Cultura

El olvido que seremos, de Héctor Abad: los diez años de un libro total

En el 2006, el autor colombiano publicó El olvido que seremos, un desgarrador relato sobre el asesinato de su padre Héctor Abad Gómez. Este martes 3 de octubre se presenta una reedición del libro junto con el documental Carta a una sombra, en Matadero, a las 20 horas. 

Héctor Abad Faciolince visita Madrid esta semana.
Héctor Abad Faciolince visita Madrid esta semana. Alfaguara

El día 25 de agosto de 1987, hace ya 30 años, dos sicarios dispararon contra el profesor Héctor Abad Gómez. Lo esperaron a la salida de la sede Sindicato de Maestros de Medellín y le dieron muerte. Tenía 65 años. En el bolsillo de su pantalón llevaba escrita en un papel una lista de amenazados que lo incluía a él y, copiado a mano, el primer verso del poema de Jorge Luis Borges que explica el título de Abad : "Ya somos el olvido que seremos...”. Con ese verso su hijo tituló el libro que dedicaría a este episodio.

Héctor Abad Faciolince tardó casi veinte años en escribir El olvido que seremos. Demoró casi media vida para ordenar y asignar palabras a una muerte arbitraria, brutal e inexplicable. Lo publicó en el año 2006. Una década ha transcurrido desde entonces. Tras el impacto que generó en los lectores de distintos países, Alfaguara reedita el libro en España. Esta versión revisada se presenta este martes 3 de octubre, a las 20 horas, en Matadero Madrid. Héctor Abad estará presente, además, durante la proyección del documental Carta a una sombra, que profundiza en la vida y muerte de un personaje que entraña, al mismo tiempo, la tragedia y la vocación de redención colombiana. Un hombre que se empeñó en salvar vidas y perdió la suya a manos de los paramilitares colombianos. Alguien a quien su hijo recuerda para propiciar la reconciliación, no el ajuste.

Treinta años, una muerte 

Héctor Abad Faciolince fue el primero en llegar, junto con su madre, Cecilia Faciolince, a la calle de Medellín donde yacía el cuerpo sin vida de su padre, aquel médico antioqueño. Aquel agosto de 1987. A partir de ese hecho, de ese cataclismo bajo el cielo antioqueño, el escritor emprende un bello y doloroso viaje hacia la figura del padre. Y no para hacer cuentas, tampoco para pedir la cabeza de sus verdugos. Lo hace para explicar a un hombre,  Héctor Abad Gómez: activista por los derechos humanos, promotor de la tolerancia y la educación, un destacado médico, profesor universitario, además de fundador de la Escuela Nacional de Salud Pública. Alguien que murió a manos de la violencia que tanto años dedicó a combatir. 

Héctor Abad Faciolince fue el primero en llegar a la calle de Medellín donde yacía el cuerpo sin vida de su padre

Su hijo necesitó cerca de veinte años para contar lo ocurrido. Destilarlo hasta que saliera de él la sustancia exacta de lo que él realmente ansiaba hacer: una memoria de su padre.El olvido que seremos fue el noveno libro de Héctor Abad Faciolince y uno de los más hermosos de su obra. Lo publicó en el año 2006 y con él, Héctor Abad Faciolince intentó mitigar un dolor –propio y colectivo-, al mismo tiempo que confeccionó una joya híbrida, un libro a mitad de camino entre la ficción y la no ficción que ha conmovido a lectores en todo el mundo. El olvido que seremos ha sido traducido al inglés, italiano, portugués, alemán, francés y holandés y ha sido reconocida con Premio WOLA-Duke en Derechos Humanos en Estados Unidos y el Prémio Criaçao Literária Casa da America Latina de Portugal.

Este libro humaniza y reflexiona el proceso de pérdida que atraviesan las sociedades donde la muerte se vuelve cotidiana e irracional

El espíritu de estas páginas es un alegato a favor de la belleza, la justicia y la razón que ha arrancado los aplausos de la crítica y de destacados intelectuales que supieron entender el espíritu personal y al mismo tiempo ciudadano de esta páginas. Porque en ellas Héctor Abad Faciolince no busca acusar a los verdugos de su padre. Intenta, acaso, entender el proceso de pérdida que atraviesan las sociedades donde la muerte se vuelve cotidiana e irracional. Por eso resuena el perfil este médico, la naturaleza generosa de un hombre que amó la vida y procuró darle sentido en cada acto. Su memoria sana la violencia que ha sufrido Colombia durante los últimos 50 años.

Colombia es también esta historia

El médico Héctor Abad Gómez (1921-1987) dedicó sus últimos años, hasta el mismo día en que cayó asesinado en pleno centro de Medellín, a la defensa de la igualdad social y los derechos humanos. Su trabajo como docente, médico y activista estuvo orientado a mejorar la salud pública y las condiciones de vida de los antioqueños. Estaba convencido de la necesidad del compromiso social de la medicina en países devastados por la pobreza, como Colombia. Su actitud militante lo convirtió en objeto de amenazas en innumerables ocasiones, pero él no quiso exiliarse, tampoco guardó silencio.

Su actitud militante lo convirtió en objeto de amenazas en innumerables ocasiones, pero él no quiso exiliarse

El olvido que seremos es la reconstrucción amorosa y paciente de ese personaje. Un hombre generoso, compasivo y tolerante. Médico humanista, alguien con una visión total del mundo y capaz de entender los sentimientos que lo recorren. Esa es la imagen que levanta su hijo de él. Catedrático universitario. Consultor en la OMS. Alguien que, en su insistencia por potabilizar los acueductos o vacunar a los niños, pareció despertar el recelo de un país dominado por la guerrilla y los paramilitares, quienes vieron en él una amenaza. Su sentido de la justicia y de la ayuda al otro quedan desplegados en un relato complejo, de momentos tan hermosos como crudos que le permiten a Héctor Abad Faciolince levantar, al mismo tiempo, un retrato de sí mismo y de su padre, así como desplegar un fresco de la historia colombiana durante los años 60, 70 y 80.

“Mi papá nunca tenía dinero suficiente porque siempre le daba o le prestaba plata a cualquiera que se la pidiera, parientes, conocidos, extraños, mendigos. Los estudiantes en la universidad se aprovechaban de él. (…) Yo sabía que los estudiantes le pedían plata prestada porque muchas veces lo acompañaba a la Universidad y su oficina parecía un sitio de peregrinación. Los estudiantes hacían fila afuera; algunos, sí, para consultarle asuntos académicos, pero la mayoría para pedirle plata prestada. Siempre que yo fui, varias veces mi papá sacaba la cartera y es entregaba a los estudiantes billetes que jamás le devolvían, y por eso alrededor de él había siempre un enjambre de pedigüeños. Pobres muchachos - decía-, ni siquiera tienen para el almuerzo; y con hambre es imposible estudiar”, escribe Héctor Abad Faciolince.

"Siempre que yo fui, varias veces mi papá sacaba la cartera y les entregaba a los estudiantes billetes que jamás le devolvían"

Hay honestidad en El olvido que seremos. En él, Héctor Abad Faciolince reconoce y desvela también los errores de su padre y, sobre todo, los suyos. El escritor hace un análisis de sus muchas cobardías, culpas, limitaciones y carencias. Se reprocha su pasividad, en un balance que se convierte en una denuncia y diagnóstico del “país más violento del mundo”. Abad señala hacia el irresoluble y cruento conflicto entre progreso e involución en América Latina y ofrece una ventana en la que la vida de su padre ofrece un horizonte de conocimiento y refundación.

La portada de la edición de Alfaguara de 'El olvido que seremos'.
La portada de la edición de Alfaguara de 'El olvido que seremos'.


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