Sociedad

Los ancianos homosexuales de Madrid ya tienen una residencia para mayores

No es la primera ciudad en albergar una instalación de estas características. Ni siquiera el primer país. Ancianos homosexuales reclaman un sitio donde poder descansar porque la sociedad les tiene excluidos y no quieren volver a meterse en el armario.

Pese a la lucha de este colectivo para evitar la segregación y tras años de espera para que el Estado recogiera sus peticiones, lo cierto es que países como Francia, Suecia o Estados Unidos ya han llevado a cabo iniciativas como estas. Además, en nuestro país, Málaga se erigió hace unos años como la "capital gay de la tercera edad" con multitud de proyectos en la Costa del Sol que hicieron poner el grito en el cielo de la Fundación Colegas de Andalucía porque consideraban que era reducirlos a un "guetto". Dentro de unos meses, en Madrid, ese "guetto" homosexual será una realidad.

De la mano de la Fundación 26 de diciembre, Madrid contará con una residencia para la tercera edad en la que residirán ancianos homosexuales, bisexuales o transexuales, pero donde serán bienvenidas todas las personas “tengan la sexualidad que tengan”. Así lo confirma a Vozpópuli su presidente, Federico Armenteros, que reconoce la necesidad de crear esta residencia porque “no hay ningún lugar que acoja a ancianos LGTB y porque la sociedad nos obliga a excluirnos. El resto de residencias creen que la heteronormatividad es la que tiene que imperar y no queremos volver a meternos en el armario”.

No es una iniciativa que surja de la nada. El proyecto comenzó hace unos cuatro años cuando, Armenteros y varios amigos, decidieron que había llegado el momento de hacer germinar una semilla que se plantó hace diez años cuando vieron que “las personas mayores LGTB estaban repudiadas. Con esto nos vamos a echar una mano mientras podamos todos".

Sin subvenciones del Estado

Su visión para cambiar este precedente no se hace de la noche a la mañana. Tal y como explica el presidente de la Fundación 26 de diciembre a Vozpópuli, la residencia y el centro socioeducativo donde los mayores tendrán su sitio “se está haciendo sin dinero. Nuestra idea es ir poco a poco haciéndonos fuertes, resistir sin las subvenciones del Estado que, de momento, no llegan. Sólo nos hemos abierto a los socios y a las socias para que se impliquen en las obras y, como contrapunto, se beneficien de las ventajas fiscales que tiene ser una fundación”. 

Pese a contar ya con una pequeña inversión financiera, la historia de esta residencia viene de atrás. Cuando ya contaban con los terrenos en el municipio madrileño de Rivas Vaciamadrid, tuvieron que devolverlos al Ayuntamiento por no contar con el aporte económico que sufragara estos gastos.

"Aquí se pagarán 700 u 800 euros; el precio medio en una residencia de Madrid ronda los 2.000 euros"

Con las ideas claras y el dinero llegando poco a poco, esperan abrir las puertas de su residencia dentro de unos meses, cuando las obras de remodelación del hotel donde se van a ubicar los apartamentos estén finalizadas. “Sin ninguna duda los residentes tendrán que pagar pero no lo que se paga en residencias normales en Madrid. Aquí se pagarán unos 700 u 800 euros; la media en la capital son unos 2.000 euros”, dice Armenteros sobre las cuotas que deberán abonarse para sufragar los gastos.

Unas cuotas que servirán, ademas, para pagar a los 40 o 45 empleados que estiman tendrán entre la ayuda a domicilio, la residencia y el centro socioeducativo que acogerá también a las personas que no dispongan de recursos económicos con los que hacer frente a los pagos, “para que puedan vivir a gusto y no tengan que estar en residencias o albergues en los que les maltratan”.


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