Sociedad

Del plantón de Anguita, la anaconda en 'Hable con ellas' y la escalada de Pedro Sánchez

Los políticos necesitan tanto la televisión que hasta esperan para solo decir adiós. El concursante nudista mejor dotado embelesa a las presentadoras. El líder del PSOE ya no sabe qué hacer para salir en pantalla… 

Pedro Sánchez se atreve a escalar en el programa de Cuatro.
Pedro Sánchez se atreve a escalar en el programa de Cuatro. MEDIASET

Es difícil saber qué es más pornográfico en España: la política o la televisión. Cada uno tendrá su opinión sobre el particular, pero lo innegable es que ambas, la una por la influencia de la otra, y viceversa, se acercan, se parecen y hasta se mimetizan peligrosamente, corrompidas ambas, cada una a su manera, según pasan los días. Ahí tienen, por ejemplo, el caso del pequeño Nicolás, personaje medio televisivo y medio político que cuando pisa un plató logra que el programa en cuestión arrase en audiencia.

Día tras día asistimos a la progresiva mediatización de la política y a la creciente politización de los medios. Tenemos a líderes políticos, a variopintos prohombres de la patria y a tertulianos de partido -así nació la prensa, de partido, no se olvide- poblando todos los programas que existen. La única línea roja que todavía no se ha cruzado, que yo sepa, es la asistencia de alguno de estos seres politizados a algún reality. Pero tiempo al tiempo. Ocurre, sin embargo, que los políticos que ansían su minuto de gloria son tantos y tan eminentes que hay ocasiones en que se quedan sin espacio.

No hace falta ser un lince para reparar en que si el bueno de Anguita necesitaba marcharse, podría haberlo comentado antes al equipo de producción y haber acordado su marcha fuera de cámara. La conexión no hubiera llegado a producirse. Y todos tan contentos

Esto es, más o menos, lo que le sucedió esta semana a Julio Anguita en Las mañanas de Cuatro. Aunque se estaba quedando sin tiempo para hablar porque tenía prisa, el antiguo líder de IU esperó pacientemente a la conexión en directo para dar un plantón en toda regla a Jesús Cintora, presentador del espacio. El rostro del periodista empalideció al ver que Anguita le decía que ya no iba a responder a las preguntas. No hace falta ser un lince para reparar en que si el bueno de Anguita necesitaba marcharse, podría haberlo comentado antes al equipo de producción y haber acordado su marcha fuera de cámara. La conexión no hubiera llegado a producirse. Y todos tan contentos. Pero no fue así. El político, tan enfadado como estaba, quiso mostrar delante de toda la audiencia su malestar, quiso darle un escarmiento público al programa y quiso dejar claro que podrían hablar “otro día”. O sea, quiso aparecer en pantalla, aunque fuera solo unos segundos, para lanzar su mensaje. Es decir, necesitó a la tele aunque fuera para criticarla.

En todo caso, los políticos, por mucho que deseen aprovecharse de la caja tonta, aún no han llegado, justo es decirlo, a los niveles de depravación, absurdez o surrealismo, elijan el término que les plazca, que ya hace tiempo traspasaron algunos realitys y sus programas de apoyo, que hacen las veces de colaboradores necesarios. Esta semana ha regresado a Telecinco ese programa fallido y absurdo que se llama Hable con ellas. Creíamos, ingenuos, que había sido finiquitado para siempre. Pero no. El caso es que el regreso tenía que ser triunfal. Y a los hacedores del espacio se les ocurrió que lo mejor era que Coman, el concursante de Adán y Eva tan bien dotado, apareciera en pelota picado para ser entrevistado. Extraordinario. Inigualable. Orgásmico.

Al observar el pene del tal Coman Rociito le daba un tremendo ataque de risa que aderezaba con unos sonidos que, se lo juro, no eran de este mundo

Las presentadoras, embelesadas en buena lógica, no podían dejar de mirar hacia el pene. A Rociito le daba un tremendo ataque de risa que aderezaba con unos sonidos que, se lo juro, no eran de este mundo. Y un par de las que había por allí hacían comentarios como estos: “No la tapes, que baja la audiencia”; “España es diferente”; “A ver, la anaconda, por favor”; “Yo no entiendo por qué la anaconda tiene que estar a mi lado”; “No te va a picar, tranquila”; “¿Para qué hemos venido aquí? ¿Para hablar de Kierkegaard?”. Pues eso. El espanto y el vómito.

Y, para acabar esta semana, vamos con el omnipresente Pedro Sánchez. El líder del PSOE está tan empeñado en aparecer en televisión, tan decidido a humanizarse ante los ciudadanos, tan preocupado por el frente mediático, que hasta ahora nos va a mostrar sus dotes como escalador. Sí, como lo leen. Resulta que el secretario general de los socialistas acude a Planeta Calleja, el programa de Cuatro que conduce Jesús Calleja. La pregunta que uno se hace al enterarse es la más simple. ¿Le interesa a algún ser humano ver cómo Pedro el guapo escala, hace rápel o baila la conga en la boda de alguna prima lejana? ¿Resulta importante, relevante, decisiva para nuestro futuro la imagen de Sánchez en chándal?

En definitiva, el secretario general del PSOE va a aparecer en televisión por un motivo tan avieso como camelar al personal para lograr su empatía ahora y, por ende, conseguir su voto en unos meses. O sea, tan indigno, tan absurdo, tan perverso como cualquier concursante de Gran Hermano, Adán y Eva o Mujeres y hombres y viceversa, ¿no creen? 


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