Apaga y vámonos

Joaquín

Llegó a Barcelona desde Andalucía hace sesenta años. Forma parte, pues, de aquella segunda ola de inmigración que cambió la fisonomía social de Cataluña el pasado siglo, algunos dicen que porque Franco sabía que de ese modo era más fácil diluir las veleidades separatistas que cada cierto tiempo tentaban a las gentes de ese territorio; otros que porque Cataluña había sido favorecida con una serie de medidas de fomento que la convirtieron en destino atractivo para quien buscaba mejorar sus condiciones de vida. Aunque en Cataluña hay hoy quien asegura sulfurándose que esos que llegaron de Andalucía, Galicia o Extremadura hasta Barcelona no son inmigrantes al tratarse de españoles que van un territorio español a otro (sic), lo cierto es que ellos así se han considerado siempre, a mí me basta para corroborarlo el haber oído a mis abuelos, oriundos de Jaén, hablar de la penuria dejada atrás y de la tierra de oportunidades que llegó a ser para ellos la que vio nacer a sus hijos y nietos.

Sea como fuere, Joaquín llegó a esta tierra hace sesenta años y asegura que formará parte de la Vía Catalana en el tramo de Reus, la ilustre ciudad tarraconense, aportando su granito de arena al modo con el que la Assemblea Nacional de Catalunya, ideológicamente transversal y construida desde la sociedad civil, ha decidido conmemorar este año el día de Cataluña. A estas alturas de la película, parecen cumplidas con creces las peticiones de ayuda para completar la hilera, así que el gesto de Joaquín tiene sobre todo un valor simbólico, el que yo pretendo poner de relieve aquí.

Nadie nunca parece preguntarse por qué de forma recurrente y siempre en los mismos lugares de España, se ha pretendido con tanto énfasis resaltar el “hecho diferencial”, aunque en esos dimes y diretes se ha ido tejiendo la historia del siglo XX, algo menos convulsa y mucho más sangrienta que la del XIX. Tan es así que hubo quien llegó a decir que para calmar tales ansias, cada cincuenta años la ciudad de Barcelona debía ser concienzudamente bombardeada, un pacífico modo de disuadir las intenciones y calmar los ánimos. Y así hasta llegar a hoy, cuando Joaquín, andaluz él, se integrará en la Vía Catalana que, felizmente transmutado el nombre de la fiesta desde aquel otro menos afortunado de “cadena humana”, recorrerá el territorio catalán de sur a norte, desde los aledaños de Castellón hasta las tierras que se adentran en el país vecino; toda ella se vestirá de amarillo para ser visible, cual muralla china, desde el cielo, y entre sus objetivos se encuentra el de hacer saber urbi et orbe el alcance de su motivación; algo parecido a lo que plasmaba la cadena báltica de 1989, con la que Estonia, Lituania y Letonia reclamaron mayores cotas de autonomía. En el caso catalán, son llamados a sumarse a ella, aunque se autodefina como “vía por la independencia” cuantos pretendan sencillamente la oportunidad de ser consultados sobre el grado de su sintonía con el proyecto común español. Así irán de la mano los puramente independentistas y los demócratas que sienten legitimados a ir más allá de la ley, si la ley no permite consultar a la población.

No sé cuál de las dos es la razón de Joaquín para sumarse a la Vía. He leído que dice querer la independencia de Cataluña. Lo chocante, lo que a todas luces debería ser tenido en cuenta en las altas instancias del Estado es qué debe de haber pasado para que Joaquín se sume a la iniciativa: no es catalán de origen, tiene una edad que le impide haber sido sometido al “lavado de cerebro que la escuela pública catalana realiza sistemáticamente con los niños que se escolarizan en Cataluña”, y sobre todo, le hace flaco favor a su hijo, Pere Navarro, el actual secretario general de los socialistas catalanes, que no irá a la manifestación, que se ha visto sometido al marcaje del sector catalanista de su partido justamente por haber criticado la iniciativa y que dice haberse enterado de la decisión de su padre a través de los medios de comunicación.

Joaquín es la demostración palmaria de que no existe vía de salida a este conflicto que no pase por elevar las dosis de inteligencia emocional y capacidad de conocer a sus gobernados porparte del Gobierno de España. La cuestión no es nueva. Ahora que la candidatura de Madrid para organizar los Juegos Olímpicos ha sido rechazada por tercera vez, se han producido ataques de júbilo entre sectores de la sociedad catalana, que sólo pueden entenderse recordando que cuando en 1986 Barcelona se alzó con la nominación para los juegos de 1992, un diario español ni siquiera mencionaba la noticia en portada al día siguiente. Para que no se diga que el tema no hunde sus raíces en el pasado, para que no se diga que lo de ahora es una fantasmagórica quimera orquestada desde el poder y pagada con el dinero de todos. Nadie parece preguntarse el por qué de las cosas, o piensa que dándole una explicación de ingeniería social que ya ha sido condenada por la Unión Europea (banalizar el nazismo debería ser delito, y casi diría que pecado), o echando mano del “síndrome de Estocolmo” pueden explicarse casos como el de Joaquín. El mismísimo Rajoy, hoy doblegado por los intereses siempre espurios del COI y por la endeblez de la imagen ofrecida al mundo, olvida que la penúltima vez que se nos rechazó tuvo la ocurrencia de decir que la razón de la sinrazón había sido Zapatero. ¿Y ahora qué? Sólo le queda decir que la culpa es de Griñán….

Así que hoy, mientras leen esto mis entrañables críticos, en Cataluña se está armando la marimorena. No sé si se conseguirá con ello desbancar a Ana Botella del nivel viral al que ha elevado su “relaxing cup” en las redes sociales, pero es que la fama no puede obtenerse a cualquier precio. La Vía ha optado por manifestarse desde la cordialidad, la celebración festiva e ilusionada y un símbolo de unión. Sí, ha contado con el apoyo de las instituciones, pero éstas solas jamás habrían podido enderezar en fila de a uno a tanto ciudadano anónimo, harto por demás de su clase política en general y de sus gobernantes en particular. Y ya se sabe que la unión hace la fuerza, una fuerza que  deviene incontestable cuando entre los mimbres que lo tejen resulta que está, multiplicadamente, este o aquel Joaquín.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba