Al dente

Rubalcaba calienta para otra liga: el liderazgo del PSOE

Después de ver el debate de ayer me asalta una duda existencial. ¿Quién lleva gobernando en España en los últimos ocho años? Porque resulta que el candidato socialista a la presidencia del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, atribuyó todos los males de este país al periodo comprendido entre 1996-2004: que si la burbuja inmobiliaria, que si ha habido una indeseable inyección de dinero público al sistema financiero, que si es insostenible esta política de recortes y ahorro.... Fue un salto en el tiempo.Rubalcaba pasó sin solución de continuidad de marzo 2004 al 7 de noviembre de 2011. En medio, un enorme vacío.

Se trató de una estrategia a la desesperada destinada a un público, el suyo, renuente, a ir a las urnas el 20-N, pero no por pereza, sino por desilusión, por sensación de estafa, de engaño, de deriva... Se equivoca el PSOE y su candidato si cree que la carga de la prueba, del delito, está en el lado de los populares.  Pero siempre queda la estrategia del miedo a la derecha, el PP que viene a quitar las prestaciones por desempleo, a atracar a los pensionistas y a robar el chupachups a los niños... ¿Reivindicó acaso algunas de las políticas económicas desarrolladas por el Gobierno del que él ha sido uno de sus puntales básicos? Ni una.

Lo más curioso es que interpeló una y otra vez a su adversario casi como si fuera un debate del Estado de la Nación en el que Rajoy ya estaba investido con la púrpura del poder y él no era más, ni nada menos, que el líder de la oposición. Desde la red se interpretó de otra manera: Rubalcaba se había convertido en una especie de entrevistador del presidente.

En el segundo bloque Rubalcaba se movió mejor, más cómodo, pero tampoco consiguió poner en un brete a Rajoy, a pesar de que dio sobradas muestras de conocerse el programa del PP y sus flancos débiles. Las generalizaciones de ese programa, que admiten en el PP, pudieron haberse convertido en trampas para el candidato popular, que tuvo que reiterar varias veces que mantendrá el poder adquisitivo de las pensiones para parar las andanadas de un candidato que juega a atemperar la debacle electoral que le auguran todas las encuestas.

 Sin embargo, empiezo a albergar otra certeza. El candidato socialista está jugando ya en otra liga: la de su propio partido. A partir del día 21 tendrá que competir, esta vez con los suyos, por el liderazgo del PSOE si sus compañeros de filas le dejan.

(Twitter: @delahozm)


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