Al dente

Rajoy como Abraham, dispuesto a la inmolación

"Lo que no hagamos en los próximos cuarenta días, lo que no hagamos en junio y julio, ya no lo podremos hacer", dice críptico un miembro del Ejecutivo de Mariano Rajoy. Y es más, admite que "no estamos obteniendo resultados por lo que no es fácil hacer un elogio del Gobierno". Para alguien que se sienta todos los viernes en la mesa del Consejo de Ministros estas palabras son una muestra descarnada del grado de desesperación al que están llegando. Quizá el más frio de todos sea el presidente, un hombre que ha sabido siempre mantenerse sereno en los momentos más críticos, aunque habrá que preguntarse si lo ha tenido peor que ahora en algún momento de su larga carrera política. 

Rajoy anunció ayer en el seno de la Asamblea de la CEOE que "estos son tiempos de grandes decisiones. Tendremos que tomar muchas en la próximas fechas" y ya, más envalentonado, casi casi al final de su intervención, se atrevió a poner nuevos adjetivos a esas decisiones al afirmar que "pronto, a lo largo de este año, habrá nuevas medidas económicas, que no tendrán más objeto, por difíciles que sean, que crecer y crear empleo". Pero no concretó. ¿Se trató más de un mensaje para el exterior que de consumo interno? ¿Ha tomado nota el Gobierno de las "sugerencias" respecto una inmediata subida del IVA, bajada del sueldo de los funcionarios y eliminación de la desgravación por compra de vivienda? Ayer ya conocimos que Hacienda estudia qué artículos puede sacar el tipo reducido del IVA. ¿También respecto a la subida de los impuestos medioambientales, gasolinas, tabaco, alcohol...? ¿o hablamos de prestaciones por desempleo? ¿Es lógico anunciar que habrá una nueva vuelta de tuerca sin precisar, al menos un poco, de por dónde puede ir ésta?

Tendrá que llegar el momento de concretarlo todo y hacerlo con rapidez. Se nos ha acabado el crédito, no el económico, sino el temporal. Si queremos que nos echen una mano, tenemos que transmitir la idea de que estamos dispuestos a autoinmolarnos, a encontrar el túmulo en el que Abraham quiso inmolar a su hijo Isaac y confiar en que aparezca un ángel (o "angela") que detenga la mano del patriarca.


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