Apaga y vámonos

¿Europa o el IV Reich?

Inicio mi colaboración en este medio con agradecimiento a su director por haberme invitado a colarme un poco en las vidas de quienes navegan por este digital intentando encontrar claves veraces para analizar la realidad. Y les propongo un tema de reflexión general en el que poder enmarcar sucesivas aportaciones a lo largo de las semanas, pues se trata del supuesto marco político que tras cincuenta años de darle forma, debería ser, al menos ya un poco, eso que llamamos Europa. Sé que no es original, pero en estos tiempos actuales la mayor parte de las novedades o son procacidades, o son mentiras, o las dos cosas a la vez. Exijámonos, pues, en la medida de nuestras posibilidades, mantener la nobleza de las formas, pues se auguran tiempos en que será más que fácil que incluso la mayor templanza los pierda.

En estos tiempos, la mayoría de las novedades o son procacidades, o son mentiras, o las dos cosas a la vez. 

Llego hoy de un viaje a Italia y se me ocurre, como tantas otras veces, tantas otras personas en tantos otros momentos, preguntarme si alguna vez será posible en alma y cuerpo (primero el alma) algo parecido a lo visualizado por Martín el Humano por estos lares míos y, sobre todo y de forma más genérica, por un Carlomagno visionario; éste, olvidado cuando se habla de quienes apadrinaron el proyecto europeo, ha sido rincón de la discordia cuando hubo de afirmarse, y al final no se hizo, que Europa se asienta sobre una dimensión civilizatoria cristiana, esa que da como frutos tanto el Estado social, como los pilares de las revoluciones burguesas, como aquella ética protestante que Weber veía en el origen del capitalismo.

Hay esperanza... pero poca

También ahora la luz existe, pero las sombras cernidas sobre el proyecto primigenio han cobrado tal corporeidad que cabría preguntarse por las razones de tan sonado fracaso sin acritud, pero también con imparcialidad. Admito que muchas personas, y entre ellas, buenos amigos, mantienen la confianza en el hecho de que tras este tremendo bache, viene la recuperación y el fortalecimiento del proyecto europeo, pero permítaseme discrepar y plantear aquí algunas de las razones de mi duda.

Quizás en aquellos años cincuenta en que Europa se prometió no volver a ser capaz de eliminar en plena modernidad a 50 millones de personas por un quítame allá esas ideas o aquellos territorios la reflexión europea estuvo demasiado imbuida por el socialismo, ese hijo materialista de lo cristiano que afirma que las ideas surgen a partir de las cosas, que la infraestructura económica será capaz de construir una determinada realidad política. Sin probablemente compartir la terminología (si acaso y como mucho alguno podría haberse afirmado socialdemócrata), se creyó entonces que con carbón, acero y átomos se podría modelar, cual moderno Prometeo, el espíritu del pueblo europeo. Y, otra vez la soberbia humana frustrada, la criatura acontecida fue otra. No le llamaremos Frankenstein, pues sabemos que desde Hitler hay un peor palabro para definir lo diabólico. Aunque no habrá mortandades de aquel tipo, ni personajes siniestros que perseguir en sus escondrijos décadas después, sabemos que hay algunos responsables del actual horror económico, del desconcierto político, de la falta de legitimación de las instituciones de la Unión Europea.

Duelo norte - sur en el seno de Europa

Un monstruoso nuevo Reich, lo quiera o no Angela Merkel o quien haya de sucederla al frente de Alemania, ha alumbrado aquel proyecto originario de las comunidades europeas. No es cuestión, ni momento, de culpabilizar a nadie. Muchos otros son expertos en señalar con el dedo a los instigadores de caos bursátiles, a los depredadores financieros que los gobiernos no controlan, incluso a los infiltrados de éstos en instituciones políticas de todo tipo. Yo me refiero ahora a que ya van tres veces en casi un mismo siglo que se produce el enfrentamiento salvaje entre quienes se creen (y puede que lo sean en algunas cosas) mejores, y estos PIGS del sur, a los que hay que añadir, y no es casualidad que haya sido intervenida, la católica, pero norteña Irlanda.

Europa raptada por Zeus, ¿recuerdan? ¿Quién ha venido siempre a salvar Europa de su caos? Aquella extraña extremosidad de Occidente, más belicosa que Inglaterra, más desgobernada que España, más fracturada socialmente que Grecia, pero más unida que Europa. Esos Estados Unidos que amamos y odiamos a partes iguales, donde, como en cualquier unidad anidando un cuerpo colosal, la capacidad de hacer realidad las ideas allí gana probabilidad de forma exponencial.  Nuestra Europa camina vencida y zarandeada por su crisis, porque por sus costuras entra un frío atroz. La economía desgobernada del Occidente extremo americano se mantiene leve pero tenazmente atada por su espíritu, tejido a base de enemigos exteriores, una bandera en el patio, un ejército, un himno…y Dios.

No sé, no me pidan una tesis, ni conclusión final, tal vez seamos capaces de encontrarla juntos a lo largo de las semanas, pues sus comentarios serán también trozos de mis ideas, para la subsiguiente vuelta de tuerca que podamos darle al tema, y sus subtemas, semanalmente, pero sé y dije desde el principio que esta crisis económica nos coge desprevenidos por la otra, y mas grave, la crisis moral, que nos corroe de tal modo de permitirnos asistir (otra vez) con indolencia al infortunio cada vez más abracadabrante de nuestros más cercanos compatriotas, y que aunque afecta a todo Occidente, la vieja Europa, mirándose el ombligo, arrastra un pecado más, ese ensimismamiento melancólico  que nos incita a hacer la siesta mientras se produce el desembarco de Normandía.


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