Apaga y vámonos

Mañana es 11-S

Se dice en tono crítico que el tema es ya una hartura y que de otros más sociales deberíamos estar tratando quienes tenemos el privilegio de expresar nuestra opinión en los medios de comunicación. Pero lo cierto es que en este mismo digital, sin ir más lejos, compruebo cuánto mayor morbo y comentarios suscita cualquier reflexión sobre el eterno debate que cualquier otro supuestamente de mayor relevancia humana, intelectual o científica. Hoy, por ello y por la fecha, no puedo de ningún modo dejar de referirme al que sin duda será el asunto, por lo menos, de la semana, yo diría que del mes y sin duda enlazando con la consulta prevista para el día 9 de noviembre:la manifestación convocada para las 17,15 de la tarde del jueves en Barcelona, para construir, humano junto a humano, un V gigantesca que una los extremos de la ciudad a través de doscalles que convergen en un punto, dibujando la consonante de múltiple interpretación: voluntad, votar, victoria, aunque muchas otras palabras empiezan igual..

Por el contenido de que ha sido dotada la jornada del 11 de septiembre en esta ocasión es inútil querer restarle trascendencia, forma pasiva ésta, dicho sea de paso, de considerarla, pues no hay mayor desprecio que no hacer aprecio. Si en el pasado podían discrepar las opiniones sobre la importancia de la Diada, ahora eso no es posible. Ni siquiera hace falta compartir el modo tradicional de ver la cosa, que entendía el 11 de septiembre como el recordatorio de una derrota en la que pareciera que todos los catalanes estaban a favor del archiduque Carlos, en contra del Borbón, que llegó con aires de modernidad y, a pesar de los logros en tantos campos, consiguió pisar tantos callos que aquí estamos hoy, con la excusa de sus errores.

No hace falta discutir historiográficamente, como hacen algunos, intentando un debate abocado desde el principio al fracaso; al final la historia no la usamos más que para justificar nuestras posiciones, y por eso se habla de historiadores de izquierdas y de derechas, indigenistas, proamericanos, etc...  Y del mismo modo ahora de nacionalistas españoles y nacionalistas catalanes; porque no se pueden escribir de más modos la revolución francesa, las diversas colonizaciones, o la guerra civil española, de modo que otro tanto cabría decir sobre el 11 de septiembre de 1714. Por eso en Cataluña se han abierto dos frentes, el del régimen y el disidente, imposibles de conciliar. Lo que fue, por tanto, me interesa menos; lo que es me parece capital.

¿Y qué es hoy el 11-S? Se ha superado ya el riesgo de confundirse con el recuerdo de la luctuosa jornada vivida en esa fecha en Nueva York, ahora sólo se recuerda que hace un año cientos de miles de personas (sobra también el debate sobre cuántos cientos, porque las “mayorías silenciosas” de Sáenz de Santamaría continúan calladas en casi todas partes, lo único que se oyen son exabruptos de políticos) se dieron la mano en una quilométrica fila que unió el norte y el sur de Cataluña. Ha pasado desde entonces un año. La inteligencia emocional de los políticos se mantienen en el mismo nivel y, por ende, de nuevo la gente saldrá a la calle de forma multitudinaria. ¿Con la misma masividad? La previsión hasta ayer era que la preinscripción había superado la del año anterior. Veremos cuánto influyen la playa, el puente, y Jordi Pujol, pero nadie puede negar que cualquiera de los actores implicados en la acción política estará hoy atento a lo que pueda pasar mañana.

Todo lo sucedido entre el 11-S del año pasado y el presente influirá sin duda sobre la participación en la jornada. Los desanimados por las últimas noticias sobre la enjundia del caso “familia Pujol” (ya no sé cómo llamarlo para ser rigurosa) ¿se verán compensados por los recién exasperados por la ceguera cósmica del presidente Rajoy? Bien es verdad que su silencio general, todo y siendo patrimonio genético, le favorece y encumbra frente a vices redichas y ministros tonantes que, queriendo amenazar miedo, como diría Quevedo, no hacen más que exaltar a los menos propensos a la rebelión.

No comulgo con buena parte del argumentario general con el que quiere justificarse la participación en la V; tampoco me he sentido nunca oprimida, y me habría gustado, como he dicho en múltiples ocasiones, que algo distinto del panorama que se vislumbra hubiera acontecido en España. Pero, como demuestran los muchos comentarios agrios con los que son recibidas mis observaciones aquí, la tensión trasciende a los gobernantes y la necesidad de conocer el estado de la cuestión se ha hecho ya palmariamente necesaria. Creo que es Rajoy antes que nadie quien debería estar interesado en conocer el grado de implicación de Cataluña en España; haciendo ver que el problema no existe, el problema no se está resolviendo, sólo se enquista. De hecho, parece como si llevara enquistado mucho tiempo; de otro modo ¿cómo se llega a la situación presente?

Quizás ahora, viendo a la vuelta de la esquina un referéndum escocés cuyo probable resultado hace meses resultaba impensable, Rajoy se sienta aún más convencido de la pétrea opción que ha adoptado al abrigo de la legalidad, pero lo cierto es que, a reserva de que alguien tenga pensada una mágica solución, sólo la de saber dónde estamos, mejor dicho, dónde está la gente (delante, detrás, al lado o contra sus gobernantes) me parece razonable. No comprendería cómo no pueda ser del interés de un murciano o un gallego, si entienden que España es un todo donde también Cataluña es una parte, conocer qué opinan los catalanes respecto a su relación con ellos, y desde luego debería aceptarse, aunque no se comparta, que de forma mayoritaria en Cataluña la realidad de la cuestión se quiera conocer.

Todo eso hará de mañana una fiesta, pero también una jornada de interés político, una radiografía del ánimo ciudadano en el debate español del siglo. Como he oído decir a gente razonable, lo importante empieza siempre al día siguiente de los días de euforia, pero no me negarán que la acción política se nutre al menos tanto de emociones como de razón. Ésa ha sido quizá la clave del camino que nos lleva aquí: emociones cada vez más a flor de piel. ¿Teledirigidas? ¿Es que cuando el ministro Montoro dice que nadie puede hacer un pulso al Estado y al tiempo querer lucrarse no echa pólvora al fuego? ¿Está acaso, por pasiva, diciendo que permitieron a Jordi Pujol enriquecerse mientras se portó “bien”? La frase merecería vitrina y con esas frases, casi más que independentistas, se ha tejido la V que mañana se extenderá sobre el asfalto de la Ciudad Condal.


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