Apaga y vámonos

Cuando la mirada cambia la cosa (donde la cosa es la crisis)

Podemos mirar la crisis desde otro punto de vista. Podemos creer (está en nuestra mano hacerlo) que se trata de una oportunidad que a una mayoría que no hemos vivido guerras entre hermanos y hambrunas de posguerra tal vez nos venga bien para valorar lo que no hemos sufrido y para darnos cuenta de lo fácil que es abandonarse a la desmemoria. Comprendo la dificultad de verlo así por parte de quienes no hicieron casi otra cosa que padecer desde el principio de sus vidas, pero quiero recordar que precisamente por ello se han convertido, para muchos de nosotros, en el espejo donde intentar mirarnos, en referentes a imitar, héroes anónimos e invisibles, tanto o más importantes que los que se acumulan en los libros de historia.

Razones por las que la crisis es una oportunidad

1. La necesidad aguza el ingenio. Cuando no llega a los inmorales límites del hambre, el frío, del cuarto mundo enquistado en el primero, tener que prescindir de cosas, que no son más que eso, cosas, ¿es bueno o malo? Quienes se desprendieron del televisor (o de tres de los cuatro)  volvieron a hablar, los que fueron capaces de olvidar el teléfono móvil en casa volvieron a mirarse a los ojos, quienes no pudieron mantener la escalada por el último modelo de consola recuperaron juegos de mesa, deportes, se aburrieron y del aburrimiento acabó surgiendo la idea; y quienes apagaron por un rato la ventana de su ordenador se dieron cuenta de que había otros sonidos y mejoraron su lenguaje, ese que a fuerza de no usarlo se había degradado en el silencio de los solipsismos cibernéticos. Al final casi todo el mundo se ha dado cuenta de que no le hacía falta la mayoría de lo que había comprado compulsivamente.

2.- La escasez de trabajo propicia la movilidad. Hemos sido capaces de abrirnos a las redes sociales pretendiendo nacer, estudiar, trabajar y morir en la misma hectárea de terreno, trámite algún que otro viaje a lugares exóticos… pero sólo de vacaciones, y es imposible que con esos mimbres se construya la fortaleza de carácter que será tan necesaria en el futuro.

3.- Elmenor salario, el menor beneficio, la menor renta induce a (volver a) valorar lo que se consigue gracias a un enorme esfuerzo. Personajes como Paris Hilton, Borja Thyssen, y tantos otros protagonistas (y sus comentaristas) en los medios de comunicación se verían reducidos a la consideración de parásitos, y no como modelos de ganancia fácil a emular más que un científico, un deportista o un buen empresario, un buen trabajador, un buen político.

4.- El desempleo genera (a la fuerza) el convencimiento de que hay que adquirir mejor formación porque la competencia será dura. Dicha formación puede no consistir en acumular titulaciones regladas ordinarias; el trabajo de las habilidades intrapersonales, el desarrollo de cualidades como la resiliencia o la buena comunicación serán esenciales, y sólo son posibles desde la trabajosa experiencia: aprender, aprender, aprender, porque eso es la vida, donde como sobre la bicicleta el reto consiste en seguir pedaleando.

5.- La penuria permite detectar a los timadores: mastodónticos bufetes de abogados que se van a pique porque ya nadie quiere pagar sus injustificables minutas, intermediarios de todo tipo que casi sin mover un dedo se hacían de oro, ya lo hicieran con dinero, ladrillos, tráfico de influencias, muebles o alimentos, han visto como ingeniosos individuos cortocircuitaban su negocio para que el destinatario no fuese esquilmado y el vendedor se ganase la vida dignamente. Porque bien está lo mucho, pero no lo demasiado, o la crisis como microscopio para distinguir el profesional del buitre carroñero.

6.- Tan importante como todo eso ha sido la potencialidad de la crisis para poner en el punto de mira un montón de instituciones que, cual zombis, continúan viviendo de nuestro dinero después de haberse demostrado caducas, o corruptas, o inútiles, o todo a la vez, convirtiendo en auténtica crisis del Estado de Derecho la letal simbiosis de partidos políticos, medios de comunicación y grandes corporaciones. Nunca como ahora lo habíamos visto tan claro, y se lo debemos a la crisis; lo importante es que recordemos que han vendido su alma, cuando lleguen, que llegarán a pesar de todos ellos, momentos de bonanza.

7.- Hemos descubierto las falsedades que se escondían bajo la bandera de Europa, prostituyendo el alma de un proyecto que debería haber recuperado para sus pueblos el sentido de la fraternidad que debe ligarnos en tanto que hijos de lo sagrado, y que en cambio sólo ha conseguido malversar el que, por otra parte, es sólo su triste trasunto económico, la solidaridad. Pero el descubrirlas nos puede permitir empezar de nuevo, con los cimientos bien colocados, sin prisa, pero pedaleando, con la vista puesta en el objetivo, el espíritu de Europa.

Táchenme de ilusa, pero es la mirada lo que transforma la realidad, y sin dejar la crítica, ni el ojo avizor tan necesario, fíjense en lo que les digo, hoy me he cansado de negruras.


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