LENGUAJE

"Los delfines no hablan de filosofía"

Un estudio reciente anunciaba el registro de la primera "conversación" entre delfines. El investigador Javier Almunia, experto en bioacústica, cree que aún no tenemos pruebas para afirmar científicamente que los delfines "hablan" entre sí.

Javier Almunia durante una de sus investigaciones
Javier Almunia durante una de sus investigaciones Cortesía de Javier Almunia

A principios de septiembre el grupo de Vyacheslav Ryabov anunciaba en la revista Physics and Mathematics que había documentado por primera vez la conversación entre dos delfines. Yasha y Yana, que así se llaman los dos ejemplares, habían sido registrados durante unos 35 segundos mientras intercambiaban sonidos en la piscina de la Reserva Natural Karadag, en Ucrania, y parecían estar esperando a que el otro terminara la frase, como en una conversación entre humanos. 

El estudio alcanzó cierta relevancia y se anunció en algunos medios comola primera conversación entre delfines jamás registrada, pues la grabación a muy baja frecuencia ofrecía pruebas de que ambos animales esperaban a que el otro terminara para emitir sus suyos. Pero, ¿es esto prueba suficiente para demostrar la existencia de una "conversación"? Para el investigador Javier Almunia, experto en bioacústica y director de Asuntos Medioambientales de la Fundación Loro Parque, se trata de una exageración. "Las conclusiones que extrae son absolutamente imposibles con el análisis de datos que presenta", explica a Next. "Utiliza solamente 50 sonidos, de los que no se repite ninguno y concluye que es un lenguaje estructurado igual que el humano solamente porque cuando un delfín vocaliza el otro no, algo que no parecería raro si alguien trata de comunicar algo". 

La secuencia de pulsos registrada por Ryabov et al. 

Almunia lleva más de 10 años estudiando la comunicación entre orcas en el acuario de Loro Parque y trabaja con la Universidad de La Laguna en el desarrollo de un software que pretende analizar estas secuencias de sonidos en busca de coincidencias que permitan una interpretación. "Sí, normalmente los animales intercambian sonidos y a veces se superponen unos con otros, pero generalmente cuando uno está emitiendo sonidos el otro está escuchando", apunta. "Pero sacar de una secuencia de 35 segundos la conclusión de que dos animales están "hablando" es ir demasiado lejos". De hecho, no es la primera vez que se observa un comportamiento similar en esta y otras especies. Hace unos años, por ejemplo, el equipo de Don White, del Proyecto Delphis, en Hawái, registró el intercambio de sonidos entre una madre y una cría en dos piscinas separadas a través de un sistema de comunicación de audio, como si hablaran por teléfono. Aun así, los científicos están muy lejos de descifrar el código o de tener pruebas ni siquiera de que este código exista y que ambos animales estén "hablando". 

Almunia lleva diez años trabajando en un software que ayude a descifrar el lenguaje de las orcas 

Entre los méritos del trabajo de Ryabov está el haber conseguido discriminar bien la fuente de los dos sonidos (en la naturaleza y cautividad es difícil distinguir que delfín se está expresando en cada momento) y en utilizar por primera vez los clics de baja frecuencia de estos animales como supuesta vía de comunicación, pues el resto de investigaciones se basan en los silbidos (muchos de ellos audibles para el oído humano). ¿Contienen significado estos clics de baja frecuencia? Los resultados que ofrece el trabajo de Ryabov  están muy lejos de probarlo, según Almunia. En el estudio se habla de la posibilidad de que determinadas secuencias correspondan a fonemas de un lenguaje, pero para eso debería haberse hecho un análisis estadístico de una muestra mucho mayor. Almunia y su grupo, por ejemplo, estudian sonidos parecidos en las orcas, una serie de emisiones pulsadas y han sido capaces de identificar un repertorio de 15 a 20 sonidos que se repiten, pero sobre cuyo contenido aún no tienen ninguna pista. Y el repertorio que pretenden estudiar es de 35.000 sonidos.

"Lo que sí parece es que no hay una gran complejidad en el caso de las orcas", explica Almunia. Su trabajo y el de su equipo se han centrado en diseñar un software que les ayude a descifrarlo. "Sería como la piedra de Rosetta de la bioacústica", asegura, "encontrar el sistema que automáticamente clasificara los sonidos de los animales sería dar un salto de gigante". Mientras obtienen la herramienta los análisis se siguen haciendo por observadores humanos y  los resultados no son demasiado esperanzadores respecto a la capacidad de comunicación de estos animales. 

"Todo lo que parece haber es precisamente lo contrario, que no son capaces de hacer grandes combinaciones de símbolos", explica Almunia. "Hasta ahora lo que se ha estado viendo es que no hay secuencias largas de esos 20 sonidos que hemos identificado como estereotipados", prosigue. "La secuencia habitual de palabras de orca digamos es de 3 o 4 sonidos. Una hace un sonido, otra responde, y vuelve a hacer un sonido y responde. Esa es la información que tenemos que ir desentrañando para poder decir con rigor científico si los animales están intercambiando secuencias complejas de sonidos o no". 

"Los delfines no hablan de filosofía", asegura Javier Almunia 

Dicho de otro modo, en este momento hay tantos elementos para pensar que los cetáceos emiten estos sonidos como una especie de ronroneo sin significado que como un lenguaje complejo como el de los humanos. "Puede tener el significado que tiene el ronroneo de un gato, puede tener un significado afiliativo, que dos animales que tienen un vínculo determinado simplemente lo estén reforzando. Estas hipótesis son tan válidas como la otra, porque no hay forma de demostrar cuál de las dos es correcta, habría que investigar muchísimo más para llegar a esas conclusiones". En su trabajo sobre Yasha y Yana, en cambio, Ryabov  concluye diciendo que "los humanos debemos dar el primer paso para establecer relaciones con los primeros habitantes del planeta Tierra", una afirmación que parece más cercana a los delirios psicodélicos de John Lilly que al estado del arte de la bioacústica. 

¿Qué es lo que sí sabemos con alguna certeza sobre el lenguaje de los cetáceos? En primer lugar que hay una gran diferencia entre los dos principales grupos. Mientras los misticetos (las ballenas barbadas)  se comunican a mucha distancia mediante cantos que recuerdan en cierta forma a las de las aves (las ballenas jorobadas terminan adoptando todas cada año la misma canción, como si fuera el éxito del verano), los odontocetos como cachalotes, orcas y delfines tienen unas expresiones más sofisticadas, mediante silbidos y clics que quizá les sirvan para coordinarse cuando cazan en grupo. "La comunicación de los misticetos tiene que ver con cuestiones de transmitir la buena calidad del macho que está emitiendo esa canción y que llegue a la mayor cantidad de hembras posibles, ahí la información es bastante poco relevante", explica Almunia. "Sin embargo, la necesidad de comunicación de un grupo de delfines es coordinarme para cazar el grupo de peces que tenemos delante". 

“Quizá el lenguaje de los delfines sea solo un ronroneo para reforzar relaciones” 

También sabemos que los odontocetos tienen diferentes "dialectos" según el grupo y la región donde se hayan criado y que cuando se juntan grupos con diferentes expresiones se suele producir una mezcla que acaba en nuevos sonidos de consenso. En los delfines también se ha comprobado que utilizan sonidos de firma, es decir, que repiten una secuencia de sonidos para identificarse en el grupo, una especie de “soy yo, soy de los vuestros". "Lo que se viene sabiendo hasta ahora es que evidentemente los delfines no hablan de filosofía", resume el investigador. "No tienen conversaciones complejas como desearía alguna gente. Posiblemente no tengan una comunicación más complicada que la de otros grupos de mamíferos terrestres como los lobos o hienas. Ahora mismo con los conocimientos que hay no creo que nadie pueda decir lo contrario". 

Otros investigadores del lenguaje de los cetáceos coinciden en este punto de vista. Los delfines, por ejemplo, parecen charlar a veces animosamente, como si estuvieran en una fiesta, pero a menudo utilizan las burbujas y los movimientos corporales para comunicarse. "Yo imagino que se dicen cosas como ‘hay algunos buenos peces allí’ o ‘cuidado con ese tiburón que está cazando’”, asegura Denise Herzing, que investiga a estos animales en las islas Bahamas. Otras veces, dice Herzing, unos piden ayuda a otros y acuden al rescate de un compañero como si reconocieran al agresor. 

En opinión de Almunia lo que expresa un delfín sería algo aparecido a "Hola, soy Paco, hola, soy Paco, ¿jugamos? ¿Jugamos? Hola, soy Paco". "No creo que vaya mucho más allá, de hecho para mí sería sorprendente por los resultados que voy viendo, porque no hay una capacidad de codificación tan grande como para establecer conversaciones complejas. Como mucho es posible que hablen de cómo comerse el próximo pez, eso sería algo bastante práctico. Desde un punto de vista absolutamente racional yo me espero que estos animales intercambien información sobre sus cuestiones sociales, jerárquicas, sobre cómo organizarse para comerse el próximo pez o cómo atacar a la siguiente foca, o cuestiones afiliativas o sexuales, fuera de eso lo demás es pura fantasía". 

Referencias: The study of acoustic signals and the supposed spoken language of the dolphins (St. Petersburg Polytechnical University Journal: Physics and Mathematics) http://dx.doi.org/10.1016/j.spjpm.2016.08.004 | Vocal Sharing and Individual Acoustic Distinctiveness Within a Group of Captive Orcas (Orcinus orca) (Journal of Comparative Psychology) | Imagen: Matthew Baya Follow (Flickr, CC)


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