Cultura

Clara Sánchez, la verdadera historia de la escritora que cazaba nazis en Levante

La escritora retoma, después de seis años, la trama de Lo que esconde tu nombre, novela ganadora del Premio Nadal.

La escritora Clara Sánchez
La escritora Clara Sánchez EFE/Archivo

Hay intriga, sí. También venganza y cuentas pendientes. Seis años después de publicar Lo que esconde tu nombre, novela ganadora del Premio Nadal en la que Clara Sánchez  revelaba la existencia de antiguos nazis escondidos en el Levante español, la escritora retoma el asunto y lo hace con vocación de lucidez; de claridad. Se trata de Cuando llega la luz (Destino). En esta ocasión, han pasado dos años desde que Sandra y Julián –los protagonistas de la primera entrega- descubrieron la red de nazis residentes en el tranquilo pueblo de Dianium.  Sandra ya no es la joven endeble y alocada de entonces; es madre de un bebé y capitana de una vida estable. Julián pasa sus días en una residencia de ancianos donde procura seguir el rastro de los criminales de guerra que se camuflan en la senectud para seguir obrando en la penumbra. Porque eso es importante en esta novela: nada es lo que parece. Nada, ni nadie.

Un hecho desencadenará, después de tanto tiempo, el reencuentro entre Julián y Sandra. Volverán a la carga, pero con otras circunstancias. Una red de personajes: Santi, el hombre eternamente enamorado de Sandra; Lucy, la actual mujer de Santi, que hará de contrapeso… y con ellos un repertorio de seres que se descubrirán distintos, incluso en su abyección. El mal –presente en todas sus formas- se reconvierte en la larga travesía que acometen sus protagonistas. Donde había miedo, aparece la decisión. Ahí donde reinaba la oscuridad y el crimen, Clara Sánchez se permite encender la bombilla. Alumbrar con el bien las muchas pocilgas humanas.

Algunos se refieren a Clara Sánchez como la escritora caza-nazis. Y a su manera lo fue. En los años siguientes a la publicación de

Lo que esconde tu nombre, dice ella haber recibido cartas intimidatorias.

Algunos se refieren a Clara Sánchez como la escritora caza-nazis. Y a su manera lo fue. En los años siguientes a la publicación de Lo que esconde tu nombre, dice ella haber recibido cartas intimidatorias. Sin embargo, la verdadera cacería que libra Clara Sánchez es aquella que congrega a las personas alrededor de algo. La necesidad de  pertenencia que empuja  a los seres humanos a militar en una causa, por perversa que sea; a entregarse a una idea cómoda de sí mismos; a buscar una tribu dónde cobijarse. En ese paisaje, la escritora y Premio Planeta 2012 Clara Sánchez singulariza a los individuos, les concede el beneficio de redimirse con respecto a aquello que parecía ser de una manera… cuando en verdad era de otra. Porque en esta novela, hay que insistir, nada es lo que aparenta. Nada, ni nadie. Sobre eso habla Clara Sánchez en esta entrevista: de las muchas cuentas por ajustar que caben en la cacería que dos personajes acometen. Buscando nazis, se buscan a sí mismos. O acaso una versión mejor de sí mismos.

-La primera entrega planteaba la supervivencia del mal, expresado el nazismo, y por otro lado el miedo a descubrir la verdad. En esta segunda entrega ya no hay miedo. ¿Retoma esta historia para permitir  a los personajes hacerse fuertes?

-Sí. Y además para vengarse, quería permitirles vengarse. Estos personajes han estado madurado seis años dentro de mí. Julián se había quedado en la novela anterior como un hombre que descubre algunas cosas. No todo. Siempre hay más. Detrás de una puerta abierta hay otra, y otra, y otra. Julián me pedía ir más allá. En el libro anterior él tenía dudas, en este desarrolla un afán de venganza que tiene que acometer. Y no me importa la palabra venganza, porque él la necesita. Falta un ajuste de cuentas.

-Descubrir supone impartir justicia. Pero en esta novela, y lo advierte al comienzo, el mal se camufla.

-El mal es  como los insectos que se me mimetizan con los troncos de los árboles, por eso el nazismo no desaparece en esta novela. Desaparece el sistema del nazismo que produjo aquel horror del Holocausti, pero ese mal está en la gente, en los  micro fascismos que vemos en una sociedad. Desde la vida cotidiana en la que un marido apalea a su mujer hasta en una empresa en la que no se pueden decir ciertas cosas porque te pueden echar. El mal existe en todos los ámbitos, esas secuelas del nazismo de han convertido en micro fascismos.

"El mal es como los insectos que se me mimetizan con los troncos de los árboles, por eso el nazismo no desaparece en esta novela."

- Sandra vuelve como una mujer que se ha permitido madurar, alguien escarmentado. Y en una historia en la que todos los personajes buscan ser queridos, ella se vuelve independiente.  ¿Por qué retomó a los protagonistas? ¿Fue a buscarlos para ahondar en sus primeras heridas?

-He ido a buscarlos, porque nunca se han ido. Hay un momento en la vida de Sandra, cuando tiene a su hijo, se dio cuenta de cuánto se dejaba controlar por su deseo. En este momento ella siente, al fin, que ella domina sus deseos. Porque hay algo mucho más fuerte: la supervivencia, su hijo. Ella ha alcanzado la independencia sentimental, que es algo muy difícil. Se nos ha inculcado que si no tienes un amor o no tienes pareja estás incompleta. Ella logra desprenderse de esa dependencia sentimental aunque la presencia de Alberto permanece, como algo fantasmagórico, porque él es algo incompleto.

-Lucy es un personaje gris, que en su desesperación por ser querida se crece. ¿Cómo Lucy actualiza a Sandra? ¿Es un espejo de la primera Sandra? 

-Para mí Lucy fue como una aparición mariana. Al comienzo la narración pertenecía a Julián y Sandra. Y de pronto aparece esta persona con la que se forma el triángulo amoroso con Sandra y Santi. Ella aporta una candidez que faltaba, una candidez sabia. Lucy podría haber entablado una competencia con Sandra, volverse una bruja. Pero ella acepta que Santi siempre querrá a Sandra. Y lo acepta con sabiduría. Y eso es algo que no debemos perder: esa candidez.

-Hay un retablo del mal, por una parte. Y del otro, un retablo humano: sentimientos, miedos, afectos. ¿Qué une ambas cosas?

-El amor. El impulso al escribirlo era ese. El amor existe en muchas vertientes. Martín, el chico neonazi que forma parte de la hermandad, lo hace porque necesita pertenecer a algo, necesita depender. Eso nos pasa a todos en la vida cotidiana, sin que sea una aventura. ¿Cuántas parejas no permanecen juntas por simple dependencia? Hay otra, Frida, ella intuitivamente comienza a romper también su dependencia. ¿Cuál es la relación de Julián con la hermandad? Una venganza, depende de ese sentimiento. La relación de Lucy con Santi es la dependencia. Y la relación que tiene Sandra con ese amor fantasmagórico es también dependencia.  Aquí ese tema es clave. Es una dependencia sentimental, hasta el odio engancha. Clasificamos los sentimientos, pero el amor y el odio arrastran con igual fuerza.

"Martín, el chico neonazi que forma parte de la hermandad, lo hace porque necesita pertenecer a algo, necesita depender"

-¿Cómo ha cambiado su voz desde Lo que esconde tu nombre hasta hoy?

-Yo he cambiado mucho en estos años. Yo no me he vuelto vengativa, ni mucho menos. Pero mi vida ha cambiado. Ya no tengo esa candidez de entonces, pero intento conservarlo.  Por eso trabajé a Lucy, porque refleja lo que desearía ser. Lucy es lo que yo no quiero perder como persona.

-¿Lo consigue?

-A ratos…  A veces consigo conservar la candidez de mi infancia. La candidez no es ignorancia. Es algo parecido a tener el alma en el centro. Es algo que todos tenemos. Esta Lucy tiene todo eso que deseo conservar.

-Me va a disculpar, pero sus mujeres, llas de esta novela, son unas locas. Son temerarias, ambas se meten en unos viajes y en unas historias extraordinarias y complicadísimas.

-Sí, son unas locas –Clara Sánchez ríe-. Porque en algunos momentos, cuando ocurre algo extraordinario, la vida te obliga a tomar una actitud. Tienes que asumir una posición y eso te permite,  incluso, perder el miedo. Y a ellas les pasa.

-¿Cómo dialoga esta novela con sus otras novelas?

-Aunque la temática es diferente, hay una línea. Mi primera novela se llamaba Piedras preciosas y hoy me asombra comprobar que hay una coherencia, un espíritu que recorre todos mis libros: la obligación que la vida nos impone de descubrir que no somos lo que parecemos. Eso aparece en todas mis novelas. La imaginación en mis novelas actúa como un componente mágico, de que no todo está dicho. Y hay algo más, que es lo que siempre me ha motivado para escribir: en la vida, en lo cotidiano, siempre ocurre algo extraño que obliga a los personajes a reaccionar. Eso es algo que he sentido en mi vida. Por eso siento que la vida es muy extraña. Creamos una rutina y nos hábitos, los necesitamos para no darnos cuenta de lo extraña que es esta vida. Las relaciones interpersonales, esa dependencia de la que hemos hablado, y que en un núcleo familiar propicia muchas víctimas y muchos verdugos. La sensación de vampirización de unos con otros me interesa.

-La familia, el calor de hogar, es la paila perfecta para arder.           

-Puede pasar lo mejor y lo peor en la familia, genera una vampirización que no notamos. Y eso es algo que está presente en mis novelas.

"No me importa que digan que hago una narrativa de mujeres. Entre otras cosas porque las mayores figuras de la literatura son mujeres"

-A usted le atribuyen una narrativa escrita para mujeres. Pero, al margen de lo tópico en esa afirmación, es cierto: sus mujeres siempre son las grandes heroínas, incluso en una historia ‘masculina’ como ésta.

-No me importa que digan que hago una narrativa de mujeres. Entre otras cosas porque las mayores figuras de la literatura son mujeres: Alice Munro, Natalia Ginzburg, Mercé Rodoreda, que me parece una grandísima escritora… Ana María Matute. Hay unas escritoras excelsas y que a mí me han inspirado. No me importa nada, lo que pasa es que Lucy u Sandra se revelan como heroínas y hay muchas heroínas literarias porque las mujeres hemos estado oprimidas, y adquieren su oportunidad de rebelarse en la ficción. Ana Karenina no muere por amor, sino por na obsesión que no ha sido capaz de racionalizar y se suicida. Eso es un reflejo de la dependencia emocional.

-Sus heroínas no son destructivas. Sienten la búsqueda del bienestar como una obligación. Están locas, sí, pero buscar vivir mejor.

-No son unas Ana Karenina. Ni Lucy ni Sandra sucumben, ni buscan destruirse sino reconvertirse. Son mujeres fuertes, pero no lo saben. Lo van descubriendo.

-Para los que están pensando en el primer libro. ¿Qué no es Cuando salga la luz?

-No es el encierro de Lo que esconde tu nombre. Es otra cosa. Hay una búsqueda personal. Cuando llega la luzbusca el lado luminoso, no la penumbra de Lo que esconde tu nombre. Sin quitarle tensión. Aquí los personajes van a descubrir quiénes son.


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