Cultura

¿Es transparente la elección del Premio Nobel de Literatura?

Este jueves 5 de octubre la Academia sueca anunciará a quién concede el reconocimiento. ¿Cómo se elige? ¿Por qué grandes autores han quedado fuera? ¿Sabía que dos escritores académicos lo ganaron, el mismo año?

Philip Roth en Newark.
Philip Roth en Newark.

Kafka, James Joyce, Proust, Nabokov, Jorge Luis Borges… Autores fundamentales, catedrales de la palabra escrita –está justificada la hipérbole- forman parte de un grupo del que ninguno querría forman parte: el de los grandes ignorados por la Academia sueca al momento de conceder el Premio Nobel de Literatura. Por criticado y polémico que resulte un sistema que sólo premia seis categorías del conocimiento, el Nobel sigue siendo uno de los reconocimientos de mayor peso en la consagración de un creador o investigador y en el campo literario, sin duda, una de las preseas fundamentales. 

Philip Roth puede que sea el peor y más recalcitrante ejemplo de este grupo de agraviados por la miopía de la Academia. Todavía hay tiempo para enmendar la omisión. Sin embargo,  surge la pregunta, ¿no queda ya el cupo norteamericano cubierto tras el reconocimiento a Bob Dylan en 2017? Ya en 2009, el año en que se concedió a Herta Müller, la crítica literaria estadounidense acusó a la Academia de  eurocéntrica por haber obviado, una vez más, a Roth…. Justo cuando queda un día para el anuncio del máximo premio que se concede a la obra de un escritor, conviene repasar las oscuras anécdotas –unas de ellas apócrifas, otras no- por las cuales muchos de los más grandes autores han sido ignorados y apartados.  

¿Qué se cuece detrás de cada una de estas omisiones? Pues una rara combinación de factores en los que entra la ideología, la política, el lobby y, por supuesto,  el sistema de elección

¿Qué se cuece detrás de cada una de estas omisiones? Pues una rara combinación de factores en los que entra la ideología, la política, el lobby y, por supuesto,  el sistema de elección que emplea la institución. Quedar empañado por una nominación previa o una racha demasiado larga de la literatura de un país por encima de otros influye, pero mucho más decisivo es, por ejemplo, el poder de influencia de determinados candidatos o las afinidades que estos tengan con los comités que postulan y eligen. Sólo hay que ver las cifras del Nobel de Literatura. Si bien los premios se crearon en 1895, no comenzaron a entregarse hasta 1901. Desde ese entonces, los escritores suecos han recibido más premios (7) que España (6) o Italia (6), y más que el conjunto de los países de Asia, que suma un total de 5 entre Japón, China, Asia y Turquía.  

Para cada categoría de los Nobel existe una Academia específica. En el caso de literatura es la Svenska Akademien. Está conformada por 18 miembros. No todos intervienen al mismo tiempo, ni de la misma forma.  Hasta la votación definitiva de la que saldrá el ganador, el trabajo principal del comité Nobel lo realizan cinco miembros. Los miembros de ese comité envían una carta a cerca de mil personalidades, instituciones y autores para que propongan sus candidatos. La regla más elemental es que nadie puede proponerse a sí mismo. Una vez reunidas esas propuestas, este organismo presenta las listas de nombres que la Academia debe llevar a una versión reducida de cinco candidatos. Una vez confeccionada esa lista, se estudia cada obra y se presenta un informe, que desemboca en el proceso final de elección. El  candidato distinguido debe contar con más de la mitad de los votos de todos los académicos. 

Desde ese entonces, los escritores suecos han recibido más premios (7) que España (6) o Italia (6), y más que el conjunto de los países de Asia

Desde fuera, el asunto parece rígido, impoluto e inquebrantable. Sin embargo, hay historias que invitan a descreer tal cosa.  Algunos críticos literarios y periodistas aseguran que a Vladimir Nabokov no se le concedió el Nobel por un asunto de influencias. A él y a unos cuantos más. En  1974  el autor de Lolita fue rechazado, al igual que Graham Greene y Saul Bellow, para otorgar el premio a Eyvind Johnson, quien además compartió premio ese año con Harry Martinson. Ambos eran suecos y pertenecían a la academia, de hecho Johnson lo fue desde 1924 hasta 1973, justo el año previo.

Otras causas y procesos menos endogámicos, pero no por ello menos políticos, han opacado y afectado el reconocimiento.  Algo así fue lo que le ocurrió a Jorge Luis Borges .Cuenta el ensayista uruguayo Emir Rodríguez Monegal en Borges, una biografía literaria, que en 1976 el escritor argentino "ya había sido elegido a medias con Vicente Aleixandre, el poeta surrealista español, para el premio". Entonces pasó lo que pasó. El 21 de septiembre de 1976, Borges, invitado por Pinochet, viajó a Chile. Allí recibió de manos del dictador el doctorado honoris causa en la Universidad de Chile y pronunció un discurso con palabras elogiosas para Pinochet. Sin embargo no fue esa la única foto de grupo que alejó a un escritor de los criterios políticos. Ese mismo año, pero el 19 de mayo, se celebró un almuerzo en el que participaron el dictador argentino Jorge Videla, el general y secretario de la Presidencia, José Villarreal con un grupo de escritores –entre los que Borges repitió- y en el que se encontraba Ernesto Sábato.

Eyvind Johnson y Harry Martinson, los ganadores de 1974 (el año de la candidatura de Nabokov) pertenecían a la academia. Johnson lo fue desde 1924 hasta 1973, justo el año previo

Entre el criterio político y el literario se tensa una terrible cuerda que ha dado no pocos tirones. En 2004, cuando se concedió el premio a la austriaca Elfriede Jelinek, el académico Knut Ahnlund alzó su voz en contra. Según Ahnlund la obra de la austríaca no reunía el más elemental valor literario y desprestigiaba el premio. En el capítulo de los criterios, hay más casos. Hace unos años, en 2012, salieron a la luz pública las deliberaciones del año 1961, hecha en la que Tolkien fue propuesto. El autor de El señor de los anillos fue descartado en aquella ocasión porque, según uno de los académicos, "no está en modo alguno a la altura de la narración de alta calidad". Ese mismo año Lawrence Durrell, Robert Frost y EM Forster también fueron apartados para conceder el Premio al escritor yugoslavo Ivo Andric. Durrell fue descartado por “su monomaníaca preocupación por las complicaciones eróticas" y Frost, en cambio, porque era muy viejo (tenía 86 años).

Mario Vargas Llosa (Nobel de Literatura 2010) acusó a la Academia de frívola por conceder el Nobel a Bob Dylan

Francisco Umbral atribuyó muchas omisiones a temas ideológicos disfrazados de tino literario. "Existen otras ausencias que creo que responden a una valoración ideológica surgida después de la II Guerra Mundial y que afectó a Ionesco o a Isak Dinesen, aunque antes de la guerra se había premiado a Pirandello, que podría haber sido objeto de la misma valoración. Las ausencias más visibles son las de TolstoiProust o Rilke", aseguró Umbral. Era escandalosa, aseguraba, la ausencia de Robert Musil, James Joyce, e incluso algunos de los dramaturgos escandinavos más importantes, entre ellos Henrik Ibsen y Strindberg, junto a otros autores como Henry James y Joseph Conrad.

Los desacuerdos no escasean ni quisiera entre los ya premiados. El año pasado, cuando se concedió el Premio Nobel de Literatura al cantante Bob Dylan, Mario Vargas Llosa (Nobel de Literatura 2010) acusó a la Academia de frívola. "El Premio Nobel debe ser para una obra literaria de calidad. Y reconocida para una que tenga calidad y que no sea tan conocida y, así, el premio le ayude a lograr reconocimiento. Debe ser un premio para escritores y no para cantantes. Sus palabras le valieron la ovación de su auditorio en Berlín.La línea seguida por la Academia Sueca, institución encargada de otorgar el premio, añade incertidumbre -por no decir desconcierto- debido a lo novedoso de las elecciones de los galardonados desde la llegada  de Sara Danius a la Secretaría de la Academia, hace ya dos años. Si en 2015 se premió por primera vez el género del reportaje periodístico en la figura de la bielorrusa Svetlana Alexijevich, el año pasado se traspasaron las barreras de la literatura convencional al reconocer al cantautor estadounidense Bob Dylan.


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