Al dente

"¡Que paren el tren que me bajo!"

Nadie podía prever que la recta final del año que clausuramos mañana iba a ser informativamente tan movida. Entraba en las previsiones que la formación de Gobierno se produjera en estos momentos habida cuenta lo tardío del calendario electoral; entraba en las previsiones que hubiera baile de cargos, gente que entraba y que salía, movimiento en los partidos y, muy especialmente, en el PSOE, abierto en canal tras dos debacles consecutivas ante las urnas; entraba en las previsiones que, casi a punto de tomarnos las doce uvas, conociéramos las primeras medidas económicas del Ejecutivo presidido por Mariano Rajoy. Bien. Todo ello estaba en nuestras agendas de fin de año. Nos habíamos mentalizado para afrontar unos días complejos, pero el estallido final ha adoptado tintes casi de traca.

Porque lo que hace semanas no imaginábamos era que Don Juan Carlos y el Príncipe de Asturias decidieran apartar de la agenda pública de la Familia Real a Iñaki Urdangarín; que en su mensaje de Nochebuena el Rey dijera lo que dijo respecto a la igualdad ante la ley de todos los españoles a sabiendas de que los periodistas lo interpretaríamos como una directa alusión a su yerno --aunque luego se quejara sobre la manera de personalizar sus palabras—; que el Día de los Santos Inocentesconoceríamos las tripas del presupuesto que recibe la Casa del Rey,iniciativa inédita en más de treinta años de Democracia y que, tan sólo un día después, el juez Castro no dejara terminar el año sin la imputación del esposo de la Infanta Cristina.

No hay que ser especialmente mal pensados para intuir una especie de sincronización ante el inevitable procesamiento de la cabeza más visible del instituto Nóos, al que se le va a pedir en su declaración del día 6 de febrero que aclare el destino de las subvenciones públicas que recibió por un montante de más de cinco millones de euros y el tratamiento fiscal de las mismas.

Hemos llegado desfondados y sin aliento, tanto, que el cambio de alcalde en Madrid, con el desembarco de Ana Botella y la ruptura del tándem que formaban Alberto Ruiz-Gallardón y su “esclavo moral" , Manuel Cobo, se nos antojan casi fruslerías. De fondo, Alfredo Pérez Rubalcaba anuncia lo que todos sabíamos: que va a presentarse a líder del Partido Socialista, mientras, Carmen Chacón oculta también lo que todos sabemos, que quiere ser ella la próxima secretaria general del PSOE. El juicio al ex presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps, se va diluyendo conforme pasa el metraje de argumento berlanguiano, y sale a primer plano el incierto futuro judicial del todavía vicesecretario general del PSOE, José Blanco, cercado por las sospechas nacidas a la luz de una gasolinera (otra vez Berlanga).

En fin, que paren el tren que me bajo. Y es que así no hay quien llegue a las uvas.


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