Sociedad

La marcha atea, vetada un año más: “Queremos demostrar que no hay un Estado aconfesional”

La Delegación del Gobierno de Madrid desautorizó la 'procesión' que varias asociaciones contrarias a los privilegios de la Iglesia llevan tres años intentando hacer coincidir con el Jueves Santo. Pese a mantener la convocatoria sin permiso, finalmente no trasladarán su protesta a la calle "para no ser criminalizados". El debate ha vuelto a dejar al aire la lucha entre los derechos de unos y otros.

La marcha atea, vetada un año más: “Queremos demostrar que no hay un Estado aconfesional”
La marcha atea, vetada un año más: “Queremos demostrar que no hay un Estado aconfesional”

Ataque a la libertad religiosa, vulneración del principio de igualdad, derecho de manifestación, deseos de provocación... Son los puntos del debate que se desprende del pulso que por tercer año consecvutivo han mantenido las asociaciones laicas y colectivos ateos, que exigen su derecho a expresar sus reivindicaciones, y Cristina Cifuentes, preocupada por el orden público. En el tercer intento, Madrid volvió a vetar una ‘procesión’ de la que la titular de la Delegación del Gobierno no quiere oír hablar el Jueves Santo ni, a ser posible, ningún otro día. Finalmente no trasladarán su protesta a la calle coincidiendo con la festividad religiosa para "no caer en las provocaciones de Cifuentes y ser criminalizados", pero no desisten en su empeño: “demostrar que no hay un Estado aconfesional”. Los organizadores confirmaron tras la asamblea celebrada ayer que podrían posponer su marcha unas semanas.

La decisión de no autorizar la conocida como marcha atea fue recurrida, pero la Delegación se reafirmó en su idea este martes. Sin embargo, los colectivos liderados por la Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores (AMAL), no solo mantuvieron la convocatoria hasta última hora de ayer, sino que descartan recurrir de nuevo al Tribunal Superior de Justicia y estudian acudir al Constitucional. La delegada del Gobierno, en un arrebato de autoridad, aseguró que, aunque la petición no hubiera estado fuera de plazo –argumento utilizado para denegar el permiso y rebatido por los convocantes-, no la hubiera autorizado por considerar que ésta podría suponer una grave alteración del orden público. En el otro lado, el presidente de AMAL, Luis Vega, aseguró a Vozpópuli que esta negativa no solo supone que por tercer año consecutivo se prohíba la marcha, sino que además se produce un salto cualitativo y acusa a Cifuentes de estar cometiendo, posiblemente, un acto de prevaricación. “Ella ya tenía la intención de prohibirlo y eso en política se llama prevaricar”, afirma.

El colectivo AMAL asegura que no tienen nada en contra de las procesiones y que si eligen el Jueves Santo para su marcha es para reclamar su derecho a hacerlo

El pasado año, el TSJM inadmitió el recurso presentado por La Asociación de Vecinos de la Playa de Lavapiés y desestimó la de AMAL, dando la razón por segundo año consecutivo a la Delegación del Gobierno, que veía en la marcha una clara “voluntad de provocación”. Según Vega, Cifuentes se apoya en el TSJM y eso –sostiene- significa que cree que los ateos no se pueden manifestar, como si hubiera una ley por encima de la Constitución que lo impidiera. La realidad es que tanto ella como el tribunal van por libre”. Además, critica que España no se desligue de la Iglesia: “No hay un Estado aconfesional y tampoco hay independencia entre el poder político y el judicial”. En este sentido, la asociación Europa Laica, a través de un comunicado, denuncia la existencia de "una doble vara de medir que atenta contra el principio de igualdad" que defiende la Constitución.

La Semana Santa es un periodo litúrgico que se celebra con gran emoción a lo largo y ancho de toda la geografía española. De gran significado para las distintas confesiones cristianas, es quizá la tradición de mayor calado de la religiosidad popular. Por tanto, ¿por qué elige la marcha atea el Jueves Santo como día para manifestarse? Lo que para un gran porcentaje del sector católico puede ser considerado como un ataque a los creyentes, para la AMAL es una manera de denunciar que “nadie en este país se puede manifestar en Semana Santa porque entra en conflicto con la Iglesia” y que ellos también tienen ese derecho. El objeto de salir en plena Semana Santa es precisamente “demostrar que no nos dejan hacerlo”. En 2011, la ‘procesión’ se transformó en una marcha que reclamó en mayo la libertad de manifestación.

Mientras es considerada como un ataque a la libertad religiosa, la marcha no se considera una procesión atea, sino una protesta contra los privilegios económicos de la Iglesia

Estos colectivos insisten en la idea de que el respeto a las creencias religiosas está fuera de duda, lo que no comparten, aseguran, son los privilegios de la Iglesia que, sin haber sufrido ningún tipo de recorte respecto a 2012, un año más recibirá a cuenta 13.266.216,12 euros mensuales del Estado según los presupuestos de 2013, las cuentas más austeras de la democracia. “Aceptamos las creencias, siempre que no nos cueste dinero. No estamos quitando nada, simplemente reclamamos que cada uno se pague lo suyo”, recalca Vega. La marcha, alentada por cerca de 1000 personas, no se considera una procesión atea, sino una protesta contra los privilegios económicos de la Iglesia.

Ataque a la libertad religiosa frente a derechos vulnerados

El conflicto radica en que ambas partes ven vulnerados sus derechos. Mientras representantes públicos como el portavoz de la Asamblea de Madrid, Íñigo Henríquez de Luna, considera la marcha “un atentado contra la libertad religiosa” -como ya declaró el año pasado-, las asociaciones laicas también se sienten perjudicadas porque entienden que “el derecho a la libertad religiosa debe ser para las dos partes”. ¿Por qué siempre que se habla de denuncia de privilegios se dice que no se respeta?, se pregunta el presidente de AMAL, que insiste en que el objetivo que persigue la marcha no es el enfrentamiento, ni mucho menos reventar las procesiones, a las que ni siquiera se acercan y contra las que asegura no tener nada.

Una de las acusaciones vertidas desde el gobierno regional es que la marcha atea -con la intención de provocar, se entiende- pretende pasar por calles con nombres de santos. Con el propósito de evitar malentendidos, Vega explica que los tres recorridos, entre Tirso de Molina y la Plaza de Lavapiés, se han diseñado sorteando dichas calles -salvo la calle de la Magdalena- algo complejo en el barrio madrileño.

Pero lo cierto es que de lo que están pendientes los fieles es del cielo. Lo único que puede alterar la Semana Santa es la lluvia, tan tradicional como la propia fiesta religiosa. Si la climatología no lo impide, la procesión de Jesús el Pobre del Jueves Santo;  las de Jesús de Medinaceli -la más multitudinaria-, la del Santísimo Cristo de los Alabarderos -en la que participa la guardia del Palacio Real-, la de Jesús del Gran Poder y la Macarena del viernes; además de la procesión del Silencio el Domingo de Resurrección; serán las protagonistas de lo que queda de semana en la capital. Y es que, como apuntan desde la Asociación para el Diálogo Interreligioso de Madrid (ADIM), integrada por entre 15 y 20 confesiones diferentes, la sensación en la calle es que existe una convivencia entre las diferentes creencias religiosas, que ya no son tan desconocidas. A nivel teórico ya es más difícil. 


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