Sociedad

Pueblo Inglés: empresas 'top' españolas mandan a sus empleados a aprender entre montañas

Hombres y mujeres de negocios, funcionarios y profesionales realizan una inmersión total durante más de una semana con un único objetivo: mejorar su dominio del idioma ante una vida profesional que les exige un control mayor de las situaciones en inglés.

Plaza de La Alberca, municipio salmantino donde se celebra alguno de los cursos de Pueblo Inglés
Plaza de La Alberca, municipio salmantino donde se celebra alguno de los cursos de Pueblo Inglés FLICKR / Rufino Lasaosa

Inditex, Talgo, Cepsa, Volkswagen, BP… un primer vistazo a las empresas representadas en este grupo arroja la primera conclusión. Aquí hay mucho profesional de nivel: ingenieros de infraestructuras, de informática, juristas, expertos en recursos humanos, profesores universitarios, médicos… incluso una alta funcionaria del Ministerio de Sanidad : todos han acudido al pueblo salmantino de La Alberca para realizar una inmersión total en inglés que suponga un impulso a su control del idioma.

Se trata de Pueblo Inglés, una especie de 'Gran Hermano' extraño, intenso y emotivo que este periodista ha tenido la suerte de poder vivir. Durante 8 días, 18 profesionales (11 hombres y 7 mujeres) se encierran en un hotel rural para comer, beber, reír, jugar y relacionarse con completos desconocidos tan sólo en la lengua más importante del mundo. En ocasiones olvidarán que saben hablar español, porque esta lengua está totalmente prohibida. En el otro lado del ring, 20 anglosajones: voluntarios venidos de las cuatro esquinas de la Commonwealth cuyo objetivo es pasar un buen rato y echar un cable a los esforzados españoles. Todos estos ‘guiris’ se toman la experiencia como unas vacaciones, la posibilidad de conocer más sobre una cultura española que admiran, les fascina o resulta curiosa.

Los 'guiris' que acuden a la experiencia se la toman como vacaciones, y muchos tienen gran admiración por la cultura española

De todos los alumnos, los empleados del sector de infraestructuras e inmobiliario son los más numerosos. El leñazo del ladrillo en el último lustro ha sido antológico, y por eso sus empresas han optado por irse fuera como única opción para seguir con su actividad. También abundan los trabajadores de empresas de consultoras e informática, muchas de ellas dependientes de grandes multinacionales norteamericanas. Compañías donde el inglés es la lengua koiné, y que han sufragado en su mayoría la formación de sus empleados. También hay muchos alumnos (tanto de empresas como funcionarios) que se han costeado todo el curso o parte del mismo.

“Lo uso todos los días y quiero mejorar”

David viene de Barcelona y es un autónomo  dueño de su propia empresa del sector de la consultoría informática. Asegura que “de un tiempo esta parte trabajo en su mayoría con extranjeros. Compañías de Holanda o de Alemania, pero también americanas. Hasta ahora cuando teníamos una ‘conference call’ conjunta a veces no me enteraba bien de lo que decían, pero después de esta experiencia tengo más confianza”. En similares términos se expresa Raúl, empleado de la americana Verizon: “Todos los días tengo que responder emails en inglés y también hablar por teléfono. Este ejercicio intensivo me va a venir muy bien”.

El intercambio lingüístico, cultural y emocional es tan intenso, que en 8 días se aprende tanto como en 8 meses de vida relajada

De igual modo opina José María, ingeniero de Talgo que de un tiempo a esta parte ha visto como el inglés entraba en su vida profesional a cuenta, entre otras cosas, de megaproyectos como la alta velocidad Medina-La Meca que ha conseguido el consorcio español entre el que se encuentra su empresa. La colaboración con ingenieros de Arabia Saudí es creciente (algunos de ellos incluso han venido a vivir a Madrid para aprender los secretos del mantenimiento de los trenes) y siempre es en inglés. Incluso en el futuro podría tener que marcharse temporalmente al país árabe para supervisar partes del proyecto, algo para lo que se prepara concienzudamente.

En ocasiones, estos profesionales de alto rango tienen un reto importante poco después de acabar Pueblo Inglés. Es el caso de Alfonso, máximo directivo de una importante constructora con sede en Madrid: “Este domingo viajo a Nueva York donde me esperan varios días de reuniones en inglés. Por supuesto que una experiencia como esta me va a servir de mucha ayuda. Tengo confianza porque el nivel de las empresas de infraestructuras españolas es alto". Pero el inglés es un punto débil -tras una experiencia como esta, menos- porque no se enseña correctamente en las escuelas.

Cuando los 8 días llegan a su fin, los alumnos vuelven a casa con una mochila de sentimientos y sensaciones suficiente para pasar el invierno

Y de esta carencia del sistema educativo español se benefician empresas como Diverbo, que ha superado los 800 programas de Pueblo Inglés ayudando a mejorar el dominio del idioma a varios miles de personas. El programa garantiza 100 horas de conversación en inglés pero estas se rebasan bastante antes de llegar al final. La intención es que haya un equilibrio adecuado entre esfuerzo (el que sus organizadores exigen con severidad a los asistentes al curso) y entretenimiento, que debe estar presente para que los alumnos no tengan la tentación de desistir. 

Cuando los 8 días en el hotel rural llegan a su fin y los alumnos emprenden el camino a casa, todos vuelven con una mochila de sentimientos y sensaciones suficiente para pasar el invierno. Porque aquí no sólo se mejora el idioma: también se confraterniza con culturas de países como USA, UK, Irlanda, Canadá o Australia. Gente con preocupaciones muy similares a las que hay en España. Los norteamericanos lamentan que sus partidos no quieran colaborar y el abismo fiscal amenace a su país. Los canadienses cuentan cómo han tenido que lidiar con empresas corruptas que abusan de su relación con los políticos. Y una escocesa se muestra preocupada por el futuro de su país si sale de Reino Unido en 2014: "No podemos mantenernos por nosotros solos". Como vemos, miedos y problemas universales, que no sólo padecemos los súbditos españoles como a veces creemos.


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