Al dente

Bárcenas como Voldemort

¿Por qué les cuesta tanto a los dirigentes del PP citar el nombre de Luis Bárcenas? ¿Por qué se resisten a aludir directamente a su persona en mitad del lio de los papeles, apócrifos o no, que le atribuyen? El comité ejecutivo nacional de los populares del pasado sábado parecía el claustro de profesores de la escuela de magia de Hogwarts. "Aquel que no debe ser nombrado", como bien saben todos los lectores de las novelas de Harry Potter, es Voldermort, el origen de todos los males, la amenaza que se cierne sobre ellos y amenaza con desbaratar el mundo que han construido. Nadie se atreve a pronunciar su nombre, acaso porque así piensan que exorcizan el peligro, la bomba de relojería incontrolable en que se ha convertido el extesorero popular, seducido por el "lado oscuro" de una magia que le ha permitido acumular 22 millones de euros en una cuenta bancaria en Suiza y poner en jaque al partido en el Gobierno y al mismísimo jefe del Ejecutivo.

Y la cosa no mejora cuando preguntas a cualquiera de los dirigentes populares si esas anunciadas querellas incluirán al hombre de los dineros, al que han acusado de fabricar pruebas, de escribir "un relato de 20 años con la misma caligrafía y el mismo bolígrafo", según decía muy gráficamente a esta periodista un alto dirigente popular. Ya sabemos que la Fiscalía lo va a llamar a él, a Álvaro Lapuerta y Jorge Trías Sagnier para que certifiquen el origen y autenticidad de esas notas contables, que recogen supuestos y cuantiosos sobresueldos en dinero "b", y también que el PP ha decidido llevarle a los tribunales para que sea creíble su afirmación de que buena parte de lo que cuenta en los documentos publicados por El País, que no todo, es falso, pero siguen sin querer pronunciar su nombre.

Hay una especie de resistencia numantina de los políticos a emplear las palabras más directas para aludir a los problemas que les acucian. A José Luis Rodríguez Zapatero le reprochó el PP hasta la extenuación que no saliera de sus labios la palabra "crisis" mientras dejaba escapar un tiempo precioso para combatirla. Ahora son ellos, con Rajoy a la cabeza, los que no dicen "Bárcenas" mientras señalan al mensajero.


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