Apaga y vámonos

'Sólo' cuestiones morales

La aparición de Vox en el panorama político español puede tener extraordinarias consecuencias para la reformulación del mapa de partidos que previsiblemente se va a producir durante los próximos años. La cuestión catalana, secularmente enquistada en la historia de España, ha trascendido fronteras como se demuestra día a día (las declaraciones de Viviane Reding y su posicionamiento sobre el tema son un nuevo aval a la tesis que precisamente se quiere negar, la de que el asunto ha dejado de ser interno), y Vox es en ese sentido un nuevo partido oportunista que crece en las periferias del sistema para intentar satisfacer a quienes se sienten defraudados por las opciones tradicionales, PP y PSOE (en este caso, PP), desgastadas por el uso y el abuso y trufadas de personajes que han sustituido la pasión por la profesión.

Entiéndase el adjetivo “oportunista” en el sentido médico de la palabra, cual enfermedad que se desarrolla en situación inmunodepresiva del sujeto afectado; la corroboración de esa naturaleza se halla en el hecho de que obtienen mayoritariamente su voto de los desencantados de otras formaciones o de los nuevos votantes que de forma natural habrían ido a parar a esos partidos viejos (y con las defensas bajas, siguiendo con la metáfora), que por sus complejos al hablar de ciertos temas, por la comprobación de su caída en la tentación de corromperse o por la mera constatación de que no pueden cumplir con el mandato (por otra parte imposible) de funcionamiento democrático, los ven marchar hacia UPyD, Ciutadans, y ahora probablemente Vox.

Eso no significa que en los partidos oportunistas no existan también profesionales de la política: al margen de sus votantes, desencantados, neófitos o vengativos, el partido tiene mayor solvencia cuanta más gente experimentada en la técnica política incorpora y en el recorrido personal de sus miembros destacados, solemos encontrar militancias en los partidos que ahora critican y, en definitiva, una contrastada vocación por el poder. El modo en que cada uno de ellos asume su pasado, lo explica sin ambages y es capaz de hablar sin odio de los partidos sin los que el oportunista en el que ahora crecen no habría podido existir, nos habla de la altura o bajeza moral que caracteriza de manera particular y transversal a todo ser humano. Su castigo, si lo merecen, depende, en todo caso, de nuestra memoria; la responsabilidad es nuestra.

Entiéndase el adjetivo “oportunista” en el sentido médico de la palabra, cual enfermedad que se desarrolla en situación inmunodepresiva del sujeto afectado

Transversales a toda formación política son también su necesidad de financiación y la violencia que ejercen sobre el proceso democrático para la elaboración de sus listas; respecto a esto último, tan cacareado actualmente y se diga o no, ningún dirigente de partido en ciernes y menos en los consolidados deja al albur de sus militantes las decisiones trascendentales; antes de que eso suceda algún artículo de sus estatutos les da la legitimidad para expulsarlos, de modo que la unanimidad interna sólo es el resultado de la purga previa; como buena asociación de privados que es, se cree facultado cada partido para ejercer el derecho de admisión, cuando en el fondo tal debería estar prohibido, habida cuenta del mandato del artículo 6 de la Constitución, pero sobre todo del hecho de que es el único club privado que puede elevar a sus miembros a la categoría de representantes públicos por el mero hecho de concurrir a unas elecciones y ser votado; cosa por otra parte cada vez más complicada para los nuevos, ya que los que están dentro se encargaron no hace mucho de establecer por ley una serie de requisitos difícilmente cumplibles para quien no tiene representación si algún “padrino desinteresado” no les hace una campaña previa. Una vez dentro, aunque nunca nada es suficiente, nuestro dinero sufraga una parte de la fiesta; y por eso todos ellos se presentan a las elecciones europeas, que aunque no convencen ni a sus militantes (un dato siempre oscuro del que no hay auditorías) para votar las listas (Ciutadans ha reconocido que las ha votado un 23 por ciento), son fuente suculenta de dinero público a cambio de un trabajo opaco en la mayor parte de los casos, con billete de primera clase también transversalmente defendido (salvo honrosas y también transversales excepciones)

Y más allá de todo eso, muy al fondo, casi al lado de los retretes, se encuentra el programa. Ah! el programa es la cuestión que da título a este post. Y todo a cuento de unas declaracionesdel presidente de Ciutadans; “Vox y Ciutadans se diferencian en cuestiones morales” es una afirmación que encierra muchas presuposiciones, pero quizás la central tiene resabios del pasado: “antes roja que rota”. Después de un tiempo en que Ciutadans, como UPyD y ambos con la misma vista puesta en el electorado del PP, afirmaba no ser de izquierdas ni de derechas (como si eso fuera posible), se pasó a defender, por necesidad de la política parlamentaria, que en los temas ideológicos (¿qué no lo es?) se daría libertad de voto, y ahora, no han tenido más remedio que pasar, Vox mediante, a la afirmación de que se distinguen de Vox en cuestiones morales. Lo cierto es, sin embargo, sólo se ha producido la aclaración por efecto del nacimiento de una formación crítica con el sistema, unionista y manifiestamente liberal-conservadora, y hay que decir que se parece mucho a aquella Libertas con las que la propia Ciutadans pactó otras europeas, cuando las cuestiones morales parecían no ser relevantes.

Pero ¿qué es lo moral? ¿Y de qué modo se separa del debate jurídico? Para Vox, esencialistamente patriótica, como la propia Ciutadans, como UPyD, incluso diría que como los partidos independentistas en relación con Cataluña, la unidad de España es una cuestión moral; creo poder afirmar que para Vox, además, la libertad económica es una cuestión moral, como son cuestiones morales los debates sobre circunstancias del ser humano que afectan a su dignidad (aborto, eutanasia, educación, familia); pero como para los partidos marxistas podría serlo la igualdad de oportunidades y, más aún, la de resultados entre seres humanos. Imagino que el presidente de Ciutadans se refería, de manera poco afortunada por todo lo que acabo de decir, a que Vox no defendería el aborto y Ciutadans, sí; o que Vox tal vez no comulgue con el matrimonio homosexual como tal vez sí Ciutadans; o que la concepción de la libertad de Vox no distinguirá entre subvenciones buenas y malas y las negará todas; no lo sé, me pregunto qué deberán hacer ahora los integrantes de UPyD oi Ciutadans que se afirmen moralmente conservadores, si emigrar a Vox o simplemente irse a su casa; qué harán cuando, como parece, se vuelva a agriar el debate sobre ETA y lo moral o inmoral de negociaciones antes observadores internacionales; no lo sé, pero para mí no hay otra razón para la política que el rearme moral de occidente; por tanto, la diferencia en las cuestiones morales es esencial.


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