Medioambiente

El libro de la polución se lee en las plumas

Arriba un gorrión de 1906 y abajo uno de 1996
Arriba un gorrión de 1906 y abajo uno de 1996 PNAS

Las plumas de las aves conservadas en los museos de historia natural aportan datos muy valiosos sobre la presencia de contaminación en la atmósfera.

El cuerpo de animales y plantas puede ser a la vez un calendario y un detector de sustancias. Así, utilizamos por ejemplo los anillos de los árboles para conocer los cambios en el clima y la cera del oído de las ballenas para detectar la presencia de contaminantes. Ahora, el equipo de Shane DuBay y Carl Fuldner acaba de añadir un nuevo biotetector a la lista: han obtenido datos sobre la contaminación del pasado analizando las variaciones de color en las plumas de los pájaros que se conservan en los museos.

Lo que convierte a las aves en un medidor fiable es que cambian las plumas cada año

En un trabajo publicado este lunes en la revista PNAS, los autores describen el análisis de más de un millar de aves conservadas en The Field Museum de Chicago durante los últimos 135 años en cuyo plumaje se puede ver claramente la evolución de los niveles de polución en esta zona del cinturón de óxido (Rust Belt) de Estados Unidos. “Estos pájaros estaban actuando como filtros de aire en movimiento a través del medioambiente”, resume DuBay. Por supuesto, los ornitólogos del museo ya sabían que las aves de principios del siglo XX tenían un aspecto más oscuro debido al hollín que flotaba entonces en el aire. “Cuando tocas estos pájaros se te queda la carbonilla en las manos”, explica la investigadora. “Teníamos que usar guantes blancos para manejarlos y se nos manchaban, como cuando te manchas los dedos de tinta mientras lees el periódico”.

Diferencia de tonos en aves recogidas en distintas fechas
Diferencia de tonos en aves recogidas en distintas fechas Carl Fuldner and Shane DuBay, The University of Chicago and The Field Museum

Durante el tiempo en que estos especímenes sobrevolaban la ciudad de Chicago, las partículas contaminantes en suspensión se adhirieron a sus plumas igual que se pegan al filtro del aire acondicionado. Lo que convierte a estos animales en un medidor fiable es que cambian las plumas cada año, de modo que la contaminación que se encuentra en su plumaje es la que acumularon durante el año anterior a su captura para la colección del museo. Y en la revisión de los especímenes de varias décadas había una tendencia clara: las aves más antiguas estaban más oscuras y las más modernas más claras.

“La carbonilla en las plumas de estas aves nos ha permitido registrar la cantidad de carbón en el aire a lo largo del tiempo, y hemos descubierto que el aire en el cambio de siglo estaba incluso más contaminado de lo que los científicos pensábamos”, explica DuBay. “Si miras al cielo en Chicago hoy, verás que es azul. Pero cuando ves imagines de Pekín o Delhi, te haces una idea de cómo fue alguna vez el cielo de ciudades de EE.UU. como Chicago o Pittsburgh. Usando las colecciones de los museos hemos sido capaces de reconstruir esa historia”.

“Hemos descubierto que el aire en el cambio de siglo estaba más contaminado de lo que pensábamos"

Para medir estos cambios, el equipo desarrollo una técnica basa en el análisis de las fotografías de los especímenes, a partir de la cantidad de luz reflejada. “Nos sorprendió la precisión que conseguimos alcanzar”, asegura la investigadora. “La carbonilla en las aves refleja de forma muy aproximada el uso del carbón a lo largo del tiempo. Durante la Gran Depresión, hay una bajada brusca de la carbonilla en las aves porque el consumo de carbono se desplomó”. De la misma manera, el color de las aves volvió a oscurecerse durante la II Guerra Mundial, cuando aumentó la producción de las fábricas y descendido progresivamente cuando las casas empezaron a calentarse con gas natural en lugar de con calderas de carbón.

El hecho de que las aves más recientes estén más claras no quiere decir, sin embargo, que el aire de las ciudades esté ahora completamente limpio, advierten los autores. “Aunque EE.UU. emite mucho menos partículas de carbón a loa atmósfera, seguimos bombeando enormes cantidades de contaminantes”, advierten. “Estos contaminantes no son tan visibles como la carbonilla, pero mucha gente en todo el planeta sigue viviendo con aire colapsado por la carbonilla en sus ciudades”. “Espero que estos resultados ayuden a los científicos climáticos y atmosféricos a entender mejor los efectos de las partículas de carbón sobre el cima”, concluye DuBay, quien también subraya la importancia de conservar las colecciones de los museos para seguir obteniendo información.

Referencia: Bird specimens track 135 years of atmospheric black carbon and environmental policy (PNAS)


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