Apaga y vámonos

"Sólo" un 40 por ciento

Se dice hoy en algunos diarios que el PP está buscando apoyos entre los Estados comunitarios para echar de la Unión Europea a cualquier territorio que se secesione. Ergo a priori el Gobierno no tiene claro que se pueda echar a un territorio secesionado, y más todavía, tampoco tiene claro que no se pueda secesionar un territorio, vía García-Margallo y Morenés, han afirmado con rotundidad. Más aún, todos estos tejemanejes dan a entender que España da por descontado que el órdago de Artur Mas va en serio, aunque venda a través de sus portavoces mediáticos que el 26 de noviembre se sentará a negociar con Rajoy las condiciones del pacto fiscal que ha sido, simbólicamente, la madre de todas las batallas.

Gobernantes silentes por ignorantes

Las pistolas las carga el diablo y los movimientos políticos producto del impulso, también. Con ese tipo de acción, en un momento en que guardar un secreto es más difícil que lo que fue encontrar diez personas justas en Sodoma y Gomorra, el Gobierno sólo da muestras claras de su alarmante bisoñez, de su falta de inteligencia emocional, de su indolencia práctica y de su escasa altura intelectual. Le pasan la mano por delante los dos colectivos de personalidades diversas que, con razones que pueden o no compartirse y desde la antípoda ideológica, han publicitado en El País y El Mundo el fin de semana pasado sendos manifiestos contrarios a la independencia, y uno de ellos aceptando la mayor, que si una comunidad se pone, de forma consistente en la cantidad y persistente en el tiempo, en marcha hacia la independencia, no quedará más remedio que aceptarlo.

A mayor afrenta de las posiciones descolocadas del Gobierno, se dice en las esferas económicas que sería la propia España la que ayudaría a Cataluña a quedarse en la Unión Europea, pues en la discordia se pierde mucho más que en la separación cordial. Pero es que además el espíritu de la Unión Europea es la unión de sus pueblos, no de los Estados que eventualmente los puedan articular, y ello a pesar de que dichos Estados hayan sido los sujetos negociadores de su inicio y hoy la traba más importante para su consolidación.

Estamos en la incertidumbre. Afirman los populares que las plagas de Egipto caerán sobre Cataluña si se independiza, pero no lo saben. De hecho estoy por pensar que no saben ni pueden hacer nada, habida cuenta de cómo nos va. Pero que nadie crea que en el otro lado del río saben mucho más, porque tampoco es cierto. En el momento presente el dinero, que huye de España como de la peste, lo hace de Cataluña por doble motivo, el lastre de una total España en riesgo más que cierto de morosidad eterna, y el intríngulis sin precedentes que supone Cataluña. Es obvio que a Europa esa incertidumbre no le conviene, por lo que es previsible que fuerce el arreglo. Aún más si como aventura Stiglitz, quien queda fuera es el verdadero bastión de la arquitectura estatal con poder, la Alemania del IV Reich. Menos Estado (aunque sea a través de muchos microestados) es presupuesto necesario para más Europa.

Gobernados al pairo por falta de músculo

El 40 por ciento es el total de catalanes que, según la macroencuesta realizada por GESOP para Telecinco, querrían que Cataluña fuese Estado independiente, aunque ello supusiera abandonar la Unión Europea. Baja desde el 51 por ciento que lo querría si no acarrease la expulsión de la Unión, pero no deja de ser un porcentaje escandaloso, indiciario del fracaso del proyecto europeo, pues no convence a más de la mitad de la población catalana, si sumamos el 12 por ciento que, como siempre, no sabe o no contesta. Un fracaso que podríamos aventurar es común a toda España y que ya se intuía en aquella clamorosa abstención producida en torno al referéndum sobre la Constitución europea, que fueron a votar (siempre que sí, faltaría más) un escaso 30 por ciento del censo.

No sabemos nada de lo que puede suceder si la separación de Cataluña se consuma, a pesar de la demagogia de medio pelo con la que nuestros dirigentes se llenan la boca, pero sí sabemos que mucha gente “pasa” de Europa. Eso sí lo sabemos, y a ese tema, más que a los nombres, deberían abocarse los esfuerzos de los dirigentes españoles, pues despreciando las emociones, han abocado a esta tierra a un impulso de distanciamiento que estoy convencida de que habría sido improbable sin su despilfarrada mayoría absoluta. Ni con todo el dinero que con esa mayoría ingresan con cargo al erario público han podido evitar el mayor de los ridículos con el video de campaña sobre lo mucho que nos quieren. Como si fuéramos un peluche, una mascota o un plato regional. En el corazón de quienes sentimos España se mantendrá siempre el recuerdo de su responsabilidad por los días de tribulación que nos esperan. Pero seamos justos, también hemos de agradecerles que su ceguera haya inoculado en estos lares la motivadora esperanza de tener una oportunidad.


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