Sociedad

El último homenaje a Sara Montiel congrega a cientos de personas en Madrid

Tras la celebración de una misa privada a las 10.00 horas en el Tanatorio de San Isidro, el coche fúnebre con los restos mortales de la actriz se dirigió hacia la madrileña plaza de Callao, donde permaneció unos 15 minutos para que sus seguidores pudieran despedirse. 

El último homenaje a Sara Montiel congrega a cientos de personas en Madrid
El último homenaje a Sara Montiel congrega a cientos de personas en Madrid

Tal y como adelantó la alcaldesa, Ana Botella, Madrid ha rendido un homenaje a Sara Montiel, manchega de nacimiento pero madrileña de adopción. Tras la celebración de una misa privada a las 10.00 horas en el Tanatorio de San Isidro, el coche fúnebre con los restos mortales de la actriz se dirigió hacia la madrileña plaza de Callao, donde permaneció unos 15 minutos para que sus seguidores pudieran despedirse. Cientos de personas se fueron haciendo un hueco, desde las 11 de la mañana, en los aledaños Callao y la Gran Vía. Había admiradores de todas las edades, que vieron llegar y despedirse a una comitiva de once coches, en uno de los cuales viajaban sus hijos, Thais y Zeus.

Al grito de "¡Viva Sara!", "¡Ole Sara!" y "¡Guapa!" recibieron algunos de los congregados a la primera actriz que rompió las barreras nacionales para adentrarse en el anhelado Hollywood. La casualidad quiso que una alfombra roja decorara la escalera de acceso al cine Callao, digna del mejor estreno de la temporada por la que han desfilado sus restos.

Una fotografía de una bellísima Sara Montiel aparecía tras los cristales del coche que la trasladaba. Una instantánea perteneciente a uno de sus discos, elegida por su hija Thais, y sobre la que iban cayendo algunos claveles rojos mientras un grupo de señoras se arrancaba a cantar: "cómpreme usted este ramito, pa' lucirlo en el ojal".

Sara Montiel, la estrella española que conquistó a Hollywood, falleció este lunes. Figura indiscutible en el cine de las décadas de 1950 y 1960, triunfó en la gran pantalla con El último cuplé (1957), película que se perpetuó durante meses en la cartelera y batió récords en taquilla al recaudar 50 millones de pesetas, cifra nunca vista hasta ese momento. A partir de ahí, la carrera de Antonia, como la llamaban en su casa, estuvo llena de éxitos.

Con una personalidad atrevida, María Antonia Abad, nacida en el municipio manchego de Campo de Criptana, destacó en una España gris al ser la primera en compartir pantalla con grandes estrellas de la época como Gary Cooper, Burt Lancaster, Joan Fontaine, Mario Lanza, Vincent Erice y Charles Bronson. Una pionera que abrió paso a todos los actores y actrices que han seguido sus pasos en dirección a Hollywood.

Entre sus dotes artísticas no se puede olvidar esa voz tan particular con la que supo dotar de estilo propio a canciones como Contigo aprendí o Bésame mucho, sin olvidar el título que más se asocia a esta voz que ha cautivado durante décadas: Fumando espero. La combinación de su faceta de cantante y su indiscutible belleza hicieron que el productor y agente de publicidad Vicente Casanova se fijara en ella cuando la vio cantar una saeta en una procesión de Semana Santa en Orihuela.

Debutó en 1944, con tan sólo 16 años, con la película Te quiero para mí. Siete años después, en 1951, Sara ya estaba en Hollywood, rodando el western Veracruz, con Gary Cooper y Burt Lancaster. Pero antes de llegar a la Meca del Cine, pasó por México, donde pronto se ganó el cariño y la admiración del gran público.

En Los Ángeles triunfó en el cine y en el amor. En el rodaje de Dos pasiones y un amor, conoció a su primer marido, el director de cine estadounidense Anthony Mann, con quien contrajo matrimonio en Los Ángeles en 1957. Mann fue uno de los hombres ilustres que formaron parte de la vida de la artista. Entre sus amantes, destacan nombres como Ernest Hemingway o el Nobel de Medicina Severo Ochoa. Se casó en otras tres ocasiones: con el industrial bilbaíno José Ramírez Olaya en 1964, con el periodista y empresario mallorquín Pepe Tous en 1979, y por último, en 1993, con el cubano Toni Hernández.

Sara nunca ocultó sus opiniones políticas y sociales. Así, llegó a convertirse en un auténtico símbolo de la comunidad homosexual, algo de lo que siempre se mostró orgullosa. "Cuando voy a actuar a alguna ciudad de Estados Unidos, allí están todos los gays de la ciudad", recordaba. También fue recibida con vítores en Cuba cuando viajó a la isla a conocer a la familia del que fuera su último marido, Toni Hernández, matrimonio que recibió el rechazo de sus hijos Zeus y Thais.

Su espontaneidad y su sinceridad se ganaron también fuera de la pantalla al público, que este lunes ha lamentado su muerte en las redes sociales. A las condolencias se han unido personalidades de la cultura como Raphael, Santiago Segura o Juan Echanove han lamentado su desaparición, así como la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, o el secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba.


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