Sociedad

La supuesta hija ilegítima de don Juan Carlos, Ingrid Sartiau, confiesa que se operó para quitarse la "nariz de Borbón"

Ingrid Sartariau cuenta su "verdadera historia": siendo bebé estuvo escondida con una familia belga por temor a que los "asesinos de Franco" la "mataran" y asegura que su madre sigue enamorada del monarca.

Alberto Solá e Ingrid Sartiau, los dos supuestos hijos ilegítimos de don Juan Carlos
Alberto Solá e Ingrid Sartiau, los dos supuestos hijos ilegítimos de don Juan Carlos Agencias

Desde que hace unos días el Tribunal Supremo aceptara la demanda de paternidad de Ingrid Sartiau contra don Juan Carlos, la galerista belga ha decidido contar la historia de su vida. 

Una historia que tiene todos los ingredientes de un cuento de hadas moderno: un futuro rey de un país que pasa tres noches de pasión con una amante belga en un hotel de Marbella y ahora, 47 años después, la hija que nace fruto de esas supuestas relaciones reclama ser reconocida como hija de aquel heredero. La amante belga, Lilliane, “nunca” volvió a tener otro amor y “sigue enamorada de él”.

La historia de amor entre Lilliane y don Juan Carlos

Según relata la presunta hija ilegítima en el Daily Mail, sus “padres” se conocieron en 1956, cuando su madre fue contratada por la Casa Real belga como institutriz. Por aquel entonces, Juan Carlos I se “alojaba en el palacio” y Lilliane se “enamoró” de aquel joven príncipe de ojos azules. Pasaron diez años y la institutriz belga viajó en diciembre a la Costa del Sol con “la esperanza de encontrarlo de nuevo”. “Pasaron tres noches de pasión en un hotel de lujo en Marbella”, relata la hija de la institutriz quien añade que fruto de aquellos encuentros nació ella, quien hoy reclama ser reconocida por su presunto padre biológico.

Tras conocer que estaba embarazada, dos enfermeras belgas le aconsejaron “abortar” por las consecuencias que el embarazo podría tener para el régimen franquista, pero ella siguió adelante por el “hijo que esperaba era fruto del amor de su vida”. Y es que, según confiesa Ingrid, su madre siguie “enamorada” del rey saliente y “nunca volvió a tener relaciones con otro hombre”.

Una infancia escondida

Según explica Sartariau, afincada en Amberes, cuando nació, pasó más de un año escondida junto a una familia belga, debido a que su madre “tenía miedo a que los asesinos de Franco asesinaran al bebé” ya que su nacimiento podría suponer una “amenaza para el régimen”.  Lilliane “cortó la relación con su familia y encontró trabajo en una empresa textil” con el fin de poder sacar a su hija adelante.

Cuando pasado el tiempo, madre e hija se rencontraron y la niña fue creciendo, comenzaron las preguntas sobre su padre. Las respuestas que dio la madre, así como los profesores de la escuela en la que estudiaban, distaban bastante de la historia que ahora ella cuenta. “Me contaron que mi padre había muerto en un accidente aéreo”, relata la presunta hermanastra de Felipe VII.

Durante su infancia, practicó los deportes que más gustan a don Juan Carlos. De este modo, según cuenta la belga, su madre le mandaba a aprender “deportes reales”, es decir, clases de esquí e hípica. Además, discutía con su hija para que tuviera “buenos modales”. “Yo era un marimacho y no podía entenderlo”, indica.

La rinoplastia con 18 años

Con 18 años, según cuenta la presunta hija, se sometió a una rinoplastia para eliminar de su rostro este rasgo tan “típico Borbón”. Las fotos que acompañan el reportaje sobre la historia de Ingrid muestran que en la adolescencia tenía una nariz prominente, tan característico de la Casa Real española. “Junto con el hecho de que esta historia haya salido a la luz, que me operara la ‘nariz Borbón’ es lo que más ha dolido a mi madre”, asegura Ingrid, quien tiene una hija de 23 años y dice que se parece a “la infanta Cristina de joven”.

Botswana, el detonante

Ingrid creció creyendo la versión de que su padre había fallecido en el accidente aéreo y no fue hasta el incidente de Bostwana cuando su madre le confesó su “verdadera historia”. “Le mostré a mi madre enfadada que el rey de España había matado un elefante y ella me dijo que no podía creer siempre a la prensa porque sabía que él era un buen hombre”, explica. Entonces Lilliane, “rompió su silencio en medio de lágrimas y golpes” ya que no iba a permitir que su hija pensara que “tenía un mal padre”.

Fue entonces cuando decidió emprender la batalla legal contra su presunto padre. Madre e hija acudieron primero a un notario de Gante para contarle la historia, posteriormente, se trasladó a Cataluña para conocer a su “hermano”, Alberto Solá, con quien, según su versión, comparte “el mismo padre” ya tienen el “91% de posibilidades de haber compartido padre”, según las pruebas de ADN. Ahora, años después de comenzar esta lucha, el Tribunal Supremo ha admitido estudiar la demanda de paternidad. 


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