Al dente

Se vende barato kilo de concejal y de diputado autonómico

Tenía que suceder. Tanto insulto en la red, tanto cuestionamiento en la calle, tanto tertuliano proclamando la inutilidad de la clase política tenía que desembocar en un acto de autoinmolación a la que cuesta mucho resistirse. Y no es porque yo no crea que hay que meter la tijera en el número de nuestros altos cargos, concejales, diputados, asesores, asistentes, asesores de los asistentes y asistentes de los asesores... no, pero me inquieta que al final se tire contra todos de cualquier manera, sin distingos y dejemos víctimas inocentes colaterales. Cuando arremetemos contra nuestra clase política olvidamos que éstos no han venido de marte, aunque a veces, he de admitirlo, lo parezca. Cabe preguntarnos si el ínfimo nivel que atribuimos a nuestros políticos no responde, aunque sea duro decirlo, al ínfimo nivel de nuestra sociedad, es decir, de nostros mismos, en donde no nos libramos nadie, incluidos los periodistas.

Muchos ciudadanos acogen con alborozo el anunciado tijeretazo del 30 por ciento en el número de concejales y el que viene de diputados autonómicos, pero si atendemos a muchas de las sugerencias que éstos hacen en las redes sociales tenemos que sumar al "plan de recortes" al Senado, al Congreso, a las Comunidades Autonómas, a las diputaciones provinciales y hasta a la presidencia del Gobierno. En definitiva, una enmienda a la totalidad del sistema que se entiende desde el cabreo generalizado pero no desde un cierto análisis riguroso. Sí señores, si queremos gobernarnos necesitamos instituciones y representantes políticos, y necesitamos pagar para sostener a unos y a otros. A partir de ahí, el nivel de exigencia debe ser máximo, y el que suspenda ese examen que se vaya a su casa o a la cárcel, si se trata de un corrupto.

Si lo de ser político es el mayor de los chollos ¿por qué no estamos todos llamando a las puertas de las sedes para hacer carrera? Llevo muchos años haciendo información política y he visto de todo: indeseables, arribistas, trepas, inútiles, tontos, pero también gente que se cree ésto y le dedica muchas horas, muchas más de las que yo estaría dispuesta a dedicar a una causa o a una ideología. Los primeros sobran, de los segundos dejemos unos poquitos, apenas un puñado, unos cuantos a los que los ciudadanos puedan votar en confianza. Lo sé, no he escogido un buen momento para reivindicar a la clase política y más cuando algunos responden por twitter con un "TPM" cuando les insultan.

Y es que debo andar últimamente algo despistada.


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