Apaga y vámonos

Propuestas para evitar el fraude laboral

Contemporáneamente hemos sabido que Finlandia puede enmendarle la plana a Alemania (o mejor dicho, volverla a colocar en la posición ventajosa que tenía, pues sólo necesita die diktatorun empujoncito para volver a su posición original) y que en España hay fraude en el ámbito laboral. ¡Hay que ver cuántas cosas nuevas hemos aprendido en una semana! Como de aquella primera cuestión ya apunté algo de lo que pensaba en mi primera colaboración en este diario, vamos esta vez con la segunda, pues creo que si dejamos de ocuparnos de fuera y empezamos a intentar barrer la casa, tal vez tengamos en todo la imagen que en el deporte está dándonos la selección española de fútbol. Bien es verdad que si cada vez que hiciéramos algo muy bien nos soltaran 300.000 euros, a lo mejor nos salían genios hasta debajo de las piedras, pero no quiero ser aguafiestas, felicitémonos por la leyenda que han forjado algunos de los nuestros y vayamos al bochorno de aceptar que todavía tenemos mucho que arreglar hasta merecernos cualquier incentivo que conviniésemos.

Descripción del paisaje y el paisanaje laboral español

La mitad de las inspecciones recientemente practicadas dieron positivo, quiero decir, negativo: era cuestión de tiempo que, caídos del caballo cual Saulo tardío, los gobernantes  advirtieran el fraude existente en empresarios y trabajadores. Al fin y al cabo, los políticos deben de estar hasta el pelo de que les echen la culpa de todo, de que algunos digan que no es verdad que tenemos los políticos que nos merecemos y que  sólo chorizos pueden elegir a chorizos, así que venga, una ración de información (ja, ja, ja, …) sobre el hecho de que la mangancia es transversal, que la clase política no es la única culpable de la situación, que su espectacular desmantele de la cosa pública es una anécdota y que demostrará su ejemplaridad persiguiendo a porfía el fraude, la corruptela y el chalaneo privados.

Desesperados y truhanes unidos en un destino patético: ya sea porque un parado con subsidio además trabaje sin cotizar, ya sea porque habiendo acabado el subsidio el parado tiene que coger lo que le ofrezcan, y a veces lo que le ofrecen es trabajar “en negro”, comprobamos día a día cómo crece la parte de la economía española que se está yendo a la cara oculta de la Luna, en un proceso que se retroalimenta atrapando cada vez a mayor número de personas que en situaciones normalizadas no considerarían éticamente aceptable esa conducta. Porque no hablamos ya de quienes endémicamente han pensado que lo que ganan es sólo suyo, que las maduras son para aprovecharlas y las duras para rehuirlas, que son más listos que nadie por cargar sobre el resto responsabilidades que, distribuidas entre todas, son infinitamente menos gravosas. Hablamos ahora ya del empresario que contrataría a alguien más si no viera impensable un sueldo que conlleva una carga en impuestos y cuotas que no puede asumir sin entrar en pérdidas; hablamos del parado al que la suma de subsidio y trabajillo complementario le permite amortizar una cuota hipotecaria más; hablamos del parado de larga duración que ya no volverá a salir de ese hoyo económico y social, y debe ir trampeando con un sueldo misérrimo, negro como su ánimo, para sentir que su dignidad no se va definitivamente por el sumidero; hablamos de todos aquellos que, pudiendo tal vez mantener heroicamente el esfuerzo de la continua reducción del beneficio, han decidido tirar la toalla ante el espectáculo inmundo de sus dirigentes políticos y macroempresariales, sus banqueros y sus grandes gerifaltes de la comunicación unidos en una danza macabra de los grandes números, asistiendo con gesto compungido al funeral por una comunidad política que se hunde, pero con el dinero a buen recaudo en algún banco extranjero.

Soluciones en este ámbito

El Tribunal Supremo, mientras tanto, ya ha dicho que el nombramiento del marido de la vicepresidenta del Gobierno como directivo de Telefónica no supone cohecho impropio de su mujer. ¡Menos mal que alguien trabaja dentro de la legalidad! Porque todos los “valientes responsables y cortesanos de la pasarela” no se atreverán a decir en voz alta que la única solución al fraude laboral pasa por rebajar las cotizaciones a la seguridad social a la mínima expresión, controlar de verdad el pago de salarios dignos, obligar a todo trabajador a pagarse una mutua para las cuestiones menores a fin y efecto de reservar la sanidad pública a las cuestiones de envergadura, reducir drásticamente el tiempo de subsidio, incluidos los que ya tenemos el derecho adquirido desde hace décadas, y eliminar la indemnización por despido. Unas cosas van con las otras; quien puede ayudarse a sí mismo no necesita ayuda; la libertad económica no puede significar acumulación monopolística de poder, ni esclavismo, pero llevar muchos años en un trabajo no es patente de corso para ningún desmán; un parado tiene que estar activo, ya sea con efectiva formación, ya sea haciendo servicios a la comunidad, desde la limpia de bosques a la investigación de injusticias laborales como las que aquí se han descrito. Y a la vigilancia de que esa ética global se cumpla deberían avezarse los sindicatos, si quieren cumplir con su papel de defensa de la clase trabajadora (que así no estaría parada) en este siglo XXI en el que las consignas del XIX ya no sirven y su caradura del XX se ha descubierto. Entonces sí, cuando cada parte tiene claras y son justas las reglas de su participación en el juego, entonces caña al que incumple, sanciones ejemplares, que significa cárcel al rico y multa al pobre, porque al pobre la cárcel le puede resultar un hotel y al rico la multa, una broma.

¿Por qué no lo dicen? Porque aunque el Lazarillo es nuestro, mucho más nuestra es la envidia, y su cara activa, la cobardía. A golpe de envidia y cobardía están hechas buena parte de nuestras normas y los nombramientos de gran parte de sus lacayos. Pero sabemos que en este país hay también muchos Quijotes, caballeros del honor. Sigámoslos, vayamos a ganar, está en nuestras manos que nuestros hijos (o, a este paso, nuestros nietos) se sientan orgullosos del modo titánico en que fuimos capaces de ponernos de pie.


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