Fernando Sánchez Dragó

Los 80 años de Fernando Sánchez Dragó: "Los enemigos me alimentan, los insultos me divierten"

El escritor y periodista nació en 1936. Este domingo alcanza los ochenta y lo hace convencido de una cosa: él es un clásico.

Fernando Sánchez Dragó: "Los enemigos me alimentan, los insultos me divierten"
Fernando Sánchez Dragó: "Los enemigos me alimentan, los insultos me divierten"

Son las doce y media de la mañana. De las 17 entrevistas que Fernando Sanchéz Dragó dice tener planificadas, con ésta va la cuarta consecutiva. Más que una gira de medios, el asunto parece un besamanos. En unos días, el domingo, Sánchez Dragó cumplirá 80 años. Además, publica libro:un ensayo sobre el elixir de la eterna juventud, una especie de manual de instrucciones que mezcla los yogures con el libre albedrío como camino hacia una senectud libérrima y vigorosa. "Antes los escritores escribíamos libros, ahora los editores pretenden que los vendamos", dice tumbado, casi absorbido, por el sofá blanco.

Algo en él, desde los surcos en el rostro hasta el cabello castaño desprovisto de canas a los ochenta, resuena con exageración

Nacido en el mes de octubre del año en que estalló la Guerra Civil, 1936, a Sánchez Dragó lo define –dice- su vocación: escribir. La verdad, la fabulación se le da bien. Algo en él, desde los surcos en el rostro hasta el cabello castaño desprovisto de canas a los ochenta, resuena con exageración. Cuarenta y dos libros publicados y 35.000 leídos, 100 países visitados, 7 mujeres y 4 hijos. De las galletas de marihuana y el LSD al embutido soriano, tierra que ha adoptado como suya; del comunismo de los años mozos al anarco-individualismo, una militancia que lo acerca a veces a la caverna, aunque a Dragó no le haga ni pizca de gracia la expresión. Ni pizca.

Polémico y lenguaraz, Sánchez Dragó ha pasado una vida entera encendiendo polémicas. A los 80 le da igual, y antes seguro. Con una camiseta roja estampada con un mensaje de esos suyos del tipo Yo no soy Dragó, el periodista desprende modales de prelado. Habla, no en endecasílabos, sino en titulares: echando escupitajos de gasolina sobre cada palabra. A su manera, una métrica de la combustión. “¿Qué pretenden? ¿Que diga lo que ellos piensan? Escribo lo que pienso, no lo que ellos piensan –dice, aludiendo a quienes lo emparentan con la caverna-. Los enemigos me alimentan y los insultos me divierten”.

Polémico y lenguaraz, Sánchez Dragó ha pasado una vida entera encendiendo polémicas. A los 80 le da igual, y antes seguro.

A Dragó, que lo ha sido todo o casi todo, sólo le falta una vida por vivir. La que tuvieron Aquiles o Ulises, dice. ¿Y cómo podía aspirar a menos alguien que lleva el aire de familia de Hemingway y Norman Mailer? Hombres expansivos, seres cuyo personaje ocupa el doble del espacio que su corpachón de armario y en cuya vida afectiva pastan los hijos y las esposas como astados en el campo:  por decenas. Son las doce y media de la mañana y ésta es la cuarta de las diecisiete entrevistas que Fernando Sánchez Dragó ha de contestar, toca hablarShangri-La, el elixir de la eterna juventud, su más reciente libro editado por Planeta, pero también de los muchos otros temas que Dragó ha hecho suyos, a pulso, como los personajes con sus antifaces.

-Del Partido Comunista a los 17 años al anarco individualismo de los 80 –aunque algunos lo colocan ya dentro de  la caverna-. ¿Reinventándose ha conseguido Sánchez Dragó la eterna juventud?

-Si no cambias, estás muerto. Es asombroso cómo la gente no se da cuenta de que hay ir probando todo. Las ideas, que son pasos hacia la verdad, no permanecen inmóviles. Por cierto, yo nunca fui comunista. A mí dentro del Partido Comunista me llamaban ‘maxista-hemingwayano’ o ‘marxista-vitalista’ –el periodista estruja la primera risa rasposa de la conversación-. Y es verdad, me embarqué en la única aventura que se podía correr en aquellos años: el antifranquismo. ¡Qué iba a ser comunista yo, siempre fui liberal, anarquista e individualista!

"¡Qué iba a ser comunista yo, siempre fui liberal, anarquista e individualista!"

-Hay una frase de William Blake que usted cita de entrevista en entrevista: una mente que no cambia de opinión se estanca y produce sabandijas.

-Y sapos y culebras, también. ¡Y cuántas alimañas más! Yo he ido cambiando a lo largo de toda mi vida, adaptándome a las circunstancias. Es un mecanismo de la evolución. Es sorprendente que a la gente le moleste que se evolucione. Al mismo tiempo, claro, permanece algo fijo que no cambia nunca: el carácter.  Y todos nacemos con uno. Carácter es destino, decía Platón. El carácter es vocación. Yo vine con un destino a este mundo: ser escritor. He sido leal siempre a ella. Incluso desde mis escritos del colegio está presente.

-¿Usted guarda todavía esos papeles? Y lo que es peor, los lee.

-A veces aparecen solos. O porque los guardaba mi madre.

-Periodista, escritor, viajero, hippie, chamán, agitador… ¿qué no ha sido Sánchez Dragó?

-Con esa pregunta, pone el dedo en una llaga muy abierta en mí… -hay cortesía y educación en la puesta en escena de Dragó-.

-¿No me diga que está pensándose lo de ser torero?

-Me habría gustado ser torero, es el último héroe que nos queda –Dragó mira al techo, buscando algo más con qué adornar el lance-.

"A mí me habría gustado ser héroe. Me habría gustado ser Aquiles, Ulises..."

-¿Pero…?

-A mí me habría gustado ser héroe. Me habría gustado ser Aquiles, Ulises, pero ahora que voy a cumplir 80 años y voy escribiendo mis memorias, aunque toda mi obra sea autobiográfica, evoco distintas partes de mi vida y me doy cuenta de que es peor aquello que no he hecho, lo que no he sido. Repasas aquellas cosas que hiciste aunque no lo desearas. Te das cuenta de los muchos errores cometidos. La vida es siempre es una equivocación. Es como aquella frase de Borges: ‘yo que tantos hombres he sido’. Y digo, para mí, yo que tantos muertos he sido, porque cada vez que no elegí un camino, moría.

-Cíteme uno de sus caminos de cabras, aquellos donde erró la ruta.

-¡Las mujeres!

-La primera vez que usted entró en la cárcel de Carabanchel, se casó. Volvió a la prisión, en total, cinco veces más. ¿Cayó más veces en el talego que en el matrimonio?

-Afortunadamente en la época de Franco no te podías divorciar, porque mi vida habría sido mucho más complicada. Pero digamos que vidas y relaciones conyugales, con hijos y economía compartida, en estos momentos culmina la séptima y está a punto de comenzar algo muy parecido a la octava. Eso lo cuento en el libro –acota, casi como un reclamo publicitario-. Es asombroso que una persona que nunca haya querido emparejarse lo haya hecho continuamente. Porque voy a decir algo, y seguro que no le va a gustar: todas las mujeres al final quieren casa, y los hombres caza.

-¡Hombre! Tenga cuidado, que las consonantes siempre bailan. Se lo digo para que no lo sorprenda  en su nuevo affaire.

-Quizá, pero todas las mujeres con las que he tenido una mínima relación prolongada, han puesto el cepillo de dientes en el vaso de mi lavabo. Pero yo, que como Norman Mailer sólo he querido ser libre en París, apenas he tenido un periodo de dos años en el que no he estado emparejado. Fue el momento de mi vida más feliz que recuerdo. Igual que te digo mujeres, te digo los hijos. Tengo una cantidad de hijos…

-Más que Lope de Vega, no creo.

-Tengo cuatro. Pero claro: uno tiene 57 años, otra 47, otro 37 y uno de 4. Son cuatro hijos que parecen 44. Y aunque soy muy padre, la verdad es que yo nunca he querido tener hijos porque son los enemigos naturales del escritor. Si no tuviera hijos, en lugar de 42 libros, tendría 84.

"Yo me crucé con mi destino en los años sesenta. ¡Yo fui el primer hippie español en Katmandú! ¡No había ninguno!"

-El manuscrito de La historia mágica de la España mágica lo rechazaron Javier Pradera en Alianza; el cura Aguirre en Taurus  y Jaime Salinas en Alfaguara. Hoy tiene 74 ediciones.

-Cada escritor se cruza con su destino. A Senprúm le pasó, por ejemplo, en el campo de concentración nazi. Y continuamente volvía sobre ese tema. Yo me crucé con mi destino en los años sesenta. ¡Yo fui el primer hippie español en Katmandú! ¡No había ninguno! Toda mi obra gira alrededor de eso.  Está mal que yo lo diga, pero Gárgoris y Habidis me convierte en un clásico. Un libro que está 50 años en las librerías es un clásico.

-¿Cómo vive un clásico estos tiempos neo-conservadurismo? Esa pandilla de gente tolerante, ¿lo aburre?

-El mundo actual, el que me rodea, es mucho más pacato que el que yo viví. Yo tuve muchísima más libertad en la España de Franco que en la actual. Y esto no es una frase política. No estoy haciendo un juicio político.

"El puritanismo imperante en estos momentos atufa. Por supuesto que detesto el mundo que me rodea"

-Ya, lo ha dicho antes. Lo escribió en un texto en 2015. Entonces ya lo pusieron a parir.

-Que me pongan a parir a mí me importa un bledo. ¿Qué pretenden? ¿Que diga lo que ellos piensan? Escribo lo que yo pienso, no lo que ellos piensan. Los enemigos me alimentan, los adversarios me alimentan y los insultos me divierten. Significan que estoy diciendo mi verdad. Pero, bueno, cuando te digo que en la España de Franco había más libertad no estoy diciendo nada político. Porque en la España de la Edad Media también había más libertad que hoy. Y no en España, en el mundo entero. Ha desaparecido la libertad de costumbres, estamos sufriendo una oleada de puritanismo. Pero es normal, la historia zigzaguea: una oleada de puritanismo, una oleada de libertinaje. Azorín decía ‘vivir es ver volver’. El puritanismo imperante en estos momentos atufa. Por supuesto que detesto el mundo que me rodea. Me quedo con el que no pueden tocar, que es mi mundo interior. Cuando yo estaba en la cárcel tenía la impresión de que yo era mucho más libre estando  de este lado de los barrotes que los que estaban del otro.

-La cárcel era el lugar ideal en la forja de su personaje escritor.

-Yo quería ser Hemingway y en realidad era un niño del barrio de Salamanca…

-No era usted el único. Muchos más como usted, alumnos del colegio El Pilar, fueron a parar a la cárcel de Carabanchel.

-Porque aquello  era un colegio de élite, donde se formaba a la oposición. Detesto la chusma. Soy elitista a más no poder. Defiendo la aristocracia, que no tiene nada que ver con la sangre azul. Aristoi en griego significa los mejores, los cultos, los inteligentes, los ilustrados, los libres. Yo fui a un colegio de aristócratas –hace énfasis en la tilde, parte la palabra como a una rama: aristó-crata-, que era el Colegio del Pilar, donde me inculcaron los valores de la libertad. Cuando acabé el colegio, el director llamó a mi madre y le dijo: Señora, a este  chico no lo ate usted corto, dele cuerda y permítale que estudie filosofía. No lo convenza para que se haga notario.

"Detesto a la chusma. Soy elitista a más no poder. Defiendo la aristocracia"

-A usted le horrorizará entonces el adanismo de Pablo Iglesias y Albert Rivera, y no digamos ya el de Pedro Sánchez.

-Ha habido una infantilización general de la sociedad. Los políticos son los más infantiles. Son lo más representativo de ese mundo perpetuamente adolescente. No son nada. Un albañil es un albañil, un carpintero es un carpintero, un ingeniero es un ingeniero. Ellos no.  Son una isla en el aire. Ni son ni hacen nada, sobre todo en esta nueva religión de nuestro tiempo que es la democracia.  Sólo buscan tu voto. Hay una anécdota conocida de Fraga, que estaba en campaña: iba de un lado a otro, entre ellos al Corte Inglés. Comenzó a darle la mano a los niños, a las viejitas, a las señores y señores, hasta que le dio la mano a un maniquí. Eso son los políticos: gente que le da la mano a un maniquí.

-Se dice que los políticos son menos cultos que hace 20 o 30 años, y si son de derechas, el asunto empeora. ¿Cuál de esas dos cosas es cierta?

-Los políticos de hoy son analfabetos, no leen nada, ni siquiera el periódico. Les preparan un resumen de las cositas y de los titulares. Los políticos de la transición tenían una cultura y un respeto por el escritor. Aznar nos llevó a mí y a José Luis Garci y a Raúl del Pozo a la Moncloa, nos invitaba a comer, recitaba poemas de memoria. Al menos era culto. Felipe González también, la famosa bodeguilla. Ni qué decir Calvo Sotelo. Los políticos actuales son analfabetos porque son el reflejo de la gente que los elige.

"¿Si Esperanza Aguirre lee o no lee…? Pues, a ver. Ella es una Gil de Biedma. Algo se le habrá pegado"

-Me debe la segunda respuesta. Y aprovechando que Esperanza Aguirre es su amiga se lo preguntaré. Siempre se ha dicho, con esa anécdota apócrifa de Saramago, que ella no lee. ¿Es eso cierto?

-Eso es mentira, dicho por José Saramago, que era amigo mío. Eso es un bulo de los periodistas. ¿Si Esperanza Aguirre lee o no lee…? Pues, a ver. Ella es vecina mía. Hombre es una Gil de Biedma, ha nacido en un ambiente culto. Algo se le habrá pegado.

-Sobre su biblioteca en Soria…

-¡Seguramente la mayor biblioteca privada del mundo!

-Alrededor de 110.000 ejemplares. ¿Ha intentado algún escrutinio de la biblioteca?

-No he sido capaz. Tengo el fetiche del libro. Voy a cumplir ochenta años el domingo pero mi verdadero cumpleaños es el día del libro. Aprendí a leer a los 3 años y de media, cada año de mi vida, he leído 500 libros –matiza Dragó, los ha leído o los ha hojeado con detenimiento-. Multiplique: si llevo 75 años leyendo 500 libros, ¡saque la cuenta! Cuando viene un periodista como usted y me hace esa pregunta típica, digo: treinta y cinco mil. Y entonces me dicen, hala venga, ya está Dragó el fanfarrón, el exagerado. Multiplique. ¡Tengo tantos, pero tantos, que no me he planteado un escrutinio! Menudo muerto le he dejado a mi familia. He pensado en quemarlos, pero trasladarlos a un lugar para hacer una pira en la plaza pública, pero me saldría carísimo.

"Aprendí a leer a los 3 años y de media, cada año de mi vida, he leído 500 libros"

-¿Qué le ha dicho Carmena del cambio de nombre de la plaza Pujol, la que dijo usted que conservaba el nombre del asesino de su padre?

-Yo la quité hice por mi cuenta. Hasta vino la policía.

-He leído que usted la mandó a llamar para darle visibilidad al asunto.

-Pero lo hice. Después de aquello, llamé a Esperanza Aguirre, a Carmona y Carmena. Respondieron apoyándome. La alcaldesa Carmena me citó, muy educada y simpática. Me dijo que lo estudiarían. A los pocos días recibí el expediente de la plaza y la calle. Luego se creó esa comisión en la cual Andrés Trapiello, que es buen amigo mío, me dijo que mi caso era uno de los que iban a defender. Ahí está la cosa, no sé qué va a pasar.

"Pues eso le diría yo a Carmena: ni daifas, ni cortesanas. Son putas. Siempre las hemos llamado putas y así las seguiremos llamando"

-Me extraña que los voluntarismos de la Alcaldesa no le produzcan el escozor que otros políticos.

-A mí no me gusta hablar mal de nadie. Porque en España ese es el deporte nacional: hablar mal de otros. Mire usted, que ha comenzado diciéndome que si la caverna. Claro, porque yo soy un Neandertal al que no le interesa nada de lo que haya pasado después del siglo quinto antes de Cristo. Pero bueno, en mi caso, lo hacen a cada rato. Yo no me fío de la gente que habla mal de otros, porque eso es juzgar. No le voy a hablar ni mal ni bien de Carmena. Ahora, lo que sí no voy a negar es que hay cosas indignantes, como lo de que aconseje a los periodistas que no llamemos a las putas, putas. Eso es el colmo del totalitarismo. Cuando yo tenía 14 años, en Soria, un gran historiador Juan Antonio Gaya Nuño, rojo, muy represaliado y muy castizo, publicó un libro El santero de San Saturio, donde evocaba la infancia y una de las cosas que contaba era el barrio de las putas, en Soria. Al referir cómo los señores se iban a tomar chocolate y picatostes con las putas, aprovechaba para ponerse lírico y barroco, se refería a ellas como las cortesanas, las daifas… Y de pronto, interrumpe el párrafo, pasaba a otro y decía: Ni daifas, ni cortesanas. En Castilla las hemos llamado siempre así: las putas. Pues eso le diría yo a Carmena: ni daifas, ni cortesanas. Son putas. Siempre las hemos llamado putas y así las seguiremos llamando hasta que de Carmena no haya ni rastro.

La conversación debe concluir, aunque si por él fuese seguiría. Ocasión no le falta, ya que en los sillones de enfrente dos periodistas más esperan su turno. A sus ochenta años, el cabello sospechosamente castaño y el rostro convertido en una salina, Sánchez Dragó se levanta con educación. Hace esfuerzos por zafarse del sofá que lo engulle. No ha terminado de despedirse cuando ya ensaya guiños con el próximo reportero. EL próximo domingo, Fernando Sánchez Dragó cumplirá 80 años y aunque de todas las vidas por vivir ansía la de Ulises, algo en él delata épica. La de volver, una y otra vez, a esa isla a la que viajan hombres y mujeres: la versión corregida y amplificada, el personaje que redime. El equipaje de quienes hablan en endecasílabos… o titulares.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba