Arte

Alberto Corazón: "La dignidad y el misterio son las claves esenciales de la creación artística"

Alberto Corazón
Alberto Corazón Javier Martínez | Vozpópuli

Sin Alberto Corazón España no sería tal y cómo la conocemos. Logotipos icónicos como el de los trenes de Cercanías, la ONCE o Paradores Nacionales son obra de este artista gráfico. Universidades, empresas, fundaciones, ministerios, la banca: pocas instituciones han evitado recurrir a su toque.

Confiesa: ¿qué es el arte?

Es lo que da sentido a mi vida. Lo que me nutre. Si te fijas bien, verás que estamos en un momento en el que las grandes cantidades son importantes. El mejor cantante es el que vende un millón de discos, el escritor del momento es el que vende dos millones de libros. Por eso el arte es dedicar tu energía y tu tiempo a hacer una obra única, cuya única garantía se posa en la firma del artista. El arte es hurgar en lo profundo de nuestro psiquismo. El día a día no tiene sentido sin el arte. Yo pinto con furia. También el arte es un merodeo. Dar vueltas sobre el cuadro, el gran cuadro, que quieres pintar y no pintarás nunca. El artista también es un furtivo.

Y el arte no deja de cambiar.

En este momento ya no hay escuelas, ni grupos. Ya no eres futurista, ni modernista. Ni vanguardista. En este nuevo siglo la vanguardia dura un ratito. Y no es homologable. Deberíamos volver a partir de la propia creación desde sus dos grandes áreas: la creación que obedece a un proyecto intelectual a lo que necesita explicación; y la y la creación que obedece a la emoción. Yo, naturalmente, estoy apuntado a la segunda escuela.

De todas las obras que has hecho, ¿de cuál te sientes más orgulloso?

Imposible. No puedo quedarme con una. Todas las obras se ven como un conjunto.

¿Te queda alguna por hacer?

¡Todas!

¿Qué es lo que te hace ver que esta es una gran obra de arte?

Dos cosas: dignidad y misterio. Que no sé explicarlo pero es eso. El misterio es elemento esencial y la dignidad es el compromiso con lo que estás haciendo. Son las claves de la creación.

Me vi obligado a despojarme de cosas tan fetiches como son los libros. Y eso también me ha llevado a trasladar el despojo a mis sentidos, a ver lo esencial"

Estrenas exposición dentro de poco.

Sí. Y es interesante porque el punto de partida es el despojamiento. La capacidad de quedarnos con lo esencial. Yo lo hice este año. Y me vi obligado a despojarme de cosas tan fetiches como son los libros. Y eso también me ha llevado a trasladar el despojo a mis sentidos, a ver lo esencial. Por eso todo se articula en torno a tres colores.

¿Qué es lo que ofreces con esta nueva muestra?

En el sentido cromático he partido de la gama de colores básica que hemos utilizado desde que somos sapiens. Todas las pinturas prehistóricas incluyen los colores rojo, negro y blanco. El negro representa el color de la hoquera, el rojo es la sangre de la caza y el blanco es la ceniza de la hoguera. También el constructivismo utiliza esa paleta. Por eso me pareció interesante tomar esos colores como punto de partida. Y a partir de ahí continué avanzando como un furtivo hacia más colores. Mi mujer me decía: "¡Pintas con furia!". Y tenía razón. Por eso los cuadros no permiten planificación. Su recurso esencial siempre es la memoria del que pinta.

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Alberto Corazón EFE

¿Fue difícil hacer arte en los setenta?

Hubo que romper moldes. De mi trabajo hay una percepción extraña porque no se corresponde con nadie. Yo empecé en el año 1965. Dictadura, franquismo, un Madrid triste, miserable, gris...Me lancé a hacer grabados en torno a la imagen y la imagen fotográfica. Aquellos trabajos entraban en la denominación global de conceptual. Por aquel entonces la imagen mediática irrumpía en lo cotidiano. Y eso me encantó. Entonces hice una serie de trabajos que tenían la imagen como denominador común. En aquellos años también me puse al tanto de una serie de disciplinas que iban surgiendo como la lingüística estructural o la semiología. Todo lo que tenía que ver con la comprensión de los signos me parecía parte esencial de la cultura.

Todas las mañanas compraba los periódicos del día y recortaba imágenes de mujeres, por ejemplo. Y obtenía un friso en el cual ver a una mujer trabajando o en ambiente profesional, era difícil. La inmensa mayoría de las imágenes mostraban a mujeres del mundo del espectáculo. Mostraba cuál era el rol impuesto a la mujer. Ese periodo de trabajo duró 10. Fue imposible exponerlo aquí, así que lo llevé a Italia, Alemana, la Bienal de París. En Europa entendían bien mi trabajo. Años después, en los ochenta y con el dictador ya muerto, teníamos una perspectiva de cambio, de sociedad libre y abierta, pero surgió un 'boom': La Movida. Pero mi obra y yo tampoco encajábamos ahí. Yo no quería ser moderno. Fueron uno años de confusión, de no querer participar. Y replegué durante cinco años. Después volví al lienzo, a la pintura, a la obra única. Ahora me encanta exponer pero no quiero participar en el entramado comercial que suponen las exposiciones.

¿El mercado afecta al arte?

No es un aspecto comercial. Mi diagnóstico ahí es radical y tajante. Lo que mata al arte es la invasión de la mediocridad, que nunca ha tenido tanto éxito como ahora. Reclamar excelencia es casi cursi. A eso se suma la codicia. Un cóctel explosivo para el arte.

El compromiso es conmigo y con la pintura. Es un proceso de creación basado en una cuestión neuronal"

¿No hay filtros?

Ninguno. Hay un sentimiento de barra libre enorme. Todo vale. Todo es susceptible de ser obra de arte. Ante eso, algunos nos refugiamos en los cuarteles de invierno. Además tampoco existe un mercado que clarifique. El mercado se desvirtúa y además va unido a una crisis económica. Es ponerse a los pies de los vándalos del arte.

¿Pintas por necesidad o por compromiso?

Siempre es una necesidad. El compromiso es conmigo y con la pintura. Es un proceso de creación basado en una cuestión neuronal. Lo que para unos es el alma, para mi son las neuronas. Todo es una tormenta de neuronas. De memoria. Por ese motivo cada vez me interesa menos la crítica de arte y más los escritores que hablan sobre los artistas.

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Alberto Corazón

¿Qué problemas culturales tiene España?

Por un lado la mediocridad. Y la confusión. Por ejemplo, un teatro como es el Real, que está desarrollando numerosos fastos por su aniversario, alberga por igual a David Bisbal a un tenor o un soprano. Y nadie dice nada. Las instituciones públicas tampoco ayudan nada. Los pequeños teatros que surgen evidencian la necesidad que tenemos de crear y hacer arte con lo que podamos. Lo mismo pasa en la música y en el cine. Tal vez exista un renacer de la cultura en España, pero nos manejamos como nómadas en un territorio que no nos quiere.

¿Qué nos hace falta para mejorar?

Lo fundamental es tener un sentimiento de pertenencia. Eso es lo básico para la especie. Una unión. Por ejemplo, un equipo de fútbol. Ahí la pertenencia siempre prevalece. Si yo soy del Atlético de Madrid y tú también, desaparecen otras cuestiones como la ideológica.


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