pudieron; quienes tenían la disponibilidad del dinero hicieron de lo público su particular coto privado: se percibe así en la familia Pujol, y salvando a quien aun con el apellido se haya mantenido al margen del chanchullo, ese modo patrimonializador, clientelar, que une las causas socialistas, populares y de los gobiernos periféricos en un mismo magma asfixiante, donde no hay hecho diferencial que valga, salvo para preguntarnos cómo pudo dar lecciones de moral el que sin duda habría hecho mejor en callar. No caben excusas, ni siquiera la de que por causa del “interés general” unas cuantas personas, sus hijos, fueron a la postre huérfanas de padre, mientras su madre llevaba en lo privado una vida de casi viuda habida cuenta de que el comandante general nunca estaba para nada de lo que significa en un cristiano su familia. La confesión del ya ex honorable Pujol sin duda tenía por eso un mucho de acto de contrición en lo que se refiere a esa dejación de funciones privadas, como si hablando de los cuatro millones heredados pretendiera evitar que se hablase de montos mucho mayores en los negocios familiares. No sé quién le asesoró el hacerlo de ese modo, pero nos deben de faltar muchas piezas para entender el puzle, porque me parece flaco favor a cualquier causa de las que el expresident decía defender.

Todo eso es verdad, no cabe justificación ante el desfalco que van anunciando los informes policiales, tantos como para que el Fiscal General se pueda permitir remitir a la Audiencia Nacional las causas que se desgranan en cascada sobre los hermanos. En Madrid se van a ver los asuntos. Cuando Oriol Pujol renunció a su escaño de diputado, ipso facto quedó desaforado, y quizás con ello había pretendido dilatar el procedimiento en el que está imputado, remitiéndolo al lugar confuso en el que se ven las causas de los ciudadanos de a pie; pero ahora ya nada quedará perdido en un juzgado de instrucción de Barcelona. Todo será visto con luz y taquígrafos, ante los focos mediáticos y con la voraz intención del Estado de demostrar que en eso del pecado no hay mortal a salvo por muy independentista que se declare; o quizás precisamente peor, deben de pensar, por el hecho de serlo.

Porque dicho y reprobado el asunto, vayamos a las sombras de quienes lanzan las piedras. Justo ahora, qué casualidad, se pone Pujol a confesar, y aparece un lodazal a la sombra de la “senyera”. Recuerdo el tiempo en que se me dedicaban todo tipo de lindezas por decir que la política es una “charca ponzoñosa”. No he cambiado mi parecer al respecto; diría que los hechos no han hecho en estos años, ya va para nueve, más que corroborar con creces el aserto. Pero si dicen algunos que quienes se encuentran con la UDEF se dan de bruces con el peso del Estado, lo cierto es que el tal peso se ensaña de pronto con una parte del territorio de modo harto sospechoso. ¿De verdad nadie sabía hasta hace una semana que la Familia hacia negocios a la sombra del poder? De pronto todo son luces y taquígrafos, tan cerca de los meses calientes que se esperan en Cataluña, que de nuevo se hace difícil creer en las casualidades.

Sí, en Cataluña también hay corrupción, desprestigio institucional, descrédito de la clase política, también hay oportunistas, arribistas, cobardes y demagogia. Todo lo que se puede corromper en el ser humano también puede corromperse en los seres humanos catalanes. Creo que nadie dijo nunca lo contrario, y si lo dijo, es una solemne tontería, o el mismo tipo de orgullo comprensible que anida en cualquier pueblo cuando ensalza sus propias virtudes y se olvida de sus defectos. Pero como en toda comunidad, la oscuridad es siempre el paso previo y necesario a la luz, y como también dije hace tiempo, el lugar en el que primero llega puede por ello ser también aquel en el que antes se vea la salida. Me gusta pensar que de todo lo que ahora nos ocurre extraeremos una lección valiosa, que seremos capaces de mirarnos en el espejo del alma y reconocer lo que no hemos hecho bien; pero eso en nada obsta a las reivindicaciones que han sido construidas desde abajo, que ahora refleja buena parte de la representación política y que claman por poder decidir cuál es el modo en que queremos llevar a cabo la regeneración política en esta esquina de la piel de toro: en soledad o en compañía, en hermandad o en vecindad. Creo que es una comunidad que se ha ganado a pulso, con el esfuerzo de muchos, la legitimación de decidir, fuera o no fuera la historia una razón.

Los pecados de los dirigentes lo son también de la población, aquí y allá, y por tanto el hecho de que vayan desgranando de aquí hasta el 9N, día de la consulta, todos los deslices, delitos, faltas o agravios que los gobernantes catalanes hayan podido cometer en nada obsta al proceso en marcha; tantos corruptos hay aquí como allá; ésa no es la diferencia. La diferencia sólo la construirá la generación que sea capaz de superar el error; por esa razón este momento negro profundo en Cataluña puede, debe convertirse en una oportunidad.


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